Qué son los ataques de pánico
Los sufren entre el 2 y el 5 por ciento de los argentinos; cómo prevenirlos
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Pan, dios de la selva, de ganados y de pastores en la mitología griega, solía divertirse infundiendo el más profundo terror con su "trompetazo" estremecedor, o escondiéndose para sorprender a los viajeros que atravesaban bosques y montañas en la inmensidad de la noche.
De ahí, la palabra "pánico", del griego panikón, ese miedo grande, paralizante y total, causado por el dios Pan, bajo cuyo nombre se adoraba la naturaleza toda (el sentido de la voz "pan" es "totalidad").
Mitad hombre, mitad macho cabrío, hasta su propia madre se espantó al verlo así, cuenta la leyenda.
Pero en el ataque de pánico -una entidad nosológica que en nuestro país afecta entre el 2 y el 5% de la población- no hay imágenes monstruosas ni sonidos aterradores: es, en cambio, un episodio de profunda angustia, de aparición súbita, espontánea y racionalmente inmotivada, en el que se experimentan intensos síntomas físicos y emocionales.
Entre ellos, se destacan alteraciones cardiorrespiratorias (palpitaciones, dolor de pecho, dificultad respiratoria) y neurovegetativas (sudoración, mareos, escalofríos), asociadas a la sensación de muerte inminente o al miedo de perder la razón o el control sobre uno mismo.
"La intensidad emotiva es tan fuerte que se pierde la dimensión témporo-espacial; aunque la crisis suele durar unos pocos minutos -entre 3 y 10-, el tiempo transcurrido parece mucho mayor. Durante ese lapso, sólo el vacío, la nada, la muerte los rodea", explica a La Nación la doctora Adriana Rodríguez Trazia, de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Y agrega que las consultas por el trastorno aumentaron cerca de un 20% en los últimos 10 años.
Para ella, el deterioro de las redes sociales que existían previamente (el barrio, el club, "los chicos que ya no juegan en la calle"), sumado a una tendencia al aislamiento cada vez mayor, explicaría, en parte, el crecimiento de la problemática.
Miguel Tollo, presidente de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, también repara en la dilución del lazo social y en la pérdida del sentido de convivencia: "Vivimos en un medio inhóspito, que ha dejado de brindar contención afectiva", dice.
Miedo al miedo
La historia típica corresponde a una persona joven aparentemente sana, que consulta inmediatamente luego de haber sufrido, de manera repentina y sin justificación clara, un episodio de profunda angustia desconocida hasta el momento, que no consigue controlar y suele referir como "la peor experiencia de mi vida".
Con el tiempo, por temor a que los episodios se repitan, se comienza a desarrollar una actitud de preocupación constante, denominada ansiedad anticipatoria, que genera cambios en la conducta.
Así, "aparecen componentes fóbicos sobreagregados: la persona trata de evitar situaciones o lugares que asocia con crisis previas, o de donde cree que no podrá huir o recibir ayuda en caso de un nuevo ataque", explica Gustavo Kásparas, médico psiquiatra de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (Funcei). Esto último se denomina agorafobia y está presente en más del 75% de las veces. En ocasiones, la persona puede llegar a recluirse en su casa y abandonar sus obligaciones por completo.
"Si querés maldecir a alguien, deseale esa enfermedad", sintetiza un cronista de este diario, ya casi recuperado de sus viejos ataques de pánico y que debió pasar por varios especialistas hasta dar con el diagnóstico preciso.
"A pesar de que la descripción del trastorno -conocido desde hace tiempo y mencionado por Freud en 1895- es relativamente nueva, hoy casi todos los médicos saben reconocerlo", dice el doctor José Bozzo, jefe del departamento de psiquiatría del Hospital Británico.
Sin embargo, la gente frecuentemente cree que sufre una enfermedad física. De hecho, "en hospitales generales es motivo del 25% de las consultas con psiquiatría y del 16% con cardiología", agrega Bozzo.
