Si dejamos que ChatGPT o Gemini hagan todas las tareas, ¿qué impacto de largo plazo tiene en nuestro cerebro?
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Todos los días se mencionan las ilimitadas tareas que la inteligencia artificial generativa (GenAI) puede hacer para que los usuarios aumenten la productividad: traducir, redactar, crear planes, sugerir itinerarios, combinar ingredientes y más. Esto lleva a que muchas personas se inclinen por descansar cognitivamente en estas herramientas, tal como ocurrió con los buscadores de Internet y la llegada de los smartphones. Este fenómeno dio origen al llamado “efecto Google”, que describe la tendencia a olvidar información de fácil acceso en línea o almacenada en dispositivos móviles, porque delegamos en ellos la responsabilidad de recordar esos datos. Ejemplos incluyen números telefónicos, direcciones, fechas de cumpleaños o incluso la capacidad de orientarse sin depender del GPS.
¿Y si las capacidades de estos nuevos algoritmos llevan los usuarios a una especie de “sedentarismo intelectual” tal como sucedió en el pasado con el advenimiento de internet, y muchos antes con la llegada de las computadoras de escritorio, la imprenta y otros tantos inventos? ¿Tenía razón Sócrates, que consideraba que la escritura nos vuelve falsamente sabios?
Pensamiento convergente y divergente
Un estudio de 2024 la Universidad de Toronto encontró que el uso de grandes modelos lingüísticos y sistemas de IA generativa reduce la capacidad de los humanos para pensar creativamente, lo que resulta en ideas más homogéneas y convencionales, y menos propuestas innovadoras.Para los investigadores, si bien estas herramientas pueden mejorar el rendimiento a corto plazo, pueden reducir la capacidad de los humanos para pensar de forma independiente y creativa con el tiempo.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron dos aspectos: el pensamiento divergente y el pensamiento convergente. Mientras que el primero es la capacidad de generar múltiples ideas, el segundo tiene que ver con encontrar conexiones entre conceptos no relacionados. A tal fin dividieron a los participantes en dos grupos: uno utilizó GPT-4o, durante una fase de formación, mientras que el otro trabajó sin asistencia de IA. Inicialmente, los participantes que usaron GPT-4o obtuvieron mejores resultados, generando más ideas y soluciones más rápidas. Sin embargo, cuando ambos grupos completaron tareas de forma independiente en una fase de prueba posterior, quienes no usaron la IA superaron a los participantes con IA.
Los investigadores atribuyeron esto a un efecto homogeneizador, donde la exposición repetida a ideas generadas por IA redujo la variedad y originalidad del pensamiento de los participantes.
Estos hallazgos resaltan la necesidad de un diseño cuidadoso de las herramientas de IA, y otros estudios analizan impactos similares en el entorno educativo, demostrando que los estudiantes que usan IA para exámenes de práctica no obtienen el mismo rendimiento en los exámenes reales.
Si bien los LLM ofrecen claros beneficios, como la mejora del rendimiento durante su uso, su influencia en las capacidades cognitivas a largo plazo plantea importantes preocupaciones. A medida que la IA se integra más en los procesos creativos, podría moldear las normas culturales y sociales.
Voces a favor y en contra
La polémica está planteada, y hay dos grandes bandos: los que están a favor y los que prefieren ser más cautelosos respecto al uso de GenAI.
“No creo que el impacto de la GenAI sea necesariamente negativo. Herramientas como la calculadora nos han ahorrado tiempo y energía en tareas rutinarias, permitiéndonos enfocarnos en la resolución de problemas más complejos”, dice el Dr. Alejandro Guillermo Andersson, médico neurólogo y director del Instituto de Neurología Buenos Aires, y se explaya: “De manera similar, la GenAI puede liberar recursos cognitivos que podemos destinar a actividades creativas y analíticas. Los buscadores de internet, por ejemplo, funcionan como bibliotecas de acceso rápido, facilitando la adquisición de conocimientos sin necesidad de memorizar información específica. Sin embargo, el riesgo existe si la dependencia de estas herramientas se vuelve pasiva y reemplaza el esfuerzo intelectual en lugar de complementarlo”.
El sociólogo y científico de datos Pedro Orden no piensa lo mismo: “Estamos ante un posible riesgo”, afirma. Y se explaya: “Desde hace algunos años, diversos estudios neurocientíficos han documentado cómo la dependencia de herramientas tecnológicas influye en nuestro desarrollo cognitivo, predisponiéndonos a cierta pereza en el momento de pensar. Por ejemplo, trabajos como el de Lindy Birkel (2017) dan cuenta de cómo la delegación de tareas cognitivas, como el uso frecuente del GPS para la orientación espacial, produce una reducción significativa del número de neuronas en el hipocampo, región clave en el desarrollo de la memoria espacial y el aprendizaje. En contraste, investigaciones anteriores observaron que los taxistas londinenses, al realizar permanentemente actividades cognitivas de alta exigencia como memorizar rutas completas, desarrollan un hipocampo notablemente más fortalecido y activo”.
