
El oficinista del humor
Desde Virgen a los 40 y especialmente The Office, Steve Carell es uno de los comediantes más exitosos de esta era. En un encuentro con La Nación revista habla de su admiración por Peter Sellers y cuenta cómo hace reír
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Pocos televidentes recuerdan a Steve Carell como notero del talk show de Jon Stewart, que en la Argentina supo emitir intermitente HBO. Aunque trabajó durante cinco años con el iconoclasta presentador, hubo dos trabajos que verdaderamente lo llevaron a ser reconocido por la gente. En Todopoderoso, de 2003, Steven –como se hacía llamar entonces– interpretaba al antagonista de Jim Carrey, un periodista de un noticiero. Hicieron falta unos pocos minutos y un tour de force en una escena donde se le traban las palabras al aire para que Hollywood parara las orejas y se detuviera en este nuevo talento. Dos años después, Carell sería invitado a participar en The Office, basada en la serie inglesa de Ricky Gervais, y durante ocho años y más de 130 episodios la estrella de Carell siguió creciendo. En Virgen a los 40, de 2005, se consagró como uno de los comediantes más exitosos de los últimos años. Pero Carell no se quedó en el estereotipo y buscó ampliar sus horizontes como en el drama romántico Dani, un tipo de suerte, con Juliette Binoche, o en Loco y estúpido amor junto a Julianne Moore.
Sentado en un salón del coqueto hotel Montage en Beverly Hills, un Steve de barba y vestido con un saco marrón cual profesor de literatura responde sobre el humor, la paternidad, su admiración por Peter Sellers y su nueva película Alexander y Un Día Terrible, Horrible, Malo… ¡Muy Malo!, donde trabaja con Jennifer Garner.
A muchos intérpretes no les gusta que los llamen comediantes y prefieren actores. ¿Vos cómo te definís?
Espero nunca ser tan pretencioso. No me importa que me digan lo que digan. ¿Quién soy yo para decirles a los demás cómo deben pensar o llamarme? Soy afortunado de vivir de esto.
Sos católico, estás casado hace años y tenés muy bajo perfil. ¿Se podría decir que sos como la antítesis del estereotipo de comediante de Hollywood?
No trato de ponerle flores a todo lo que hago, pero los proyectos que busco son sanos, para divertirse. No me gusta el humor cínico ni agresivo. Si hay algo de violencia en mis películas generalmente me sucede a mí como efecto cómico, no por el hecho de ser violento.
¿Preferís hacer comedias físicas o más de diálogo?
Depende del proyecto y del guión. En las películas donde hay comedia física no intento tomarme muy en serio. Espero los momentos que se sienten sinceros y me aferro a ellos. El humor depende de la intención de cada película, pero yo me aproximo igual a todas. Espero que el momento gracioso o humorístico sea algo que puedas relacionar con tu vida, si bien sé que es una realidad humorística ficticia. Pero trato de tener un espíritu alegre. Pienso en Peter Sellers, al que le creías que estaba sufriendo todo lo que hacía. Eso generaba que fuera gracioso. Si me pongo a pensar cuál prefiero, no te sabría decir. Hay tantos tipos de comedia hoy en día: categorías dentro de categorías. Es divertido jugar con los géneros, sean drama o comedia. Cuando peleé con un canguro en esta película pensé que nunca más iba a hacer eso, así que lo aproveché. Sé que mi hijo de 9 años se va a morir de la risa, así que pongo lo mejor para hacerlo, aunque sea ridículo.
En los últimos años tus roles son paternales.
Es un reflejo de mi vida. Voy a decir lo que dicen todos en todo el mundo. Quizá lo escriba para un tuit, porque es importante. Creo que mi vida tuvo un antes y un después, y no puedo recordar cómo era antes de haber sido padre, porque definió quién soy ahora. Me hizo ser mejor persona. Ves cómo crecen, cómo evolucionan, los educás, los alimentás. Me identifico con Ben, mi personaje, en tanto cualquier padre trabaja mucho y a veces quiere cuidar a sus chicos y no tiene tiempo. Y a veces los chicos no actúan como quisieras y te decepcionás, pero aunque estés muy enojado, los seguís amando y disfrutando. Tengo dos hijos y me hubiese encantado tener un tercero. Me divierto tanto con los dos que tengo…

Alexander… tiene el espíritu de películas que solía hacer Disney en los sesenta: comedia familiar, un toque fantástico. Hasta en una escena aparece Dick Van Dyke. Ahora ya no se hacen más.
Es difícil hacerlo bien. Podés caer en la trampa de intentar hacer una película familiar donde nada es parecido al mundo real: eso es humor físico sin sentido de la realidad. Es una línea muy fina lo que separa ambos caminos, pero cuando se hace bien con un gran guión es intrigante, muy divertido y hasta gratificante.
La película plantea qué es un buen día para una persona. Porque a veces pensás que fue un mal día, pero termina siendo bueno.
