
Una banda de chicos asalta a menores que pasean por Abasto
Actúa desde hace más de un año en el barrio
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Hace quince días, tres chicos de 11 años -uno de ellos hijo de un fotógrafo de LA NACION- comían helados en uno de los locales del shopping Abasto de Buenos Aires, luego de ver una película. Era el postre con el que coronaban la aventura de haber ido al cine por primera vez solos. No sabían que el mismo día también adquirirían otra experiencia. Pero ésta, de sabor muy amargo.
Comenzó cuando se les acercaron cuatro jovencitos, dos o tres años mayores que ellos. No se anduvieron con vueltas sobre sus intenciones. "Nos dan los helados o los cag... a trompadas", les advirtieron.
Asustados, los tres amigos obedecieron. Cuando el grupo se retiró a la carrera con el botín, fueron a quejarse a un guardia de seguridad, que se limitó a prometer: "Voy a dar una vuelta para ver si los encuentro".
Salieron y en la calle fueron otra vez rodeados por los adolescentes. El mismo que comandó el despojo les dijo que habían visto cuando los botoneaban y enseguida empezaron a golpearlos a mansalva, mientras les robaban las pocas cosas que tenían en el bolsillo y un reloj.
Uno de los agredidos alcanzó a correr hasta otro guardia apostado en la entrada del centro comercial. Le pidió que interviniera, pero el hombre le contestó: "La calle está fuera de mi jurisdicción".
Tropelías de larga data
La pandilla de menores, de entre 8 y 15 años, despliega allí sus tropelías desde hace algo más de un año. Lo corroboraron, primero, puesteros que trabajan sobre la avenida Corrientes, en la misma vereda del hipermercado, motoqueros que hacen delivery, un vendedor ambulante de café y algunos taxistas de la parada existente frente a su puerta principal.
Sara, una florista (la única de estas personas que aceptó identificarse, al menos por su nombre de pila), comentó: "Son unos diez vaguitos liderados por dos mellizos. Creo que viven en algunas de las casas usurpadas, sobre Agüero, Anchorena o Bartolomé Mitre".
Todos enumeraron el abanico de hechos que protagonizan. Además de actos de vandalismo, el reclamo compulsivo de comida o su arrebato liso y llano y, como lo más grave, el robo de carteras a clientas que se sintieron demasiado seguras en un lugar que por su aspecto lejos está de inspirar la calificación de "peligroso".
"No puedo hacer nada"
Una sucursal de la hamburguesería McDonald´s tiene entrada por el shopping y por la esquina de Corrientes y Agüero. Después de pensarlo mucho, su guardia (exclusivo del lugar) aceptó hablar del tema, pero también con la reiterada condición del anonimato.
"Muchas veces pasan por aquí y me tiran algo o me escupen. A un cliente le arrojaron una bolsa de basura. Salen corriendo y yo no puedo hacer nada, porque tengo prohibido abandonar el local", contó. Se turna con otro vigilador día por medio. "Por suerte, no me tocó la tarde en que arrancaron una de las barras de hierro (son dos, que forman una suerte de pasarela) y la tiraron adentro. Menos mal que no lastimaron a nadie."
Hernán Echeverría -jefe de Seguridad de los shoppings pertenecientes al Grupo IRSA, como el Abasto- admite la recurrente irrupción de los pequeños vándalos, pero advierte que el Código de Convivencia Urbana limita la posibilidad de su control y erradicación. "Establece como acto discriminatorio que se permita el ingreso de unos chicos y que se impida el de otros", recuerda.
A lo cual agrega un obstáculo más inesperado. "Si alguno de estos muchachos le pide el sándwich a otro de mejor nivel que lo está consumiendo y éste se niega a dárselo, suele intervenir un adulto que, con buena fe, lo insta a que se lo dé, aludiendo a que el otro tiene hambre. El que se resistía, por lo general termina aflojando. Y si no se presenta ese "colaborador", entonces es posible que se produzca el arrebato", explica.
Echeverría hace notar que, no obstante, el shopping cuenta con un sistema de visores electrónicos que no dejan sitio sin ser monitoreado.
"Si se observa algo irregular, un guardia acude de inmediato. Estos hechos son atendidos por personal femenino, que trata de resolver el conflicto alejando a quienes lo generaron. Se les explica algo sobre el principio de propiedad. En caso de un arrebato, puede darse aviso a la policía", explicó.
En la zona tiene jurisdicción la seccional 9a. de la Federal. El comisario Víctor Vitabile reconoce que "en dos o tres oportunidades" debieron "trasladar menores a la comisaría". Y concluye: "Enfrentamos más un problema social que delictivo. Estos hechos están mezclados con el tema de la hambruna. Estos chicos viven en las casas usurpadas que quedan en el barrio, en donde hay mucha gente desocupada".
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