
La movida volvió a La Boca
Con música que invita a bailar y comida económica, las viejas cantinas atraen cada vez más público
1 minuto de lectura'
Las cantinas de La Boca, un clásico porteño y algo kitsch que convocaba a alegres multitudes durante los sesenta y los setenta, volvieron a colocarse hoy al tope de las preferencias de la gente a la hora de organizar celebraciones familiares, despedidas de soltero, aniversarios y otros festejos.
Este olvidado rincón de la ciudad, teñido por la nostalgia de los italianos recién venidos, el azul y oro de Boca Juniors y el nada fragante Riachuelo, parece resurgir de sus propias cenizas para transformarse una vez más en un polo de atracción. Y no sólo para turistas, sino también para "inmigrantes" de los más lejanos barrios de la ciudad.
Así, durante las celebraciones de las fiestas, las cantinas que sobrevivieron al duro trance de hiperinflaciones y demás inclemencias económicas se dieron el gustazo de exhibir un lleno total.
"Fue una vuelta paulatina. Desde hace tres años se nota un importante incremento en la cantidad de mesas que se ocupan por fin de semana. Por suerte hay viernes y sábados en que no cabe ni un alfiler", dijo a La Nación Emilio Di Iorio, uno de los propietarios junto a David Mugnay de Il Piccolo Vapore, tradicional reducto de ese "corredor festivo".
Los recuerdos de las épocas doradas, cuando Spadavecchia -por citar otra de las históricas- estaba incluida en las guías de viaje de los visitantes europeos que gozaban a lo grande con los desprejuiciados bailes de las cantinas, se precipitaron.
Una nueva oleada, que podría atribuirse a una cuestión de moda o que bien podría responder a una manera económica de obtener diversión, abre expectativas a los propietarios de los restaurantes.
"Hoy por hoy, una cena-show en cualquier restaurante cuesta mucho más que 18 pesos. Aquí, por esa plata, la gente come bien y se divierte a lo grande en un ambiente familiar", consignó Di Iorio, quien también despunta el vicio de locutor y animador.
Y parece ser cierto que la fiesta está asegurada. Luis Lombardero, un podólogo de 47 años, confesó ser irreductible a la hora de elegir lugares para celebraciones especiales. "Las cantinas tienen mística, en ellas siempre hay un ambiente de hermandad. Creo que la camaradería y la confraternidad son pilares de hierro para que la diversión no tenga fin", explicó, al ser consultado por La Nación .
Como pez en el agua
Más tarde, cuando el festejo en el que Lombardero estaba inmerso (la despedida de soltera de una agradable señorita de nombre Florencia) había tomado temperatura, se lo vio, micrófono en mano, como un locuaz colaborador de los incansables animadores. Lo hacía muy bien, hay que decirlo. Según se pudo observar, mucho de lo que Lombardero sostiene como una axioma parece ocurrir en esos restaurantes. La música arrancó con canzonetas napolitanas, siguió con La Raspa e, inevitablemente, remató con una tarantela. Todos los temas son acompañados por teclados, batería y una verdulera (una especie de pequeño bandoneón).
Al ritmo de esos sones peninsulares, a los que se sumaron de un golpe panderetas, maracas y palmas, el fervor que los comensales ya insinuaban en las mesas se volcó definitivamente a la pista.
La alegría se apoderó del reducto y de los visitantes, que comenzaron a participar de la fiesta. Los cantantes contratados por la cantina (José Alfredo y Gineix) son los que marcan el rumbo. Desde los archiconocidos éxitos del ex gobernador tucumano Palito Ortega hasta los más rimbombantes éxitos de Lía Crucet, la increíble Tetamanti.
Claro que jamás quedan a un lado cumbias, chamamés, alguna que otra ranchera con relaciones y tangos en ritmos acelerados. Todos los ritmos encuentran su lugar en las ruidosas cantinas.
Pero el momento cúlmine llega, sin dudas, cuando irrumpe el primer vals de la noche. La pista, repleta de bailarines, pareció esa noche no poder contener el aluvión. Sin embargo, hubo lugar para quien quisiera participar.
Martina Marino (33), cosmetóloga, bailó con todos. En un alto de su frenética danza dialogó con La Nación . "Elegimos las cantinas de La Boca porque acá nos desatamos. Nadie molesta, todos se suman a la alegría... En fin, siempre que venimos la pasamos genial".
Sus últimas palabras se mezclaron con algunos acordes de Johann Strauss que emitía sin cesar la orquesta (aunque el propio autor jamás los hubiera reconocido). Había vuelto a la pista, esta vez su ocasional compañero era este cronista, que en su afán por completar el testimonio había accedido a dar unos giros con la joven. Gajes de un oficio peligroso.
Entre amigos
Marcia Bustos (32), empleada bancaria, también estaba en la pista, pero había llegado con otro grupo de gente. "Es un lugar excelente para una reunión con amigos o compañeros de trabajo. Lo malo de esto es que hay algunos que se inhiben por tener que subir al escenario a bailar o a cumplir con alguna de las prendas que los alegres animadores proponen con ingenio", dijo, al tiempo que señaló la mesa donde dos mujeres conversaban con un muchacho.
Sin moverse de las sillas, el trío resistió a la insistencia de sus compañeros. Y se justificaron: "No nos gusta el ambiente. Tampoco nos atraen las fiestas", dijeron, casi a coro, Elena D´Appie y Guadalupe Grasse. Mario de Barrio, que integraba el terceto, prefirió la contundencia: "A mí esto me deprime". Se fueron temprano.
