
Furor por las pulperías: 30.000 personas participaron de La Noche de los Almacenes
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Varias columnas de humo y luces de colores se ven desde lejos en la ruta nacional 205 como si fueran una isla en movimiento en medio de un mar de oscuridad. Es Roque Pérez, donde alrededor de 30.000 personas se acercaron de todas partes del país a disfrutar la sexta edición de La Noche de Los Almacenes, un evento que ha crecido a través de los. Más de 15 pulperías, almacenes y bares de campo abrieron en forma simultánea durante toda la tarde de este sábado y la madrugada del domingo, en el evento de identidad y gastronomía rural más grande del país.
"En cada uno, una historia, en cada uno, un show, en cada uno, una cena, en todos, una Noche", esta consigna resume el espíritu de este encuentro. A través de las pulperías y almacenes de ramos generales se construyó la historia y se creó la identidad de Roque Pérez. "Tomamos la decisión de recuperar esos espacios abandonados que expresaban nuestro pasado histórico y la memoria colectiva", explica José Luis Horna, intendente interino, quien estuvo presente de un modo activo en todo el evento recorriendo cada una de las pulperías.
Hubo carnes al asador, pernil de cerdo, cordero, empanadas, picadas y aperitivos: fueron la excusa para caminar por los distintos recorridos que cruzaron a través de los polvorientos caminos rurales, todo el mapa del distrito. "Quisimos revolarizar nuestra historia, primero para nosotros, y luego para que todos la conozcan", resumió Graciana Uruslepo, secretaria coordinadora de Gestión Municipal, una de las ideólogas del evento.

A partir las 18 horas salían micros gratuitos desde el centro de Roque Pérez hasta el Paraje La Paz, a 15 kilómetros. Desde muy temprano, una larga cola de autos congestionó la ruta 205, a tal punto de provocar su cierre durante las horas nocturnas. Bajo la luz de las estrellas, cada almacén fue una luz amiga que cobijó.
La Noche de los Almacenes se desarrolló en parajes y pueblos, donde había que llegar por caminos de tierra, huellas acostumbradas al silencio. La particularidad fue que cada almacén tenía que asociarse con una institución, ya sea una escuela o un club. De esta manera, también se ayudó a la sociedad roqueperense en forma directa.
Existe una importante prosapia patrimonial en Roque Pérez de notables y –hoy- legendarios boliches de campo. En el Paraje La Paz está en pie una pulpería de 1832 que autorizó (está allí este documento histórico) el propio Juan Manuel de Rosas, por allí frecuentaba el indomable gaucho Moreira. A partir de 1859 llegó desde Ancona un grupo de inmigrantes italianos, con Pedro Coltrinari, a la cabeza, que dieron nacimiento a este paraje y a La Paz Chica, a menos de diez kilómetros de distancia. El Almacén de Ramos Generales La Paz fue desde aquel año, el punto de encuentro de la familia rural.
En ambos parajes, una pléyade argentina de almacenes y pulperías abrieron sus puertas, y en cada uno hubo un show folclórico y en todos se ofreció comida criolla, este aroma se sintió a varios kilómetros. Se destacó en este itinerario el Cine Club Colón, único cine rural activo del país, recuperado entre los vecinos, la escuela del paraje y la municipalidad, que fue epicentro de la movida. El bisnieto de su creador, César Coltrinari, junto a su familia, atiende la cantina ofreciendo aperitivos, saludable ceremonia de campo que renace en este mostrador longevo que huele a tiempo pasado y bien vivido. "La Noche de los Almacenes me volvió a conectar con este edificio", reconoce.

"Roque Pérez al tener un origen de chacareros pobres italianos, españoles y vascos fue formando una sociedad bastante igualitaria, no existen familias patricias, ni casonas aristocráticas", reconoce Horna. El detalle social explica por qué en las pulperías y bares de campo se creó la identidad de un pueblo acostumbrado al trabajo.
"Esta fiesta fue creciendo hasta transformarse en un hecho mágico", asume el jefe comunal. "La clave del éxito es la difusión, el boca a boca", traduce en palabras el sentimiento de ver tantas personas buscando conocer almacenes de campo de su pueblo, Martín Parzianello, también productor de esta fiesta popular. "La gente quiere regresar a estos lugares, que son de encuentro", afirma.
"Yo nací acá y ver tanta gente me emociona, vuelve a ser todo como antes", reconoce Marcos Riccetti, cantor y poeta local, quien durante toda la noche entonó sus versos en el Almacén San Francisco, que se inauguró en 1933, y fue hecho en aquellos años entre los vecinos del paraje La Paz Chica. "Tardaron tres años, se juntaban los gauchos los domingos a comer asado y a construirlo, es de adobe, fue siempre un almacén de la comunidad", explica Samanta Krause, detrás del mostrador, con una bandeja de crujientes y doradas empanadas. En la cocina del boliche Luis Peralta, acuna las bondiolas que salen del horno. Son deseadas y buscadas. "Con las manos, diez minutos antes de que estén listas, la acaricio con mostaza y mayonesa, ese es el secreto", dice. "Hace un año la probé y ahora regresé, estar acá es impagable", reconoce un hombre que vino con su familia desde Mar del Plata, cruzando media provincia.

A treinta kilómetros de Roque Pérez, en un desvío de la ruta 30, bajo un diáfano manto estelar está el paraje Forestieri. Al fondo del camino rural, se presentía el movimiento. El paraje, de menos de 50 habitantes, recibió a 300 personas, el centro de reunión fue el almacén La Querencia, de 130 años de antigüedad. "Ofrecemos lo nuestro, hospitalidad y carnes asadas, todos los vecinos del pueblo ayudan", resumió Gisela Ponchione, dueña del boliche. La soledad del lugar se asombró al tener que contener tantas sonrisas y emoción, el lugar fue una pintura costumbrista viva.
Carlos Beguerie es un pueblo de 400 habitantes, y durante la noche recibió a más de 1500 curiosos que visitaron los Almacenes La Perla, Lo de Juana, Los Amigos, antes de llegar estaban El Gramiyal y El Descanso, donde enseñaban a bailar danzas folclóricas, ambos con sus mesas completas. El Centro Tradicionalista Los Bagüales, apuntó a las artes gauchas y concentró el más puro sentir del hombre de campo. A caballo o en auto, los caminos rurales compartieron su tranquilidad con 30.000 personas que decidieron pasar una noche en los almacenes solitarios en un rincón del mapa bonaerense que late a ritmo lento, sin apuros, con las tranqueras abiertas.
Fotos de Enry Bonanna y Cecilia Zuccotti
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