
Las orcas encallan para comer
Se trata de una particular técnica de caza; hay pocos casos en el mundo
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PUERTO MADRYN.- En pocos días más, y durante todo octubre y noviembre, se produce en el sur de nuestro país un hecho que no por natural deja de ser sorprendente. Las orcas se acercan a comer a la playa y para cazar a sus presas exhiben una conducta que intriga a los investigadores del comportamiento animal: encallan intencionalmente en la costa; algo que ocurre en muy pocos lugares del mundo.
Estudian el varamiento de las orcas en el Sur
PUERTO MADRYN.- En Punta Norte (península de Valdés), a más de 1500 kilómetros al sur de la Capital, el mar parece ocupar el trono y se impone ante el árido terreno, que le devuelve, con igual belleza, un despliegue monumental de elefantes y lobos marinos. Los caminos que llevan a esta reserva del Chubut parecen las mismas huellas que dejó el tiempo.
De octubre a noviembre, y entre febrero y abril, principalmente, se produce aquí, y muy cerca, en Caleta Valdés, un hecho natural del ecosistema: la orca se acerca a comer. Las presas son, precisamente, los lobos y elefantes que pueblan la costa.
En las playas desiertas -y con una conducta casi única-, los ejemplares cazadores se lanzan generalmente a gran velocidad y, en forma transversal o diagonal a la línea costera, se impulsan hacia adelante mediante la potente aleta caudal; así, varan desde la mitad hasta las dos terceras partes de su cuerpo sobre la costa para capturar su alimento.
Hay que contar con que los machos suelen pesar ocho toneladas y miden hasta nueve metros, mientras las hembras llegan a las cinco toneladas y a los seis metros de longitud.
Esa conducta fue estudiada por Juan Carlos López durante los 13 años que fue guardafauna en Punta Norte. En 1979, los resultados de esos estudios fueron presentados en un congreso científico sobre mamíferos marinos en Seattle, Estados Unidos. Hasta ese momento, el varamiento intencional de orcas no se conocía con certeza y el investigador argentino presentó 360 casos registrados en la península.
Hoy se sabe que ocurre lo mismo en las islas Crozet, en el océano Indico, y en la Antártida, adonde López también viajó para extender su investigación.
"Desde cuándo y por qué razón las orcas de esas poblaciones se especializaron en la compleja y riesgosa práctica del varamiento para sobrevivir cazando es un misterio que probablemente nunca podamos develar", explicó a La Nación López, que hoy dirige el Proyecto Orca Patagonia-Antártida, que lleva a cabo charlas, talleres y seminarios en todo el país.
Crónica del descubrimiento
Era enero de 1975 y el mar destilaba quietud en Punta Norte. Las aletas de siete orcas surcaron el agua, muy cerca de la costa, en una suerte de coordinación premeditada, y volvieron a sumergirse.
López había dejado su departamento de Carlos Pellegrini y Marcelo T. de Alvear, en la Capital Federal, para ser guardafauna en esa reserva, el único apostadero continental de elefantes marinos del mundo. Cuando las vio esa mañana, nunca más pudo dejar de observarlas.
Desde entonces, el investigador lleva 23 años trabajando con orcas en libertad. Entre otras cosas, realizó el primer catálogo de identificación que existe en nuestro país, lo que le valió el reconocimiento de varios investigadores de renombre internacional.
Quién es quién
La orca es un cetáceo de amplia distribución mundial, pero aún se desconoce su población real. El grupo familiar es matriarcal, dirigido por una hembra adulta, que generalmente es madre y posiblemente abuela de varios de los integrantes del grupo. Viven gran parte de su vida juntos, formando lazos familiares muy estables, y poseen dialectos propios, lo que no evita la comunicación con otras manadas.
En el mundo están siendo estudiadas aproximadamente 1300 orcas, que tienen nombre propio, puesto que la base de un estudio de comportamiento es la identificación individual de cada ejemplar.
Así, se analizan cientos de fotografías tomadas de la aleta dorsal y de la mancha ubicada detrás de ésta (llamada montura) para obtener la característica particular de cada orca. Una vez realizado este trabajo, se le da un código y un nombre al individuo.
Documento de identidad
Cuando López comenzó con sus observaciones, agradeció más que nunca ser dibujante. Ante la falta de una máquina fotográfica, llevó al papel cada detalle del cetáceo. Y fue Bernard Würsig, un conocido investigador norteamericano de delfines que se encontraba en la zona, quien le prestó una cámara y se transformó en el asesor científico del trabajo. En su homenaje, una de las primeras orcas identificadas se conoce como Bernardo.
"En la Argentina, hay varios grupos o poblaciones que no están siendo estudiados. La única que conocemos, hasta el momento, es la de península de Valdés, llamada población PN (Patagonia Norte), que se está moviendo de la bahía San Blas hasta la desembocadura del río Chubut y la plataforma continental", indicó López.
Hoy existen 18 orcas identificadas en este lugar, que, además de lobos y elefantes marinos, comen peces, delfines, ballenas francas, pingüinos de Magallanes y otras aves marinas. En el mundo, se sabe que su dieta incluye 82 especies diferentes.
Un eslabón en la cadena
"Hay que tomar a la orca tal cual es, sin interpretaciones y sin especulaciones que puedan confundirnos, comprendiendo su real importancia en el equilibrio ecológico como el eslabón más alto de la cadena alimentaria del mar", insistió López, que no escatima esfuerzos en destacar el error que existe cuando se la llama "ballena asesina".
Motivos no le faltan: hace nueve años descendió en el mar junto con un equipo de la BBC de Londres para observarlas en su medio.
Sin protección alguna (el animal la hubiera percibido), se interpuso en el camino que une dos loberías y se enfrentó cara cara con cuatro orcas hambrientas. La reacción de ellas fue la de observarlo de cerca y seguir su camino.
"El único caso conocido de agresión al ser humano fue el que se registró contra un surfista que se desplazaba sobre el mar en las costas de California. La orca lo tomó y lo soltó; pero la explicación podría encontrarse en que había visto focas antes y, desde el mar, la forma de la tabla con las manos del joven a los costados impulsándola le reflejaba una imagen similar a la de una de sus presas. No obstante, es prudente evitar la actividad en el agua con ellas", agregó.
Con un libro en plena elaboración y un proyecto en estudio para volver pronto a la Antártida y continuar investigando, López no se cansa de pensar en el mundo de las orcas. "Pero en libertad", aclara, sin dejar de clavarle la vista al mar.
Conferencia
El jueves próximo, a las 19, en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (Sarmiento 299), Juan Carlos López dictará una conferencia sobre "Las orcas... Las llaman asesinas". La entrada será libre y gratuita. Más información sobre el tema puede encontrarse en Internet, en a href="https://webs.satlink.com/usuarios/o/orcas.
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