Se reconfigura el mapa religioso en la Argentina: cada vez hay más creyentes, pero cae la práctica en las iglesias
Crece la creencia en Dios, pero se debilita el vínculo con las iglesias y las prácticas tradicionales, en un proceso de religiosidad más individualizado, según un estudio de la UBA
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La Argentina profundiza un proceso de cambio en su mapa religioso: cada vez más personas sostienen creencias, pero se alejan de las instituciones tradicionales. Crece el número de personas que no cree y no practica, crece el sector evangélico, decrece la población católica y en todos los casos, son las mujeres las que sostienen las creencias en los hogares. Los datos más recientes difundidos por el Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, del Observatorio de las Creencias en Argentina (Ocrear), perteneciente al Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El estudio indica que se consolida una tendencia bajo una definición clara: el país es hoy más creyente que practicante.
El estudio muestra que una amplia mayoría de los argentinos afirma creer en Dios, pero esa adhesión no se traduce en prácticas regulares como asistir a celebraciones o rezar con frecuencia. El quiebre no es de fe, sino de vínculo: la religión organizada pierde centralidad como espacio de referencia, mientras gana terreno una espiritualidad más individual y menos estructurada.
Este fenómeno se expresa con mayor fuerza en los jóvenes, que presentan los niveles más bajos de participación institucional y de práctica religiosa. En contraste, los adultos mayores mantienen hábitos más arraigados, lo que marca una distancia generacional que anticipa cambios más profundos a futuro.
Los investigadores describen este escenario como un proceso de “desinstitucionalización religiosa”: la fe no desaparece, pero se redefine por fuera de las iglesias, los rituales y las autoridades tradicionales. En ese nuevo contexto, las creencias tienden a diversificarse y a construirse de manera más personal, con referencias que van desde lo espiritual hasta formas no religiosas de búsqueda de sentido.
Así, el cambio no implica una sociedad menos creyente, sino una en la que la religión deja de organizar la experiencia espiritual de manera centralizada. La Argentina, según esta lectura, no se seculariza en términos absolutos, sino que se transforma en una sociedad donde creer ya no significa necesariamente pertenecer.
El estudio habla de un “quiebre de la histórica hegemonía católica y la consolidación de un escenario marcado por la diversidad y la desvinculación institucional”. Según los datos relevados a partir de una encuesta probabilística de alcance nacional, de 904 casos, aunque el catolicismo continúa siendo la religión mayoritaria con un 57,7% de adeptos, la cifra se encuentra muy lejos del 90% registrado a mediados del siglo XX.
El dato más significativo, se explica, es la consolidación de las personas sin filiación religiosa (que incluyen a quienes declaran no tener religión, a las personas agnósticas y ateas) como el segundo grupo en magnitud, alcanzando un 22,4%. Este crecimiento “no implica necesariamente un vacío espiritual”, sino lo que los expertos denominan “creer sin pertenecer”: una religiosidad que persiste de forma autónoma, desvinculada de los templos y las estructuras formales.
Por su parte, el mundo evangélico se mantiene como la segunda identidad religiosa organizada con un crecimiento lento pero constante que se explica por el recambio generacional, según surge del informe. Los evangélicos pasaron de ser el 9% de la población en la medición del Conicet en 2008, al 15,3% en 2019 y hoy llegan a ser el 17,4%, lo que equivale a más de 8 millones de personas en todo el país, tomando como referencia la población oficial de 46.234.830 personas establecida por Censo Nacional de Población de 2022.
Otras religiones
Los tres grupos principales son el catolicismo, la población sin filiación religiosa y los evangélicos, que concentran el 97,5% de la población. Las demás creencias y religiones suman porcentajes bastante menores: los mormones fueron medidos junto con los testigos de Jehová (aunque son dos grupos completamente distintos) y entre ambos sumaron un 0,5% de la población. Esto, en números equivale a unos 233.675 personas de los dos grupos. Los mormones, el año pasado informaron que ellos solos ya tenían más de 500.000 miembros.
