
En Puerto Madryn, el mar se vive por dentro y por fuera
Las playas y el buceo atraen turistas
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PUERTO MADRYN, Chubut.- Carolina y Andrea cumplían ayer el ritual de todas las tardes. Desembarcaban en la playa vestidas -o, mejor dicho, desvestidas- para matar. Ataviadas con shorts mínimos, que hacían prever biquinis aún menores, las chicas saludaban a todos a su paso. Aunque son de Vicente López, ya tienen amigos locales: en Yoaquina, el balneario más visitado por los jóvenes, se hicieron de nuevas amistades, de todos los rincones del país.
"Hasta hace unos años, nuestras familias veraneaban en la costa, pero la verdad es que Madryn está mucho mejor", aseguró Carolina, que proyecta empezar a estudiar Arquitectura cuando vuelva a Buenos Aires.
Como las familias de estas dos jóvenes, cada vez son más los que eligen las playas sureñas para disfrutar del Atlántico en verano. Situada a sólo 67 kilómetros del aeropuerto de Trelew, Puerto Madryn combina en su paisaje mar y mesetas.
Además, su cercanía con respecto a la península Valdés la convierte en un punto estratégico para los que quieren disfrutar de la fauna marina sin alejarse demasiado de la ciudad.
"No es común poder disfrutar de estas playas en el Sur -explicó Juana de Tejedor-. El mar parece un lago y la arena es preciosa." Juana llegó con su marido, José, desde Río Gallegos, mientras que sus hijos adolescentes rotan para acompañarlos.
"Son playas tranquilas y limpias. Acá la gente cuida su ciudad y respeta mucho al turismo", afirmó Ana Mancini, una porteña que vive en Comodoro Rivadavia y que decidió su destino tempranamente. "A los diez años dije que me iba a venir a vivir al Sur. Me enamoré de Madryn y cumplí: aquí estoy", explicó mientras se asoleaba con sus hijos Johanna (13) e Ignacio (10).
Media docena de balnearios se sucede a lo largo del boulevard Brown. Cada uno intenta captar un segmento de los veraneantes: los hay para adolescentes, para amantes de los deportes náuticos, para familias y para jóvenes en busca de sol y romances.
Sin embargo, muchos no se limitan a observar las azules aguas del golfo Nuevo desde la costa. Se internan en ellas.
El buceo es la opción preferida para los que pasan sus vacaciones en estas playas.
No en vano Madryn es conocida como "la capital subacuática de la Argentina". Sus aguas calmas y transparentes encierran una interesante variedad de flora y fauna, que vale la pena ver bien de cerca.
Nerviosos, Mariela Caminos y Raúl de Michelis se disponían a realizar su inmersión de bautismo, junto con esta enviada especial. Viven en Verónica, a unos 90 kilómetros de La Plata, y eligieron el Sur para pasar sus vacaciones.
A pesar de la ansiedad, sabían que estaban en buenas manos: su instructor era Jorge Natale, de la empresa Lobo Larsen.
En el fondo del mar
Después de pertrecharlos con neoprene, ponerles el tubo de oxígeno y darles algunos consejos fuera del agua, llegó el momento esperado. De a uno, los novatos se sumergían en las profundidades marinas de la mano de Natale.
El lugar elegido para el bautismo era el Parque Las Piedras, una formación rocosa situada a seis metros de profundidad.
"De acuerdo con la visibilidad y el estado del tiempo, elegimos el lugar -confió Natale-. Este es un sitio seguro y bajo, es decir, un buen lugar para bautismos."
El primero en zambullirse fue Raúl. La cara de felicidad con la que emergió tranquilizó a los demás principiantes.
"Es una experiencia bárbara -fueron sus primeras palabras-. ¡No se puede creer lo que ves allá abajo! Aunque al principio me asusté, porque tragué un poco de agua, después estuvo todo bien y lo disfruté mucho."
En su recorrido submarino, Raúl pudo ver cara a cara a decenas de salmones, meros, turcos y gobios, además de un suelo tapizado de caracoles y estrellas de mar.
Mariela no tuvo tanta suerte. Su oído izquierdo le jugó una mala pasada y no pudo llegar más allá de los tres metros.
Aunque lo intentaron dos veces, Natale prefirió no arriesgarse. "Si los oídos no quieren, yo prefiero no seguir", le aclaró.
Natale se mudó a Madryn hace 13 años, cuando unas vacaciones como mochilero lo tentaron a dejar el Barrio Norte donde nació.
Aprendió a bucear al tiempo que se ganaba la vida juntando mariscos en las profundidades.
Su experiencia y su enorme cuerpo infunden respeto.
No en vano le dicen "el oso".
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