Várices: cómo prevenirlas, tratarlas y cuándo preocuparse
No sólo constituyen un problema estético, sino que también pueden derivar en úlceras o tromboflebitis; expertos remarcan la importancia de adoptar hábitos saludables desde temprana edad
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Las venas várices, también conocidas como venas varicosas, son dilataciones venosas que principalmente afectan las piernas y pueden comenzar a manifestarse incluso desde los 20 años, siendo más común en personas que superan los 40.
Estas no sólo constituyen un problema estético sino que también pueden derivar en complicaciones serias como úlceras o tromboflebitis. El doctor Muñoz, cirujano cardiovascular, estima que el 40% de la población adulta podría padecer de varices, con un 10-20% sufriendo complicaciones significativas.
“A veces se le nota una venita oscura en las piernas, por ejemplo, venitas arañitas. Lo tienen muchísimas personas, siendo un estadio inicial del problema, lo que puede significar que la persona tiene algún trastorno en la circulación”, afirma el especialista.

Las personas que pasan largas horas de pie o sentadas sin realizar pausas frecuentes suelen experimentar no sólo dolor, sino también una sensación de pesadez y cansancio en las piernas. Este malestar es especialmente común en entornos laborales donde la movilidad es limitada.
Várices: problemas en la piel
Muchas personas, especialmente en las etapas iniciales, tienden a preocuparse más por la apariencia estética de las venas várices que por su salud subyacente. Aunque en ocasiones las varices pueden ser apenas perceptibles y parecer un problema menor, su gravedad puede aumentar significativamente.
A medida que la enfermedad progresa, uno de los principales problemas es el daño cutáneo. Las varices pueden llevar a que la piel adquiera un color oscuro, ocre o café, y se vuelva más frágil, lo que incrementa el riesgo de desarrollar eczemas o úlceras, una complicación bastante común.
Además, pueden surgir complicaciones más severas como la tromboflebitis, que implica inflamaciones causadas por trombos en las venas, o incluso el sangrado.

Este último puede ocurrir repentinamente, por ejemplo, cuando una várice se rompe mientras la persona se encuentra duchándose o durmiendo, provocando una sensación de humedad seguida de sangrado, lo cual puede ser alarmante y requiere atención médica inmediata.
¿Cómo manejar y prevenir las venas varices?
Para prevenir y tratar esta condición, el especialista enfatiza la importancia de adoptar hábitos saludables desde temprana edad. Entre las recomendaciones básicas están la realización de ejercicio regular, mantener un peso saludable y la utilización de medias de compresión.
Estas últimas ayudan a mejorar el retorno venoso desde las piernas hacia el corazón, simulando un efecto similar al que la naturaleza ha dotado a las jirafas, cuya alta estatura podría predisponerlas a problemas similares si no fuera por su piel especializada que facilita la circulación.
Adoptar una actitud positiva frente a la vida es crucial, especialmente cuando enfrentamos problemas de salud como las venas várices. Una perspectiva positiva no solo mejora nuestro enfoque mental, sino que también nos motiva a tomar acciones concretas para mejorar nuestra condición.
Entre las medidas más efectivas se encuentra la práctica regular de ejercicio. Actividades físicas ayudan a fortalecer los músculos, que actúan como bombas impulsando el retorno venoso al corazón, facilitando así la circulación sanguínea.

Además del ejercicio, es fundamental mantener una alimentación balanceada y evitar el sobrepeso, factores que inciden directamente en la circulación venosa.
El estreñimiento, por ejemplo, puede aumentar la presión abdominal, lo que a su vez puede afectar el flujo sanguíneo desde las extremidades inferiores hacia el corazón. Contrario a ciertos mitos, el consumo de alcohol y cigarrillo no impacta directamente en la circulación venosa, aunque el tabaquismo sí es perjudicial para las arterias.
Finalmente, es importante realizar pausas regulares a lo largo del día, especialmente para aquellos que permanecen muchas horas de pie o sentados.
Durante esas pausas, es recomendable elevar las piernas y realizar movimientos que activen la circulación, como rotar los pies y flexionar los músculos, lo que ayuda a aliviar la congestión en las piernas y promover un flujo sanguíneo saludable.
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