
Las Toscas aún no encuentra soluciones
Los vecinos culpan a la curtiembre Arlei de una contaminación con víctimas; rechazo de la empresa
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LAS TOSCAS, Santa Fe.- Hace un año y medio, LA NACION alertó sobre un posible ambiente de contaminación. "Las Toscas, un pueblo con temor al veneno", fue el título de la crónica de mayo de 2000, en la que se hablaba de malestares, enfermedades y hasta de muertes.
El tema tenía relación con una curtiembre y con la utilización del cromo, con el conflicto desatado entre algunos vecinos y la empresa curtidora, y con la intervención de las autoridades ambientales y sanitarias de la provincia ante la preocupación del gobernador Carlos Reutemann, que prometía: "No vamos a permitir que Santa Fe se convierta en un basurero industrial".
Pasaron muchas cosas. Hubo más denuncias y demandas; se efectuaron controles y análisis sobre los pobladores; la curtidora Arlei inauguró una nueva planta de tratamiento de efluentes, y un fallo de la Justicia santafecina eximió de culpas a la empresa ante una acusación de la organización ecologista Greenpeace.
Pasaron 18 meses, pero los enfrentamientos, el temor y, por sobre todo, la desconfianza son los mismos. En Las Toscas, a 35 kilómetros del Chaco, en el norte de Santa Fe, sus 12.000 habitantes no viven con la clásica y merecida tranquilidad pueblerina.
Arlei emplea a 1200 trabajadores, y unas 6000 personas viven de la curtiembre. En los últimos años se dieron doce casos de leucemia, dos de ellos mortales. Vecinos agrupados en la ONG Ademans (Asociación de Defensa del Medio Ambiente del Norte Santafecino) culparon a la toxicidad del cromo usado en el curtido.
En mayo del año último, las autoridades provinciales realizaron análisis sobre 90 voluntarios, con resultados negativos. Pero Ademans asegura que en distintos hospitales se detectó un elevado grado de cromo en el material extraído a los enfermos.
En Buenos Aires hay tres demandas por daños y perjuicios impulsadas por un estudio de abogados y otra de 160 presuntos afectados patrocinados por otro letrado, que reclama un embargo de unos $11.000.000.
Martín Cirmi, presidente de Ademans, dice que hay nuevos enfermos, que la planta de tratamiento no es suficiente y que el subsecretario de Medio Ambiente, Aníbal Vázquez, "jamás negó la contaminación".
Arlei contrapone sólidos argumentos, como el fallo judicial que sobresee a su general manager , Mario Leiser, y a todo el directorio. También hablan de la planta de tratamiento, en la que invirtieron $ 5.000.000, y recuerda que antes de la obra, el sistema "era el mismo que usan, y con aprobación, las 100 curtiembres del país".
Muestra, además, el pedido de disculpas de Lalcec tras una informe sobre casos de cáncer que "jamás tuvieron referencia alguna a Arlei". Y una aclaración de la Cámara de Industrias Curtidoras, en la que se consigna el uso de cromo trivalente -no tóxico-, y un informe de Bayer que asegura que ese cromo no presenta riesgos cancerígenos.
Finalmente, exhibe un estudio realizado por la empresa aseguradora de riesgos del trabajo, que establece que no se encontraron índices no permitidos de cromo en los análisis practicados a todos los trabajadores.
Así las cosas, parecería que esto no tuviese fin. Quizá la solución esté en Las Toscas, en ellos mismos. Aquí hay un hombre de 36 años que el 10 de diciembre se hará cargo de la comuna. Es un herrero en el que confió la gente, que habla claro y que parece encarar las cosas bien de frente.
Se llama Darío Vega y dice: "Acá no se hizo nada y los candidatos evitaban hablar de la contaminación. Se dijo que yo iba a cerrar Arlei, pero yo dije que iba a exigir lo que se debe.
"Necesitamos una investigación del medio ambiente porque no hay informe alguno", se queja Vega y promete: "El mismo día en que asuma, visitaré la empresa con una carpeta de inquietudes por resolver y la municipalidad se constituirá en contralor. Es cierto que la Justicia se expidió, pero el problema real es que acá no hay monitoreos porque los aparatos son caros", confiesa Vega.
"Algún informe -prosigue- dirá que no hay contaminación, pero le garantizo que sobra desconfianza. En el hospital hablan de problemas respiratorios y diagnostican. El médico dice ah, es que usted vive en Las Toscas... , pero ninguno dice la causa de la enfermedad, nadie pone el gancho ."
Vega sabe de la importancia de Arlei para la economía del pueblo y observa con preocupación la avalancha de juicios. "Demandan a la empresa, ¿pero quién le permitió radicarse?: la comuna", pregunta y se responde. Y repite: "Por sobre todo, aquí hay una gran desconfianza".
Será él entonces quien cuente con las armas para solucionar esto para dar un final al tema de la contaminación -si existe- y para terminar con la antinomia entre los vecinos y la principal industria del pueblo. Vega sabe lo de la desconfianza y en él está que todos vuelvan a confiar.
En el intendente electo, en un hombre del mismo pago, quizá Las Toscas encuentre la tranquilidad.
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