La arquitecta Melina Trógolo convirtió 80m2 sin alma en un punto de encuentro cálido y funcional
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Hay algo que, todo el que busca comprar un departamento en la ciudad, anhela tener: una fracción de vida al aire libre, ese asado con amigos, tardecitas al sol cuando empieza la primavera. La terraza prometida.

Pero aún habiéndola conseguido, muchas veces quedan en un limbo, demasiado grandes y despojadas para tener una sensación de cobijo y confort. Por caso, esta terraza antes de que la interviniera la arquitecta Melina Trogolo, fundadora de MTD Arquitectura.
La pérgola tiene techo de vidrio con un toldo automatizado para evitar el evecto invernadero.
Solo se pusieron artefactos de iluminación centitales y potentes sobre la isla, por ser una superficie de trabajo. En el resto de la terraza, iluminación de pie o de pared, mucho más sutil.
Por una cuestión tanto estética como pragmática, los revestimientos son negros. Según Melina, “los tonos oscuros responden muy bien al desgaste propio del uso intensivo, ya que disimulan marcas, manchas y el paso del tiempo”. Por lo demás, el objetivo al usar volúmenes simples y materiales sobrios fue que el horno y la parrilla acompañen el espacio sin imponerse.
Si hay un elemento que organiza la coreografía social de esta terraza es la isla central revestida en Dekton ‘Kira’. Para Trogolo, este es el corazón del proyecto. “Acá se cocina, se conversa, se comparte. Es el verdadero lugar de encuentro que ordena y activa la dinámica social”.
“Tenía buenas dimensiones, pero carecía de lo más importante: una intención. No invitaba a quedarse ni a vivirla como un ambiente más de la casa”, recuerda Trogolo sobre ese estado inicial, donde el potencial estaba desperdiciado por falta de equipamiento y vegetación.
Eligieron poner papiros, que resisten el sol pleno, en grupos densos, para que no los afectara tanto el viento. Al estar en macetas grandes, la humedad del riego permanece por más tiempo, que es algo que estas plantas necesitan.
Las barandas transparentes de la fachada no se tocaron, lógicamente, pero el resto de los muretes se elevó para sumar protección frente a la altura y, también, al viento.
En cuanto al viento, Melina evitó el efecto “vela” dejando espacios de alivio bajo la estructura para que el aire circule sin ejercer presión.
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