Cuestionan a las cadenas de farmacias
La iniciativa ya fue aprobada por la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados de la Nación
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Las aspirinas ya no se podrán vender en los quioscos, sólo en farmacias. Y un mismo dueño no podrá tener más de tres establecimientos farmacéuticos ni se podrán instalar los locales a menos de 300 metros de distancia entre sí.
Estas son algunas de las normas que podrían entrar en vigor si prosperara un controvertido proyecto de ley para regular la actividad farmacéutica, que ya tiene la aprobación de la Comisión de Acción Social y Salud Pública de la Cámara de Diputados, y que hoy da dolor de cabeza a las grandes cadenas, como Farmacity, Zona Vital, Farma 10, Vantage, y las firmas mexicanas Dr. Ahorro y Dr. Simi.
Esta última anunció el mes pasado su intención de sumar 200 farmacias a las nueve que ya tiene en la ciudad y así tener más participación en el sector que mueve $ 5000 millones al año.
El proyecto de ley pertenece al diputado Guillermo Amstutz (PJ-Mendoza) y lleva la rúbrica, entre otros, del radical Aldo Neri, ex ministro de Salud. "Apunta a rejerarquizar la farmacia, que es un agente de salud. Se realiza sustitución de medicamentos con los genéricos, esto exige una responsabilidad profesional. Hoy se está más cerca de un drugstore norteamericano, donde se vende cualquier cosa", dijo Neri.
En el ítem referido a la propiedad, la iniciativa indica que no se podrá utilizar la figura de la sociedad anónima como propietaria de una farmacia, algo que utilizan ahora las grandes cadenas. "Sólo puede autorizarse la instalación de farmacias cuando su propiedad sea de personas físicas, de sociedades de responsabilidad limitada (S.R.L.), como único tipo societario autorizado para ello, y de asociaciones mutuales, obras o sindicatos. Una misma persona física o S.R.L. no puede ser propietaria de más de tres farmacias habilitadas", indica el proyecto.
Críticas en cadena
"Si prospera, el resultado será un aumento en el precio de los medicamentos, como sucede en la provincia de Buenos Aires -rige una ley similar al proyecto-, donde la actividad está regulada y los medicamentos son entre un 5 y un 10 por ciento más caros", explicó el directivo de una de las cadenas líderes en el negocio, que solicitó el anonimato.
Desde el Ministerio de Salud de la Nación se informó que están al tanto del proyecto, que "no hay una posición tomada y firme al respecto, y que se lo estudia con mucho cuidado". El proyecto debe ser tratado por las comisiones de Comercio -en la que no tiene fecha aún-, Industria y, por último, Defensa del Consumidor.
Para Ricardo Aizcorbe, vicepresidente de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), el proyecto va en favor de la salud de la población: "Las cadenas han producido una concentración del mercado. En los barrios las farmacias están cerrando y se está perdiendo una red importantísima. El medicamento es un bien social, no un producto".
Marcelo Squassini, director ejecutivo del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de Capital Federal, dijo que el proyecto es "absolutamente valedero". Y agregó: "Es algo que anhelamos hace años, que el medicamento se venda solamente en las farmacias. Los grandes capitales son para Callao y Santa Fe, pero no para Villa Lugano, porque allí no hay atractivo económico".
En quioscos y en locales de barrio
En las farmacias de barrio la noticia del proyecto para la regulación de la actividad farmacéutica generó expectativa favorable.
"En principio es una buena manera de revertir las últimas leyes que flexibilizaron el gremio. Contra las grandes cadenas compito con la atención personalizada, con los precios no puedo", dijo a LA NACION Leticia Roselli, propietaria y directora técnica de Las Boticarias, con 30 años en la misma esquina de Paraguay y Jean Jaurès, en Barrio Norte.
"Ellos tienen al farmacéutico escondido en el local, yo atiendo personalmente", agregó Roselli, mientras le aconsejaba a un cliente qué líquido utilizar para una nebulización.
Los quiosqueros también mostraron su sorpresa por la difusión del proyecto, aunque se quejaron porque de sancionarse no podrán comercializar más remedios de venta libre y se ven perjudicados porque ya les restringieron la venta de alcohol.
Gustavo Romanón, propietario de un quiosco de la avenida Pueyrredón y Santa Fe, dijo a LA NACION mientras acomodaba los paquetes de cigarrillos en el alto exhibidor: "Va en mi contra, porque vendo algunos analgésicos y antiácidos, pero me parece bárbaro que controlen. No van a influir en la venta, pero es algo menos, si ya nos sacaron la venta de alcohol... Pero estaría bueno, entonces, que las farmacias no vendan caramelos ni chocolates".
En Santa Fe al 2400, Walter, de 43 años, quiosquero, se quejó: "Cada vez le sacan más productos al quiosco y así no se puede seguir".





