Con escáneres y controles inéditos, miles de médicos rinden el examen para residencias en la Ciudad
La evaluación reúne a más de 6000 postulantes y presenta un operativo de seguridad reforzado tras las sospechas de fraude del año pasado, con controles electrónicos y nuevos protocolos de ingreso
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Con controles más estrictos, esta mañana comenzó el examen de residencias para médicos en la Ciudad. Más de 5100 profesionales debieron pasar por escáneres y guardar celulares o relojes inteligentes en bolsas especiales antes de poder acceder al aula asignada en las facultades de Ciencias Médicas y Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde este año se organizó la evaluación.
El récord de inscriptos para este año se evidenció en las filas que se formaron a la redonda de ambas sedes desde minutos antes de las 7, cuando aún no habían abierto las puertas para el ingreso. A esa hora, llegaron los exámenes impresos: se trasladaron con custodia policial desde la Universidad Tecnológica Nacional y el mismo procedimiento se utilizará para llevar los exámenes de Económicas a Medicina una vez que se cumplan las 2,5 horas asignadas para rendir.

Ya pasadas las 7.30, cuando se habilitaron los tres accesos dispuestos en las facultades, las filas rodeaban las manzanas. En lo que Valentina y Candelaria demoraron en caminar por Paraguay, Junín y Marcelo T. de Alvear para hacer la fila, tuvieron que seguir avanzando por Uriburu hasta encontrar a los últimos a metros del acceso a la facultad sobre Paraguay. “Esperamos que sea coherente el contenido del examen”, señalaron las dos egresadas de la Universidad del Salvador (USAL). Una se inscribió para hacer la residencia en psiquiatría y, la otra, en pediatría.
Ambas, como otros en la fila se iban sumando a contar, comenzaron a prepararse para rendir el año pasado con un curso privado e intensificaron la práctica “mucho más” en los últimos meses.

Hasta el año pasado, la Ciudad, la provincia de Buenos Aires y la Nación compartían este examen anual para asignar sus cupos; ahora, van por separado tras las sospechas de fraude durante la evaluación de 2025, en la que al menos un médico utilizó anteojos inteligentes para responder el cuestionario. “Es malísimo este cambio”, respondió, rápido, Candelaria antes de seguir avanzando. “Hay mucha incertidumbre”, agregó, mientras Valentina asentía. Las dos, como gran cantidad de los postulantes inscriptos en el examen porteño, se inscribieron también en la instancia de la Nación y la provincia de Buenos Aires para sus hospitales e institutos.

En la ciudad, los 8631 profesionales que se anotaron para las residencias básicas y posbásicas están compitiendo hoy por 1200 cupos que habrá disponibles en el sistema público y las instituciones que adhirieron a la jurisdicción: los hospitales de la UBA, el Hospital Churruca, el Hospital Italiano de Buenos Aires, el Hospital Alemán, el Instituto Fleni, el Cemic y los sanatorios Güemes y Méndez.

“Es un retroceso este cambio. Hay que estar rindiendo en distintos lugares un examen parecido”, dijo Diego, médico egresado de la UBA. A diferencia de sus colegas, aguardaba con paciencia sobre la acera, de cara a las escalinatas de la entrada a Medicina.
Su madre, junto a él, acumulaba la ansiedad por ambos. “Lo veo tan tranquilo y la que está más nerviosa soy yo”, agregó y soltó una carcajada. “Me preparé con los apuntes de la carrera y practiqué con multiple choice con preguntas sobre los apuntes. También usé ChatGPT para formular las preguntas y generar resúmenes de los temas”, contó. Busca lograr una vacante para hacer la residencia en anestesiología, sea en los hospitales porteños, bonaerenses o nacionales, ya que se presentará al examen de las tres jurisdicciones. “Es difícil, pero no imposible”, sumó sin la ansiedad que se notaba en el resto.