Por tal motivo, "es fundamental que los servicios de emergencias cuenten con profesionales capacitados para diferenciar un ataque de pánico de otros problemas médicos, como el infarto agudo de miocardio", comenta el doctor José Luis Llach, médico psiquiatra.
Y subraya: "Lo que se necesita en ese momento no son tantos estudios -que asustan todavía más-, sino la contención emocional a una persona muerta de miedo".
Llach compara la sensación del ataque de pánico con el terror infundido por los aviones Stuka en la Segunda Guerra Mundial. Lanzados en picada, el ensordecedor sonido de sus sirenas bastaba para aterrar, y dispersar, a las tropas enemigas, que huían despavoridas. "El miedo mismo producía mucho más daño que la única bomba que cargaban", añade.
¿Sin causa aparente?
Ahora bien, ¿es realmente inmotivada la activación de mecanismos bioquímicos, cuya finalidad en condiciones normales es prepararnos para enfrentar una amenaza o emprender la retirada, pero que en los trastornos de pánico puede transformar las tareas cotidianas más triviales en irrealizables? Algunos autores hacen mención de probables desajustes en el "sistema de alarma" que se dispara espontáneamente.
También se mencionan componentes genéticos, ambientales, farmacológicos..., y una fuerte asociación con crisis vitales (climaterio, pubertad) y pérdidas (laborales, mudanzas, muerte de seres queridos, abortos).
Como fuere, "siempre existe un factor desencadenante: algo que ha quedado reprimido, que no se puede hacer consciente porque su significado nos resulta insoportable, y se manifiesta bajo la forma de un ataque de pánico, que es, en verdad, un ataque de angustia", dice el doctor Luis Chiozza, médico psicoanalista, en conversación con La Nación .
Por tal motivo, "para saber qué está ocurriendo y poder resolver la situación hay que buscar las causas inconscientes que desencadenan cada episodio: una idea, un sueño, un recuerdo...", comenta Diego Moreira, profesor de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.
El tratamiento incluye medicación (antidepresivos o ansiolíticos), psicoterapia y educación: "Es importante explicarles a la persona y a sus familiares que los miedos durante las crisis son imaginarios y que nada de lo que sienten les va a ocurrir", dice Moreira.
Para conjurar el miedo al combate, los griegos habían divinizado a Fobos y los guerreros lo honraban antes de partir hacia la guerra. Porque sabían que el miedo mismo podía ser tan devastador como un ejército entero, o el "trompetazo" de Pan, o la bomba de los Stuka...
"El pánico -escribió Freud- se produce cuando una multitud comienza a disgregarse; no cuidándose ya cada individuo sino a sí mismo, sin entender para nada a los demás. Rotos así los lazos, surge un miedo intenso e insensato."
Síntomas frecuentes
Según la descripción del DSM-IV (manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría):
En el ataque o crisis de pánico aparecen:
- Palpitaciones o aceleración del pulso.
- Malestar o dolor en el pecho.
- Problemas para respirar o sensación de ahogo.
- Sudoración.
- Temblor o escalofríos.
- Hormigueos o entumecimiento de manos.
- Vértigo, náuseas o mareos.
- Oleadas de frío y calor.
- Mareo, inestabilidad o desmayo.
- Deformación de percepción (desrealización) o sentirse despegado de sí mismo (despersonalización).
- Intenso terror a perder la razón, el control de sí mismo o la muerte inminente.
Nota: pueden aparecer, sin ninguna causa aparente, cuatro o más síntomas. Alcanzan su máxima intensidad en un plazo de hasta 10 minutos.
Trastorno por ansiedad:
- Trastorno de pánico (con o sin agorafobia).
- Fobia específica.
- Fobia social.
- Trastorno obsesivo-compulsivo.
- Trastorno por stress postraumático.
- Trastorno por stress agudo.
- Trastorno por ansiedad generalizada.
- Trastorno por ansiedad debido a una condición médica.




