Mágico desencanto: un viaje en familia que postergaré lo máximo posible
Hay momentos en la vida en que los padres nos enfrentamos a preguntas difíciles, de esas que cuesta responder y que rogamos que se posterguen indefinidamente. Hace unas semanas, mi hijo de cinco años me hizo una de esas preguntas mientras caminábamos rumbo al jardín, cerca de las 8 de la mañana.
"¿Ma, cuándo vamos a ir a Disney?" Sí, la tan temida pregunta acababa de ser formulada y yo, entre el sueño y el frío matinal, alcancé a responder un "tal vez el año que viene", sabiendo que acababa de incurrir en uno de esos errores estratégicos que un adulto jamás debe cometer con un pequeño que tiene una memoria prodigiosa y difícilmente se olvide de lo que considera una promesa hecha y derecha.
Cada vez que alguien viene a decirme con una enorme sonrisa de que se va a Disney -enorme como el espacio que separa una oreja de Mickey de otra- mi media sonrisa los descoloca. "¿Disney?", pregunto mientras en mi memoria asoma el recuerdo de agotadores días bajo el sol de Orlando en pleno julio, interminables colas para acceder a un juego y gente, mucha gente yendo y viniendo con bidones de gaseosa en la mano y gorros de dudoso gusto con orejas en la cabeza para aplacar el insoportable calor.
Corrían los primeros años del menemismo y Disney asomaba en el horizonte de varias familias de clase media. Y hacia allí partí con la mía, con la ilusión de conocer por dentro y bien de cerca el icónico castillo de Cenicienta y ese mundo de fantasía que veía en las películas. Pero una vez allí comprobé que la fantasía es muy diferente de la realidad y volví desencantada de la magia de Disney.
Sí, soy de esas rarezas que no guardan un buen recuerdo de aquel lugar y realmente lo lamento porque cuando mi hijo me pregunta cuándo vamos a ir, y aunque yo le conteste que iremos pronto, internamente sé que postergaré ese momento cuanto como sea posible, igual que cuando me pregunte si existe Papá Noel.
Prefiero que siga creyendo que ese maravilloso mundo de fantasía está en algún lugar. Ya tendrá tiempo de comprobar que sólo existe en las películas.
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