Sedentarismo cognitivo
Con estos ejemplos, Orden dice que sería razonable considerar que una dependencia excesiva de herramientas de GenIA podría producir un fenómeno similar de sedentarismo cognitivo: al confiar sistemáticamente a estas tecnologías la resolución de problemas o la producción textual, nuestro cerebro podría perder oportunidades valiosas para desarrollar y mantener sus habilidades cognitivas fundamentales.
La psicóloga Brenda Gottelli, que se desempeña como docente e investigadora de la Universidad de Morón, opina en la misma línea al explicar que el sobreuso de herramientas de IA puede acercarnos a un “sedentarismo intelectual”, en tanto conduce a una reducción de nuestros esfuerzos cognitivos, algo que implica fomentar una mentalidad pasiva de consumo de información, contraponiéndose al pensamiento crítico o creativo, que implica si o si un proceso reflexivo. “De igual manera, utilizar por demás estas herramientas puede interrumpir el aprendizaje social, crucial para la formación del pensamiento crítico y las habilidades sociales y cooperativas.
Dicho de otra manera: usar demasiado ChatGPT, Copilot, Gemini y similares genera en la persona un estado de comodidad mental dado que las tareas se resuelven rápido y fácil pidiéndole cosas a estas IA. En contraposición, se reduce la motivación para el ejercicio intelectual y por ende también el comportamiento es cada vez más pasivo.
La desinformación, en el centro de la escena
Tanto Orden como Gottelli traen a cuenta el riesgo a la desinformación. De hecho, el sociólogo habla de la posibilidad de una “weaponización” de la inteligencia artificial, es decir, su uso malintencionado o abusivo con fines de manipulación, desinformación masiva o vigilancia intrusiva. Y la psicóloga avanza en la misma línea cuando señala que, “cuando la información está dada se reduce ese tipo de pensamiento, siendo la desinformación un posible riesgo, no solo a nivel individual, sino también social, en tanto este tipo de comportamiento puede volverse colectivo”.
Recomendaciones de uso
La evaluación de si una GenAI es “buena” o “mala” depende de cómo se la utilice. Dicho esto, puede ser tanto facilitadora como obturadora de los procesos cognitivos. Entre sus ventajas, Gottelli dice que puede ayudar a los procesos de aprendizaje, generando recursos personalizados, creados rápidamente y de cada vez mayor accesibilidad. “además de que puede ayudar a que muchas tareas sean automatizadas para dejar ese tiempo y lugar al ejercicio de actividades y tareas que requieran de mayor esfuerzo cognitivo. Este puede ser un valor agregado, tanto en la educación, como en el área de salud o en áreas productivas”

Si bien los entrevistados coinciden en que nadie debería limitarse voluntariamente en el uso de GenAI, también advierten sobre la importancia de tomar ciertas precauciones.
En este sentido, Orden señala que uno de los beneficios más significativos de la GenAI es la facilitación del acceso al conocimiento. “Además, en términos prácticos pueden contribuir a un entendimiento más profundo entre culturas, facilitando la comunicación multilingüe y la creación de contenidos adaptados a diversos contextos socioculturales. Incluso, por su capacidad para gestionar información de manera dinámica y eficiente, tiene un enorme potencial para acelerar el progreso científico”, comenta, pero advierte sobre su uso malintencionado o abusivo con fines de manipulación, desinformación masiva o vigilancia intrusiva. “Por otro lado, existe un riesgo real de desplazamiento laboral, especialmente en empleos basados en tareas repetitivas o rutinarias, lo que podría generar tensiones sociales hasta que nuevas actividades laborales y oportunidades profesionales surjan a partir de estas tecnologías emergentes”.
Por su parte, el neurólogo invita a los usuarios a tomar recaudos para que estos sistemas no afecten nuestro cerebro: “Es clave fomentar un uso activo y crítico de estas herramientas. También es clave alternar el uso de la GenAI con la resolución manual de tareas cognitivas”, dice Andersson.
Facilitador, pero no sustituto
Los expertos aportan más ideas prácticas tales como fomentar la escritura, el análisis y la discusión sin asistencia tecnológica; usar la IA como un facilitador, pero no como un sustituto del esfuerzo intelectual, así como también desarrollar hábitos de aprendizaje que fortalezcan la memoria y la comprensión profunda.
“Supervisar y controlar finalmente siempre las conclusiones generadas por la GenIA, evaluando su precisión y relevancia antes de aplicarlas es esencial”, agrega Andersson.
Por último, y tal como se recomienda ante el uso de smartphones, redes sociales y otras herramientas afines, es recomendable desarrollar hábitos saludables en la relación cotidiana con la tecnología. Esto implica cultivar activamente espacios y momentos de desconexión, privilegiando actividades analógicas y experiencias interpersonales que promuevan vínculos sociales significativos. De esta manera, se podrá reducir la dependencia excesiva y preservar el desarrollo equilibrado y autónomo de nuestras habilidades cognitivas.
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