
Riven, el mundo que aguarda
Sucesor del Myst , uno de los juegos mejor vendidos de todos los tiempos, viaja en la dirección opuesta al resto de la industria. ¿Acaso le va mal por esto? No, todo lo contrario.
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No hace falta estar demasiado tiempo en un negocio de software para darse cuenta de que el entretenimiento digital está fuertemente teñido de violencia y destrucción, y que casi siempre incorpora una cuota más o menos sangrienta, despiadada y viciosa de competitividad. Dejando de lado algunos lamentables ejemplos de software francamente criminal que ni siquiera merecen una consideración seria y que resultan a la larga escasamente difundidos, el hecho es que si usted recorre las vidrieras, no será exhortado a reflexionar, pensar, meditar o resolver, sino más bien a aniquilar, destrozar y arrasar.
Quienes siguen esta columna saben que no van a leer aquí una censura a esta clase de juegos. Tánatos ha estado siempre presente en los entretenimientos infantiles y para adultos -incluyendo, bajo un estilizado camuflaje, al ajedrez-, y los de computadora no tenían por qué ser una excepción. Entre los soldaditos de plomo y el Red Alert , la única diferencia es la materia de que están hechos, pero no el concepto. Así que no me parece lícito mortificar a las PC por esto.
Otro universo
Lo que le reprocho a la industria es la falta de imaginación para producir entretenimientos en los que el concepto de ganar tenga alguna vuelta de tuerca, en los que en lugar de correr y disparar haya que detenerse a pensar, en los que el triunfo sea una prioridad secundaria. "Bueno, lo que ocurre es que los juegos para pensar no venden", razonará alguien, creyendo que el éxito está peleado, trágicamente peleado, centenariamente peleado con la inteligencia.
Por fortuna no es así. Los 3,5 millones de copias del Myst son una prueba de ello, y el millón que lleva vendidas su sucesor, el Riven , desde su lanzamiento hace seis meses, demuestran que se puede lograr una inmensa popularidad sin víctimas, sin vívidas explosiones y sin sangre a raudales.
Riven es un delicado, majestuoso, placentero y sereno juego de la imaginación. Inmersivohasta un punto que los juegos de acción en primera persona no podría ni soñar, no exige al participante sino observación y reflexión. No hay que apurarse ni correr. Nadie ataca o acosa. El juego puede ganarse, resolviendo todos sus acertijos, pero esta instancia no es una condición sine qua non. La música -¡por fin!- es de excelente calidad; creo que es la primera vez que no busco desesperadamente las opciones del juego para apagar el acompañamiento musical que los autores añaden a sus programas.
En la próxima edición de Informática, el lector encontrará el comentario completo de este software, obra -como el Myst - de la compañía Cyan, de los hermanos Rand y Robin Miller, y publicado por Red Orb, una división de Broderbund.
Lo que me sorprende es que habiendo sido este pacífico género tan exitoso en ventas, haya tenido tan pocos seguidores entre las empresas del sector. El Myst y el Riven son realmente la excepción a la norma. No obstante las innumerables páginas de Web creadas por sus fanáticos, no obstante las legiones de usuarios que intercambian claves en los grupos de noticias de Usenet ( http://alt.games.riven , http://comp.sys.ibm.pc.games.adventure ,
http://comp.sys.mac.games.adventure ), no hay prácticamente ningún otro producto con qué compararlos.
Opuestamente, el Doom y el Quake han generado montañas de clones, hay suficientes simulaciones del F-22 en el mercado como para organizar la fuerza aérea de un país pequeño, y los juegos de estrategia sobre campos de batalla presentes, futuros, pretéritos o fantásticos cubren manzanas virtuales en las pantallas de nuestras PC. Abundan también los entretenimientos de ingenio, donde hay que resolver acertijos más o menos complicados, algo bastante previsible, en una industria en la que la destreza lógica está tan bien valuada.
Quién soy, dónde estoy
El Riven podría caer dentro de esa categoría, pero es mucho más. De hecho, usted puede considerarlo un viaje a otro mundo. Puede recorrer las cinco islas que lo componen sin ninguna prisa, sin siquiera tener presente la misión que supuestamente lo ocupa, y disfrutar de los impresionantes paisajes, de las maquinarias imposibles, de los exóticos animales que a veces interactuarán con usted sutilmente, con gestos y poco más. Con una simple actitud.
La soledad conceptual del Riven en las bateas de las casas de software es quizás un reflejo del mundo en el que vivimos. Tampoco aquí se vigoriza la meditación y la serenidad. Más bien se nos incita a actuar sin reflexión, a ganar a toda costa. Nos hemos habituado al de por sí temible espectáculo de la barbarie, por medio de los noticieros. En la práctica, lo que terminamos por admitir es que no hay tiempo sino para correr y pelear. Y cuidadito con tropezar. Igual que en el Quake.
Son escasos los juegos en los que la acción y el trabajo intelectual se combinan, y en general se trata de simuladores de vuelo muy avanzados como el F-15 (ver nota en página 8) y algunos de estrategia, como el Panzer General II . De los juegos de construcción, el SimCity , un excelente logro de Maxis que debe tener ya más de una década y está a punto de editar la versión 3000, generó una vasta biblioteca de clones, algunos de la propia Maxis, pero nunca estuvo exento de algo de destrucción, un alto grado de competencia contra el microprocesador y esa excesivamente difundida exigencia de los juegos modernos de obligarnos a administrar recursos, como si este deber no estuviera ya bastante presente en la vida real.
Por eso, Riven es otra cosa. Está aparte de cualquier juego que haya visto, incluso de los más loables, como SimEarth y SimCity . En Riven la acción sabe esperar y marcha a nuestro ritmo. Para muchos, no me cabe duda, resultará algo tedioso.
Pero si usted quiere una alternativa a la presión cotidiana, échele un vistazo. Posiblemente no resista la tentación de volver a diario a ese mundo extrañamente bello e increíblemente plácido. Quizá, como me ha ocurrido en más de una ocasión, simplemente para pasear y mirar. Relax, se llama, y todos lo necesitamos.






