Panda Elliot, la rockera
Con un estudio en plena construcción, esta cantante está más cerca de la música que nunca
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La rubia con aires místicos habla con total franqueza. “En mi tiempo libre trabajo”, empieza diciendo esta música que nos abre las puertas de su cueva –el sótano de la casa de sus padres devenido en estudio de grabación–, donde aprovecha para componer en cada rato libre que encuentra. Allí empezó hace 10 años, y es en ese mismo lugar donde se refugia para componer, grabar y producir. “No me doy cuenta de cuánto tiempo pasó y eso está bueno, pero a veces puedo alienarme bastante y convertirme en una criatura poco sociable”, admite.
Internet es una de sus herramientas clave, tanto para trabajar como para distenderse. “Ahí el ocio entra con videos de YouTube, veo lo que están haciendo otros cantantes o tutoriales de cosas que me interesan”, explica esta autodidacta que aprendió sobre construcción, acústica y albañilería navegando la web. “Lo hago más por cabeza dura que por habilidosa –explica–, no me sale bien lo manual, pero insisto en saber hacerlo, me niego a que cueste tanta plata”. Por otro lado, su veta lectora la ha llevado a incursionar en nuevas filosofías y distintas teorías sobre el mundo, aunque también se vuelca a temas prácticos para reforzar sus conocimientos de acústica y construir su próximo estudio de grabación.
Pero admite que su adicción es Netflix y las películas y series. “No tengo problema en estar sola, pero también me divierte salir. Me gusta el equilibrio, un poco de las dos cosas”, agrega. Habiendo vivido muchos años en Venezuela, reconoce que se ha hecho muy buenos amigos en los 10 años que lleva en Argentina, aunque carece del típico grupo “de toda la vida”.
Pero con tres hermanas mujeres y seis sobrinos, Panda disfruta mucho de su familia. Cuando no está todo el clan en la casa de sus padres, se suelen instalar en Uruguay a pasar las Fiestas, y ese es, para ella, el momento de mayor ocio, entre sus sobrinos, el mar y el tenis (deporte que practicó profesionalmente y con el que mantiene una relación de amor-odio). Gracias al negocio de decoración de sus padres en Punta del Este, las Elliot recorrieron el mundo en busca de productos, y Panda atesora paisajes y lugares recónditos, desde Marruecos hasta Croacia.
Aunque asegura no tener buena mano para lo culinario, sí se destaca por su habilidad para hacer tragos, algo que atribuye a sus raíces venezolanas. “Tengo mis cositas, pero no por haber hecho ningún curso, sino porque me gusta tomar”, remata entre risas.
PING PONG
¿Qué otra música escuchás? Merengue, Juan Luis Guerra me encanta. Siempre se escuchaba en casa, un poco de latinidad tocaba. Seré rubia y tiesa (¡no bailo nada bien!), pero me gusta. De hecho, en mi música se traducen algunos de estos ritmos.
¿El mejor disfraz que hayas usado? Una vez me disfracé de Penny Lane en la película Casi famosos. También me he vestido con enteritos de calaveras.
¿Un libro para llevarte a una isla y releer por siempre?Cien años de soledad.
¿Aplicaciones indispensables en el teléfono? La calculadora y la cámara de fotos. Podría perfectamente vivir sin todas las demás, no estoy todo el día conectada. De hecho, me tomé vacaciones de las redes… Mi mánager diría que está totalmente mal, porque es parte de mi laburo. Cuando me pongo las pilas lo hago, pero me es un esfuerzo, no es algo que me salga.
¿Trago predilecto? Whisky con hielo.
¿Una fobia? Las arañas, ¡no me gustan nada!
¿Un sueño por cumplir? Uy, ¡un montón! Pero que te pueda revelar..., conocerlo a Messi.
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