
Cuando los delfines son las estrellas
En el acuario marplatense la gente tiene la posibilidad de ser sus entrenadores por una hora y también de verlos en un espectáculo artístico nocturno a metros del mar; accedé a la fotogalería
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MAR DEL PLATA- Los siete están en el borde de la gran piscina. Los cuatro machos sacan la trompa y esperan el alimento que les dará su entrenador; las tres hembras, incluida la pequeña Isis que nació en junio del año pasado, esperan los mimos de su adiestradora. Al lado de ellos un grupo de chicos de entre 7 y 12 años los miran asombrados y con ganas de tocarlos.
Aunque a la noche tendrán el primer show nocturno de la temporada, los delfines del Aquarium de Mar del Plata, están a la tarde junto a esos niños que serán entrenadores por una hora. Les darán de comer, harán las señas para cada uno de los trucos, se sacarán fotos y estarán cerca del hábitat de estos animales, más curiosos y sociables que los delfines que viven en el mar. "Se comportan diferente. Buscan todo el tiempo el contacto con las personas", le explica a lanacion.com Jorge Freire, uno de los entrenadores. "Se genera una relación con nosotros y con la gente. En el mar un delfín se puede acercar a observar un bote, pero cuando lo querés tocar se escapa".
El sol no acompaña a la tarde marplatense y el día no está para playa. Por eso los delfines tendrán mayor cantidad de público en el show diurno y una agenda cargada. Primero, la sesión con los chicos; luego la presentación diaria en el que despliegan todo el repertorio de saltos y piruetas; y a la noche la primera velada de enero, una producción que combina el espectáculo artístico y la actividad acuática.
El encuentro con delfines es una propuesta nueva y permite interactuar con estos animales que pueden medir hasta 2,5 metros y pesar hasta 180 kilos. La gente se acerca y conoce sus características más de cerca. No los pueden tocar porque hay una ley que lo prohíbe.
"Los chicos se van asombrados y a los grandes se les despierta el chico. En el show vemos llorar a muchos a adultos", cuenta Jorge que les toca la trompa a los machos y les acaricia el lomo. Los entrenadores sí pueden estar en contacto con ellos. Levanta las manos con las palmas hacia abajo y los delfines se quedan quietos; con un zigzagueante movimiento de brazos los delfines salen disparados, desaparecen debajo del agua y segundos después pegan varios saltos en el centro de la piscina. Se ganaron un poco de pescado.
Luego las hembras obedecen, se paran sobre su cola y se deslizan hacia atrás. También reciben su premio, que puede ser un elemento para divertirse como una pelota o un aro. "Trabajar con ellos es muy confortable, da placer y es un gusto. Son animales que aprenden muy rápido y son inteligentes", dice Jorge.
-¿Sufren viviendo en un acuario?
No, y eso lo demuestra el nacimiento de Isis hace seis meses. Como cualquier animal los delfines, si están cómodos, van a reproducirse. Acá tienen una vida normal, en grupos sociales y sin cambios significativos. Ellos están acostumbrados a vivir en este ámbito.
Nervios del debut. La inestabilidad del clima que acompañó toda la tarde se siente también de noche. En el sur el viento y la bruma marina son más fuertes. Por momentos cae una leve llovizna mientras el faro apunta con su poderosa luz hacia el mar. Aunque el show debe continuar los organizadores de Alquimia, el espectáculo nocturno, dudaron en suspender la función. "Se hace", decidieron finalmente.
Ahora el acuario está iluminado. La pileta desprende luces de diferentes colores y un mago hace trucos en el medio de la tribuna. Aparecen actores que personifican duendes y hadas, cuatro mujeres realizan una coreografía de nado sincronizado y salen a escena los delfines. Es una explosión de piruetas y saltos en constante interacción con cuatro entrenadores. Uno de ellos surfea sobre el lomo de un delfín mientras los otros son empujados sobre el agua. Delfín e instructor desaparecen y luego emergen, elevándose verticalmente en una única figura.
Es la noche del debut, pero los animales parecen no darse cuenta. Ya llevan un mes y medio entrenándose a la misma hora. "Hay mucha diferencia entre show nocturnos y diurnos sobre todo en la adaptación para trabajar en la pileta con luces que vienen desde afuera y que los encandilan. Ellos [los delfines] notan la diferencia en los trajes y la música, pero se adaptan en el entrenamiento", explica Ana Mocoroa, una de las entrenadoras.
Los animales responden muy bien a la primera prueba nocturna de 2011. A pesar de la baja temperatura, que los afecta porque son delfines del Caribe, la llovizna y el cambio de escenario no sienten los nervios del debut. "Siempre estamos más nerviosos nosotros que ellos", reconoce Ana. Los artistas se fueron, el público también. Sólo quedan entrenadores y delfines, cuidando esa relación que va más allá de cuando se apagan las luces.
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