
Un corredor se descompensó a 300 metros de la llegada de la Media Maratón de Buenos Aires y murió cinco días después
El deportista Axel Starke, de 48 años, colapsó cuando faltaban cuadras para alcanzar la meta; fue estabilizado y luego derivado al ICBA, donde permaneció internado hasta su fallecimiento; su familia denuncia que no fue atendido a tiempo
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Axel Starke, un corredor oriundo de Rosario, murió días después de haberse descompensado a 300 metros de la línea de llegada de la Media Maratón (21K) de Buenos Aires, que se celebró el domingo 23 de agosto. Su historia generó repercusión tanto en medios como en redes sociales tras la viralización de imágenes que mostraron cómo el atleta, de 48 años, fue reanimado por socorristas sobre Figueroa Alcorta y Dorrego.
LA NACION buscó reconstruir los minutos previos y posteriores al colapso del atleta en plena carrera, cuando llevaba el número dorsal 06988. Mientras tanto, su familia reclama que no fue atendido a tiempo y que quizás su muerte se podría haber evitado.
De acuerdo con fuentes cercanas a la organización del evento, Axel corría los últimos metros de la carrera cuando se descompensó a la altura del kilómetro 20,7, alrededor de las 9.38. Este tramo suele ser la etapa más crítica de la competencia debido a la fatiga y al estrés que atraviesa el corredor, según precisaron.

Fue entonces cuando un equipo de socorristas, un cardiólogo y una enfermera que se encontraban en el lugar activaron el protocolo de emergencia. Al rosarino se le colocó un DEA (desfibrilador externo automático) y se iniciaron las maniobras de reanimación. A las 9.39 se dio aviso al centro de coordinación y se activó una ambulancia de la empresa Emergencias, que estaba a 25 metros de la escena, mientras que también se alertó al equipo médico que se encontraba en la zona de llegada.
A las 9.41, el equipo de atención avanzada llegó al lugar y continuó con las maniobras. Mientras los profesionales de la salud trabajaban allí, se dispuso además un cerco de contención alrededor de la escena. Durante esa ventana de tiempo, también se coordinó con la Policía de la Ciudad el traslado del corredor y se dio aviso al Hospital Fernández.
A las 9.50, Starke fue subido a una ambulancia y, un minuto después, comenzó el traslado hacia el Fernández, con escolta policial. El atleta de 48 años arribó al lugar a las 9.55, cuatro minutos después de iniciada la marcha. Al ingresar y ser recibido en el shockroom, había recuperado el pulso y el ritmo cardíaco.

Sin embargo, instantes después, volvió a tener otro paro cardiorrespiratorio, lo que requirió nuevas maniobras de RCP (reanimación cardiopulmonar). Tras lograr estabilizarlo, se lo derivó al ICBA (Instituto Cardiovascular de Buenos Aires) donde, después de varios días de internación, sufrió una falla renal y un nuevo paro cardíaco en la madrugada del viernes 28 de agosto.
El reclamo de la familia Starke
Claus Starke, uno de los cinco hermanos de la víctima, realizó un extenso descargo en la red social Instagram en donde denuncia que Axel podría haber recibido otra atención y, tal vez, tener otro desenlace.
El familiar reclama que pasaron entre 10 y 11 minutos hasta el arribo de la ambulancia y que el traslado al Fernández demoró entre 5 y 8 minutos. Calcula que, entre el desvanecimiento de Axel y la llegada al hospital, pasaron entre 16 y 19 minutos, “siendo generosos”.
“Ese es tiempo suficiente para que el cerebro, sin sangre oxigenada, entre en estado de hipoxia, y que esa hipoxia provoque un edema generalizado que fue determinante para el futuro de Axel. Se sabe que el cerebro se daña severamente por cada minuto sin oxígeno”, acusó Claus en uno de los tramos del posteo.
El cronograma al que accedió LA NACION ubica el colapso a las 9.38, el inicio del traslado a las 9.51 y el arribo al Hospital Fernández a las 9.55. Es decir, entre la descompensación y el ingreso transcurrieron 17 minutos.