La religión umbanda/africanista representa, según este estudio, representa otro 0,5% de la población. Y los musulmanes son el 0,3%, equivalente a unas 138.000 personas. En tanto, los judíos son el 0,2%, lo que equivale a 92.470 habitantes,
El informe destaca que el motor principal de este cambio en el mapa de las religiones es un profundo proceso de reemplazo generacional. La edad es la variable que mejor explica el alejamiento de la fe institucionalizada.
“Por una parte, entre los jóvenes de entre 16 y 29 años, sólo el 44,6% se identifica como católico, mientras que el 31% declara no tener filiación religiosa. Esto contrasta con los adultos mayores de 50 años, donde el catolicismo conserva aún una posición dominante (69%) y sólo una minoría se declara sin religión (12,6%).”, señala Juan Cruz Esquivel, director del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina e Investigador de la Universidad de Buenos Aires y del Conicet.
Esta fractura sugiere, según señala el estudio, que las nuevas generaciones están configurando un mapa religioso mucho más fragmentado, donde la identidad católica ya no es la matriz única que estructura la vida social.
En términos de género, la situación tampoco es pareja: frente al alejamiento de los varones de las estructuras religiosas, el estudio confirma el patrón clásico de feminización de la religiosidad. Las mujeres presentan una mayor vinculación institucional, especialmente en el ámbito evangélico (19,3% frente al 15,2% de los hombres). En contraste, los hombres muestran una tendencia significativamente mayor a declararse sin filiación religiosa (25,7% frente al 18,8% de las mujeres).
El estudio hace ciertas consideraciones sobre el crecimiento del mundo evangélico: la define como una “expansión gradual pero constante”. Las mujeres presentan mayor vinculación institucional con la religión, especialmente las de extracción evangélica, señala el estudio. También es un grupo que crece entre las generaciones más jóvenes. El 23,6% de los que tienen entre 16 y 29 años dijo ser evangélico, contra el 17,4% de la población general. Esto significa que uno de cada cuatro jóvenes argentinos es evangélico. A su vez, en números totales, implica que más de dos millones de adolescentes y jóvenes son evangélicos.
“El mapa religioso presenta una clara diferenciación según nivel educativo. Los evangélicos se concentran en mayor medida en sectores con menor nivel educativo (22,5%), mientras que la población sin filiación religiosa crece en los niveles educativos medio y alto (28,5% y 27,9%, respectivamente). Estos datos evidencian una segmentación social del fenómeno religioso, en la que las distintas formas de religiosidad cumplen funciones diferenciadas”, señala el estudio.
Mientras que los sectores con menor nivel educativo muestran mayor adhesión a espacios evangélicos, asociados a redes de contención social, comunitaria y material, los sectores con mayor nivel educativo tienden a concentrarse en posiciones de no filiación religiosa, vinculadas a mayores niveles de autonomía cultural. Entre las personas que alcanzaron estudios terciarios o universitarios, los evangélicos representan el 8,6%, mientras que los católicos son el 60% y las personas sin religión, el 28%.
La conclusión principal del trabajo fue que Argentina atraviesa una reconfiguración profunda de su campo religioso, caracterizada por mayor diversidad, menor centralidad del catolicismo y una creciente diferenciación social de las formas de creer.
También se habla del “fin de la hegemonía católica: El catolicismo continúa siendo mayoritario, pero pierde capacidad para estructurar la identidad religiosa de la población”. Se menciona la consolidación de la pluralización: “El campo religioso se organiza en torno a múltiples formas de pertenencia, creencia y práctica”, dice el estudio que señala la centralidad del cambio generacional: “Las nuevas generaciones impulsan la transformación del mapa religioso”, se concluye.
También se menciona la desinstitucionalización de las creencias: “Crecen formas de religiosidad desvinculadas de instituciones”. Del mismo modo se destaca la segmentación social del fenómeno religioso: “Las distintas formas de religiosidad se distribuyen según condiciones sociales y nivel educativo”, apunta el trabajo.
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