Es todo una cuestión de perspectiva porque el mal día de alguien es el mejor para otra persona. No podés determinar un mal día así nomás porque también tenés que valorar todo lo bueno que pasa en tu vida.
En la sociedad exitista moderna, que te pase algo malo es un sinónimo de fracaso. Se tiende a ocultar cuando uno se siente mal o no le va bien en algo.
Creo que algunas cosas no funcionan como uno quiere y la última decisión que tiene una persona es la propia: no podés esperar que otra gente haga tu vida mejor, corresponde a cada uno, ésa es la responsabilidad. Podés culpar a alguien por no tener lo que quieras, pero siempre es una decisión tuya cómo vas a sentirte respecto de eso.
Mencionaste a Peter Sellers. ¿Es tu inspiración?
Sí, es un gran actor para mí porque podía interpretar al inspector Clouseau o varios roles ridículos en Dr. Insólito con tanta dedicación y de una manera tan exagerada que nunca sentías que él era consciente de lo que hacía. Creías que él era el personaje. Así que pienso mucho en él.
¿Por qué pensás que los comediantes son tan buenos en drama cuando dejan el género?
Creo que también pasa al revés: actores de dramas brillan en comedia. A Mark Whalberg, por ejemplo, cuando lo vi en Ted o Policías de repuesto me pareció un gran comediante. Nadie lo sabía porque Mark nunca lo había hecho antes, pero entiende el ritmo, entiende la seriedad y la situación que requiere que no haga nada "cómico" a propósito. No sé si necesariamente los comediantes mejoraron o los actores de drama hicieron lo mismo. Creo que Alan Arkin y Peter Sellers podían hacer eso: los personajes más divertidos y más escalofriantes al mismo tiempo.
En Foxcatcher, tu próxima película, interpretás a un multimillonario asesino que fue patrocinador de dos hermanos luchadores olímpicos. Es un personaje nefasto...
Tiene que ver con lo que hablábamos de los comediantes que viran al drama. En el género estamos acostumbrados a sacar lo peor de nosotros para lograr un efecto cómico. Tenemos nuestros sentimientos a flor de piel y conocemos de primera mano la oscuridad humana. Para dónde la sacamos va a depender de si es una comedia o un drama. En este caso, me ayudó mucho el maquillaje. Tardaban tres horas por día en ponérmelo y el resultado era una persona desagradable con la que no te gustaría pasar el rato.
La magia de un hombre clásico
Una de las claves en Carell es que triunfó "de grande"
Era julio de 2013 cuando Steve Carell presentaba, en el Hotel París de Las Vegas. El Increíble Burt Wonderstone, una comedia de magos donde él junto a Steve Buscemi interpretan a unos símil Sigfried & Roy. Carell, quien se viste siempre con el mismo estilo para sus entrevistas (¿y para la vida real también?) hablaba sobre sus personaje y el de Carrey, y por extensión al del rol del cómico en general. "El estilo ahora es más cool, más duro, más shockeante. Y eso se transporta a las otras artes, la actuación y el teatro. Es una moda. Llama la atención porque es el nuevo chico de la cuadra." La entrevista terminó con un truco de magia. No de Carell al entrevistador, sino al revés. "Me encantó", dijo y me sonrió honestamente.
Carell se nota que adora la comedia clásica. Casi se puede decir que es un comediante fuera de tiempo y alejado de los flashes de los paparazis. Está casado hace años y tiene dos hijos, y le gusta la sitcom New Girl y los realities Top Chef y Deadliest Catch (donde lo más excitante es ver si atrapan o no un pez).
Jennifer Garner, quien interpreta a su esposa en Alexander…, habla de su humanidad y generosidad: "Steve hace años que viene trabajando en teatro y en improvisación. Su éxito vino de grande. Ésa fue la clave para mantener su foco y no desbarrancarse". El actor es uno de los alumnos del afamado Second City, una troupe rotativa de improvisadores con sede en Chicago, donde salieron, entre otros, Tina Fey, Halle Berry, Jon Favreau, Mike Myers, Stephen Colbert y Amy Poehler. Muchos de ellos terminaron como comediantes en Saturday Night Live y de ahí al estrellato en cine o TV.
Sea que lo que dice Garner o no, Carell mantiene su línea y sabe que se debe a su público, una frase trillada que adquiere un gran significado cuando el actor se refiere a ella: "Hice una obra en Chicago hace unos años noche tras noche y a veces actuar lo mismo se vuelve mecánico. Pero siempre me recordaba que el público era nuevo y estaba pagando para vernos lo más frescos y enérgicos que podamos".
Un año después de Las Vegas y en la presentación de Alexander..., Carell recuerda el truco de magia. Y sentencia: "Para que me siga acordando de vos me vas a tener que hacer otro truco". Perfecto, no hay problema. Y una moneda aparece en una mano vacía. "¡Excelente!", sonríe. "Y muchas gracias."
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