
Vieja historia de celos entre ciudades
Las rivalidades entre Santa Fe y Rosario alcanzan los ámbitos social, político, cultural y económico
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Sería absurdo pensar que una matanza como la ocurrida en el penal de Coronda el lunes pasado nació por la rivalidad entre rosarinos y santafecinos. Tan absurdo como suponer que las hinchadas de Newell´s Old Boys y Rosario Central se juntan a tomar el té a las cinco de la tarde, ataviados de traje y corbata, para hablar pacíficamente de fútbol.
No. Todos los consultados por LA NACION coinciden en que la matanza se originó por otras cuestiones profundas, sociales, culturales y de transformaciones del submundo carcelario, y que la rivalidad entre Norte y Sur (como se divide la provincia fácticamente) fue sólo un rasgo de la masacre.
Entonces: ¿existe o no ese sentimiento entre Rosario y Santa Fe? Sí, dicen todos, pero no fue el motivo de la matanza. ¿Por qué existe? Porque a Santa Fe le surgió un problema en 1852 cuando Rosario fue declarada ciudad.
Una Rosario sin estirpe, compuesta por inmigrantes europeos pobres, sin prosapia ni abolengo, contra una Santa Fe religiosa, criolla, tradicional y conservadora.
La historiadora Agustina Prieto es clara al respecto y cuenta que la tensión comenzó en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Rosario se convirtió en ciudad, y que los estallidos sucesivos acentuaron la rivalidad.
"Cuando se produce la segunda revolución radical, en 1893, uno de los efectos más notorios fue la ocupación de Santa Fe durante algunos días, por parte de los rosarinos. En toda la mitad del siglo XIX siempre aparece esta idea de la puja, en la que los rosarinos acusan a los santafecinos de ahogarlos financieramente. Por entonces se pensaba -y aún se piensa-, que Rosario era la ciudad de la producción, del trabajo, del dinamismo, del progreso, y Santa Fe, la del atraso.
Otra historiadora, Alicia Megías, suscribe lo del absurdo y explica que la tensión tiene que ver, en líneas generales, con las características geográficas, la génesis de las dos sociedades y esto hace que las diferencias entre las dos grandes cabeceras sean bastante marcadas. Ninguna de las dos habló de rivalidad. "En el siglo XX, todo esto se profundizó. Santa Fe concentró la administración y Rosario, mucho menos vinculada con el estado provincial, hizo girar todo en un universo más municipal. Esto llevó a la confrontación, especialmente las cuestiones fiscales", dijo Megías.
Hoy, Rosario es una ciudad bella, bendecida por las cosechas de soja y con un ímpetu cultural sobresaliente; Santa Fe todavía no puede recuperarse de las espantosas inundaciones y, como yapa, las bandas criminales han crecido tanto en número como en efervescencia.
"La puja con Santa Fe es de carácter político-económico. El motivo es el reparto de los fondos provinciales. El Gran Rosario aporta prácticamente dos tercios de la recaudación provincial, pero lo que vuelve en obras es una porción mucho menor. La mayor parte del dinero siempre queda en Santa Fe, que como capital concentra el grueso del aparato del Estado", dice Damián Schwarzstein, periodista del diario El Ciudadano y de Radio Universidad.
Ironía
Schwarzstein ironiza y explica: "Tampoco cabe pensar que en la cárcel de Coronda los presos discuten por cuánto aporta Rosario de impuesto a los ingresos brutos ni por qué el Estado invierte mucho más dinero por habitante en Santa Fe".
Quienes conocen el penal de Coronda explican que uno de los problemas más graves de los presos son las diferentes realidades sociales de los delincuentes de una y otra ciudad, lo que establece distintos códigos de convivencia porque, dicen, en los últimos años la marginalidad se ha hecho mucho más profunda en Santa Fe que en Rosario.
Con esta teoría está de acuerdo otro periodista, Reynaldo Sietecase. "No me trago el sapo de que la matanza fue la pelea entre santafecinos y rosarinos. Eso es una simplificación que quiso imponer el poder político. Yo cubrí motines en Coronda en los años 80 y en esa fecha los pesados de la cárcel eran los viejos presos. Ahora son los «pendejos», y desde que entró la droga, las cosas cambiaron", dijo el periodista.
Para María del Carmen Caputto, presidenta de la Asociación Amigos de Santa Fe La Vieja -ruinas de Cayastá, primer asentamiento de la capital provincial -, la rivalidad entre Santa Fe y Rosario "es más inspirada en la política que en el sentimiento de los vecinos, aunque hay que admitir que son ciudades con idiosincrasias diferentes. Santa Fe es más criolla y, por lo tanto, tiene un ritmo lento y resignado. Rosario es dinámica y progresista".
El humorista Roberto Fontanarrosa también atendió a LA NACION: "Yo he escuchado hablar de rivalidad, pero sólo a nivel burocrático. Y es porque Santa Fe es capital cuando Rosario, mucho más grande e importante, no lo es. Sí he leído las quejas de algunos que dicen que los gobernadores van más o menos a Rosario".
Pero cuando se le menciona el tema del fútbol, Fontanarrosa desmiente: "La rivalidad o animosidad es con los equipos grandes de Buenos Aires. Yo te hablo desde mi percepción y creo que las rivalidades se nutren de ciertos equivalentes y en ese aspecto los equipos de Rosario han ganado varios campeonatos, y los de Santa Fe, no".
Con la colaboración de: José E. Bordón
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