De acuerdo con su testimonio, médicos del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires le informaron que “Axel pasó un tiempo prolongado sin ser ventilado de forma efectiva, por lo que su sangre no llevó oxígeno al cerebro, y no tuvo chances de sobrevivir”. Allí, según planteó su hermano, el atleta santafesino pasó sus últimas horas “luchando, con un corazón fuerte y un cuerpo sano, contra un cerebro que ya no emitía signos de tener conciencia”.
“Mi hermano Axel no tuvo chances, las cartas estaban dadas y su mano era muy mala. Nada va a traer a Axel de vuelta, solo los que lo conocimos sabemos lo que nos perdemos sin él. Ojalá que en el futuro los profesionales encargados de dirigir semejantes eventos tengan el tino de hacer las cosas ‘de la mejor manera posible’, y no solo decir que así fue, por el bien de otros Axel que disfrutan de la vida haciendo lo que les gusta”, concluyó.
En diálogo con LA NACION, Claus amplió el reclamo que había realizado días atrás en redes sociales y reconstruyó las horas posteriores a la emergencia sufrida por su hermano.
Según contó, se encontraba trabajando a pocas cuadras del centro médico donde Axel fue internado cuando recibió el llamado que lo alertó sobre lo sucedido. “Me dijeron que había sufrido un infarto. Dejé todo y fui para allá. Cuando llegué me enteré de que en realidad había tenido un paro cardiorrespiratorio. Estaba completamente descolocado y empecé a tratar de entender qué había pasado”, recordó.

En paralelo, un compañero de carrera de Axel intentaba seguir su rastro. De acuerdo con el relato de Claus, ambos se habían separado en algún tramo de la competencia y volvieron a cruzarse cerca de la llegada. “Axel le hizo señas de que estaba bien. Habían quedado en encontrarse después para volver al hotel, pero cuando vio que no aparecía empezó a preocuparse. Después recibió el llamado de que estaba en el Hospital Fernández”, precisó.
Claus aseguró que, una vez estabilizado, Axel fue trasladado al Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, donde los primeros estudios arrojaron resultados alentadores. Según explicó, el cateterismo no detectó arterias obstruidas ni otras afecciones cardíacas que permitieran explicar el episodio. “Nos dijeron que no habían encontrado nada en el corazón que justificara el paro”, afirmó.
Sin embargo, el cuadro cambió cuando comenzaron los estudios neurológicos. “Una médica nos informó que el cerebro estaba completamente edematizado. Nos explicó que eso ocurre cuando el oxígeno no llega adecuadamente al cerebro”, sostuvo.
Aun así, la familia mantuvo la esperanza durante los días siguientes. Según recordó, los médicos retiraron la sedación para evaluar posibles respuestas neurológicas y realizaron estudios que mostraban flujo sanguíneo cerebral. “Seguíamos esperando un milagro. Le hablábamos, lo acariciábamos y le poníamos música para que reaccionara”, contó.

Con el correr de las horas, el pronóstico se volvió cada vez más desfavorable. Claus recordó que el personal médico les advirtió que el daño neurológico era severo y que comenzaron a aparecer otras complicaciones, entre ellas fallas hepáticas y un edema generalizado.
Tras la muerte de su hermano, decidió revisar los videos que circularon en redes sociales y reconstruir la secuencia de los hechos a partir de distintos registros. “Empecé a analizar los tiempos y a tratar de entender qué había pasado. Ver cuánto tiempo estuvo detenido el corazón y cuánto demoró el traslado me generó muchas preguntas”, explicó.
En ese sentido, insistió en sus cuestionamientos sobre la atención recibida durante los minutos posteriores al colapso. “¿Por qué no lo ventilaron? ¿Por qué no lo intubaron en el lugar? ¿Por qué no se realizaron determinadas intervenciones antes? No tengo respuestas. Mi intención no es señalar culpables ni generar problemas. Solo quiero entender qué pasó y que esto no vuelva a ocurrir”, concluyó.
Quién era Axel Starke, el corredor que murió
Según consignaron medios de Santa Fe, el deporte ocupó un lugar central en la vida de Starke desde temprana edad. Entre los 8 y los 16 años jugó al rugby en Pucará, donde forjó amistades que conservó durante décadas.
Con el paso de los años desarrolló una fuerte pasión por el running y el triatlón, disciplinas en las que completó pruebas de 21 y 42 kilómetros. También practicó windsurf en el Lago Argentino, jugó al golf, esquió y obtuvo el título de timonel, lo que le permitió concretar el desafío de cruzar el Río de la Plata en plena sudestada.

Radicado en Rosario junto a su esposa y sus tres hijos, construyó además una extensa carrera en la industria hotelera. Al momento de su muerte se desempeñaba como gerente de los hoteles Savoy y Esplendor Savoy Rosario. Su trayectoria profesional lo había llevado a vivir y trabajar en distintos puntos del país y de la región, entre ellos El Calafate, Asunción, Buenos Aires y Corrientes.