La decoración de las cantinas tiene, por lo general, una ambientación con reminiscencias náuticas. Partes de barcos, redes, gruesas sogas, anclas, ojos de buey y frescos en relieve con sirenas y escenas marinas son detalles inequívocos.
Tanto es así que hasta los mozos, veteranos de mil lides, también están vestidos como marineros. Y algunos se animan a cantar (ver recuadro).
El menú es suculento. Al mejor estilo italiano hay un antipasto o una picada con varios platitos, luego ravioles y fideos con tuco, pollo al horno con papas y, de postre, helado.
Ariadna Scorza (27), especialista en terapias alternativas, tuvo un párrafo para la comida. "El menú se adecua a las circunstancias. Es sustancioso, pero al mismo tiempo digerible, para salir a la pista en cualquier momento. Eso sí, lo único que no se puede tomar en grandes dosis es el vino, en cualquiera de sus colores", sostuvo.
Pero sus dichos se diluyeron con la realidad. Casi en el mismo acto, ahogó su última frase con un brebaje ambarino y, sin dudarlo, se sumó a la pista a continuar con el loco frenesí de los bailarines que, por esas horas, formaban un típico trencito. De esos que, inexorablemente, siempre vuelven al punto de partida.
De xeneixes, bohemios y otras rarezas en azul y oro
La Boca del Riachuelo, tal la antigua denominación, es una porción de tierra de la ciudad de Buenos Aires que tiene una rica historia de desencuentros, con personajes que trascendieron las fronteras de nuestro país y que, en alguna oportunidad, tuvieron en vilo al gobierno porteño y también al nacional.
Fue cuando un grupo de bohemios con claras intenciones separatistas y revolucionarias fundaron, a mediados de los 60, la República de La Boca.
El humor se apoderó de aquellos intentos y hasta el mítico Minguito Tinguitella -personaje que componía el recordado Juan Carlos Altavista- se jactó de ser "un boquense de ley".
En cuanto a las personalidades que caminaron sus irregulares adoquines y que no sólo se enorgullecieron de haber nacido y vivido en ese barrio típicamente inmigrante, sino que lo pasearon por el mundo, figuran verdaderas celebridades como Benito Quinquela Martín, Enrique de Gandía, Juan de Dios Filiberto, Amadeo Cichero y Juan Banchero, entre otros.
Un país siempre alegre
Con la ostentación de rimbombantes títulos nobiliarios y estrafalarios atuendos, los componentes de la República de La Boca fueron quizá, sin saberlo, los pioneros de una interminable tradición de alegría que suele emular las celebraciones de los primeros inmigrantes genoveses que tiñeron a La Boca de desprejuiciada alegría. Una alegría que, según parece, nunca se fue.
El paisaje marinero se completa con la tradicional Vuelta de Rocha y su Caminito, donde cotizados artistas plásticos exponen su imaginación en las paredes del vecindario.
El paseo se ha convertido, en sí mismo, en un sitio de recalada obligada para los city tours que guían a los visitantes extranjeros.
La Boca es también donde late el corazón futbolístico del país, siempre que se crea aquello de que los xeneises son la mitad más uno...
Si lo sabe, ¡cante!
Los personajes, en las cantinas de La Boca, están a la orden del día.
A nadie sorprende en un ambiente netamente festivo que Juan Carlos, el mozo que ataviado con un ropaje típicamente marino recorre las mesas con maestría para colocar cada plato en su lugar, deje a un lado inhibiciones y vergüenza y se convierta en el centro de atracción de la sala.
Es el momento del tango. El hombre evoca las clásicas letras de Cadícamo, Manzi, Contursi, Ferrer y Canaro, entre otros grandes, y se lo advierte absolutamente compenetrado en las trágicas historias.
Así, Juan Carlos deja de ser el mozo y se convierte, de un salto, en el rey de la noche. Todos aplauden a rabiar. El hombre sonríe y agradece. Pero su modestia le alcanza para saber cuándo tiene que dejar el escenario.
Es la hora, entonces, de los más jóvenes. Allí tallan José Alfredo y Gineix. Pero estos artistas no forman un dúo sino que alternan en el proscenio de Il Piccolo Vapore y en el de Genarino, otra cantina que está a unos metros.
Es un juego singular. Cada veinte minutos rotan, y el que estaba en Genarino irrumpe con una arremetida de batería o de trompetas en Il Piccolo Vapore. Todo un desafío vocal y, por qué no, físico.
Ellos, a diferencia de Juan Carlos, rememoran viejos éxitos de artistas populares como Sandro, Roberto Carlos, Serrat, el Puma Rodríguez, Armando Manzanero, sólo por citar algunos. Y no se olvidan, claro está, del inefable Nicola Paone, aquel de la cafetera que hacía "blú, blú".
Los cantantes tienen, de ese modo, la posibilidad de hacer su trabajo con públicos diferentes, con un repertorio fijo y, en un subir y bajar de escalones, cosechar un redoble de aplausos que coloque la autoestima en lo más alto de la escala.
1- 2
Ciudadanía italiana: qué es el referéndum, cómo votar en la Argentina y qué consecuencia puede tener no participar
3Ciudad: a pedido de los vecinos, la Justicia frenó nuevas habilitaciones comerciales en una elegante zona residencial
4Hígado graso: cuál es la dieta más eficaz para tratarlo y el endulzante que hay que evitar


