
Villa Urquiza cumplió 112 años
Los moradores están orgullosos de la comodidad y escasa contaminación que les ofrece la zona.
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Los carteles asomaban con discreción en las vidrieras de zapaterías, panaderías y otros comercios de Villa Urquiza. Anunciaban el 112º aniversario del barrio e invitaban a los vecinos a rendir homenaje a las 427 manzanas que lo componen.
No hubo festejos estridentes, porque no es el estilo de los habitantes de ese rincón porteño. Desde su fundación, el 2 de octubre de 1887, el vecindario creció con naturalidad gracias al empuje silencioso de un puñado de obreros italianos que decidieron afincarse en el entonces paraje de quintas.
"Eran 120 hombres, que construyeron sus casas con ladrillos horneados por ellos mismos. Urquiza se desarrolló como una gran familia, que no tardó en tener una iglesia, escuelas y lugares de trabajo propios", describió Luis Alposta, presidente de la Junta de Estudios Históricos del barrio, donde reside desde que nació, hace 62 años.
Todavía hoy, en el umbral del siglo XXI, puebla las calles anchas y arboladas de Villa Urquiza gente simple que vive sus días entre obligaciones y placeres cotidianos.
El barrio -limitado por Crisólogo Larralde, Galván, Núñez, las vías del ferrocarril Mitre, San Francisco de Asís, Tronador, Franklin Roosevelt, Rómulo Naón, La Pampa y Constituyentes- conserva la tranquilidad otorgada por la distancia que lo separa del Centro.
Sin embargo, las obras de extensión del subte B hasta Triunvirato y avenida de los Incas avanzan dentro del distrito para acrecentar las vías de movilidad y ahorrar tiempos de viaje.
Precisamente, muchos moradores celebran cómo Urquiza combina en dosis ideales lo mejor de la ciudad con lo mejor de la provincia: la comodidad en infraestructura y servicios, más espacios verdes y un ambiente de contaminación escasa.
"Desde la ventana de mi departamento veo un pulmón de manzana donde asoman plantas, arbustos y flores. Y todas las madrugadas me despierta el canto de los zorzales", relató Edith Mazaira, vecina del pasaje Lituania.
La mujer añadió: "Pero, a la vez, tengo negocios abiertos y a la mano a toda hora. Un almacén a 20 metros, una carnicería y verdulería a la vuelta de la esquina, una panadería y una farmacia a 100 metros, tiendas de ropa a dos cuadras. Y medios de transporte para ir a donde quiera".
Efectivamente, una veintena de líneas de colectivos recorre las principales avenidas de Villa Urquiza con los destinos más diversos y, abordando el tren en la estación homónima de la línea Mitre, en 20 minutos se puede llegar a Retiro.
La parada fue habilitada al público en 1889; por entonces, pertenecía al ferrocarril Buenos Aires a Rosario y su nombre era, al igual que el del barrio, Catalinas.
"Primero, el pueblo se llamó Lomas Altas, porque su altura superaba en 39 metros el nivel del mar. En 1887 los terrenos fueron adquiridos por Francisco Seeber, dueño de la empresa Muelles y Depósitos de las Catalinas, que funcionaba sobre el río en la bajada de la calle Paraguay. Por eso, bautizaron el paraje como Villa Catalinas", explicó Alposta.
El mismo año, el barrio se incorporó al ejido de la flamante capital. Seeber contrató obreros para extraer tierra de este rincón de la ciudad y transportarla hacia las zonas bajas.
Concluidas las tareas, el empresario de origen alemán loteó la villa y vendió las parcelas. Pero entre los trabajadores italianos, instalados en principio por razones laborales, el arraigo fue más fuerte.
La calle Triunvirato se transformó en eje de desarrollo. Por presión de los moradores pronto se erigieron sobre ella la primera iglesia y la primera plaza. Se trataba de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen (patrona del barrio) y de la plaza Esteban Echeverría.
Este histórico espacio verde de Villa Urquiza -el nombre definitivo otorgado al arrabal en 1901 en honor al caudillo entrerriano, por pedido de sus comprovincianos- sirvió como escenario al acto conmemorativo del 112º cumpleaños, que se realizó el viernes último.
Ricardo Bértola fue uno de los oradores. Nació y creció en el vecindario, donde también vivieron sus padres y sus abuelos. Tiene 60 años y vive en Tomás Le Breton, entre Bauness y Bucarelli. Ahora preside el CGP Nº12.
"Excepto sobre Olazábal y Mendoza, donde se construyeron edificios, el paisaje continúa intacto. Todavía somos un barrio, salimos a la calle y saludamos a los vecinos. Sólo perdimos las salas de cine", dijo con mezcla de orgullo y añoranza.
Vida vecinal
- La Boca , el barrio porteño que albergó a miles de inmigrantes será sede de la Fiesta de las Colectividades organizada por el Gobierno de la Ciudad.
Ayer y hoy, a partir de las 11, los vecinos verán cambiar el paisaje en la Vuelta de Rocha y Caminito: allí se instalarán los puestos donde diferentes comunidades expondrán artesanías, literatura, comidas y bebidas típicas. A partir de las 14 habrá canto, música y danzas.
- En Palermo , pronto terminarán las tareas de renovación del empedrado y de nivelación de la calzada del pasaje Bollini.
Los trabajos se realizan con el fin de que los vecinos puedan disfrutar del estilo original de la callecita que, el siglo último, formó parte de la quinta perteneciente al arquitecto italiano Francisco Bollini.
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