Una pareja que reparte sus días entre Mar del Plata y Núñez nos abre las puertas de su departamento siempre verde.
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Daniela Álvarez es licenciada en Administración de Empresas y lleva las cuentas de Malva Arquitectura, el estudio de arquitectura de su hermano Maximiliano, que construyó el edificio de Núñez donde vive con su marido, Francisco Espinosa. Él es licenciado en publicidad y tiene una agencia de marketing digital llamada Trópico que, entre otras cosas, se ocupa de la imagen de Malva.

Los dos estuvieron involucrados en el proyecto de este edificio del cual además participaron como inversores, una decisión que los enorgullece.

“Vivimos entre Buenos Aires y Mar del Plata, que es mucho más tranquila y menos calurosa que la Capital. Por eso acá queríamos un departamento lo más parecido a una casa: con parrilla, jardín y pileta, fresca y silenciosa”, comparten. “El edificio fue evolucionando y ahora está en su mejor momento. Además de que cada uno hizo alguna pequeña obra para adaptar su departamento a piacere, también intervinimos los espacios comunes".

La pareja eligió el primer piso, próximo a la cota cero, para sentirse más cerca de una casa que de un departamento. Acertaron, porque ahora disfrutan de dos jardines que se armaron sobre las losas del estacionamiento y del área de servicio de la planta baja. Uno, con pileta; el otro, con parrilla.

Los pulmones verdes están alineados entre sí, a lado y lado del living-comedor. Cuando se abren las ventanas, permiten la ventilación cruzada, otra figurita difícil en las propiedades porteñas.

“Las áreas de trabajo se mezclan con las de expansión y descanso. Tenemos un montón de lugares donde hacer videollamadas: la mesa, el sillón, el bajoescalera, los escritorios de los cuartos. ¡Hasta nos conectamos desde la pileta!”, nos cuenta Daniela.

“No solo corre mucho aire, sino que entra refrescado por el agua”, se entusiasma la pareja, que reparte sus días entre una casa en la costa bonaerense y este departamento.


La losa de hormigón visto desaparece en el dormitorio principal, reemplazada por un cielo raso blanco que aporta mayor silencio visual.

De vuelta a la cocina


En una caja de materiales sobrios, las sillas azules, el mural y la caja de la escalera se convirtieron fácilmente en el foco de atención.


Entre todos los integrantes de la familia se hicieron cargo de diseñar el paisajismo del edificio y de mantenerlo en buen estado. Como enredaderas, eligieron ampelopsis y enamorada del muro.

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