Sobre la avenida Córdoba, del otro lado de la Plaza Houssay, avanzaban las filas por los accesos sobre las calles Junín y Uriburu. Como en Medicina, pocos llevaban bolsos o mochilas. La mayoría llevaba en mano el celular, el DNI, uno o más bolígrafos negros y tablas de acrílico o madera para apoyar el examen, según las condiciones de los organizadores.
A lo largo de la fila, surgían las mismas opiniones sobre la eliminación del Concurso Unificado entre la Nación, la Ciudad y la Provincia. Tener que estar atentos a todas las fechas del proceso establecido por cada jurisdicción, desde la inscripción hasta el examen de acuerdo con la especialidad. Para los que ya trabajan, en el caso de haberse inscripto a dos o las tres instancias, se duplican o triplican los días a pedir para el último repaso y para ir a rendir.

Josué, egresado de la UBA, destacó de la organización a cargo de la Dirección de Docencia, Investigación y Desarrollo Profesional del Ministerio de Salud porteño que los hayan separado entre los que tienen más o menos de cinco años desde el egreso. “Es un poco más ordenado”, señaló mientras apuraba el paso para entrar por Junín al área de acreditaciones en la planta baja de Ciencias Económicas.
En ambas sedes, después de ese primer paso, integrantes de la organización, identificados con pecheras, los ayudaban a guardar los celulares apagados y otros dispositivos electrónicos en bolsas Faraday. Recién entonces, avanzaban a las líneas de escáneres de cuerpo entero. Unos pasos más allá, personal de Seguridad también reforzaba esos controles con detectores manuales. En el acceso a Medicina, para agilizar la entrada de los más de 3800 postulantes asignados a esa sede, se instaló un escáner de bolsos portátil en la vereda, sobre la calle Paraguay.
También en las dos facultades se dispusieron aulas en distintos pisos para rendir. En el aula magna de Medicina, por ejemplo, había mil postulantes asignados.

El comienzo del examen, por los controles, se demoró justo una hora. La ansiedad crecía a la par en los que ya se iban sentando, con las preguntas y la grilla de respuestas dentro de una bolsa plástica a la que tenían que pegar el sticker con un código que contiene los datos de cada postulante. A las 10 en punto, Daniel Ferrante, viceministro de Salud porteño, dio inicio formal a la evaluación en la Facultad de Medicina. En Ciencias Económicas, se demoró un poco más. “Les deseamos la mejor de las suertes”, dijo el funcionario.
Enseguida, Andrea Andreacchio, directora General Docencia, Investigación y Desarrollo Profesional, dio el permiso que todos esperaban en ambas sedes: “Abran las bolsas”. Ahí, comenzó la cuenta regresiva. “Mucha suerte –agregó Andreacchio–. Recuerden que tienen 2,5 horas”.
El primer examen se entregó a las 11.18 y lo recibió Andreacchio en la sede de Medicina. A las 12.30, se dio por finalizada la evaluación en esa sede, mientras que en Ciencias Económicas se postergó hasta las 13.30 por una mayor demora inicial. Sobre la Plaza Houssay, se iban reuniendo en grupos a medida que salían. Intercambiaban aciertos y errores con más o menos preocupación, sobre todo por el tiempo para rendir, más exigente que en años anteriores. Esta vez, hubo un solo tema, pero las preguntas se habían ordenado de manera aleatoria.

“Estuvo bastante acorde el contenido. Quizás estuvo muy justo el tiempo. Eran 100 preguntas. La organización de las preguntas era dificultosa porque saltaban de pediatría a psiquiatría y otras disciplinas, con poco tiempo”, comentó Melina Michelucci, médica egresada de la UBA, antes de pasar los molinetes de acceso en la planta baja de la Facultad de Medicina. Busca poder acceder a uno de los cupos en pediatría de los hospitales Elizalde o Gutiérrez, en la ciudad.
Tomás Marín avanzaba hacia la salida con la constancia de haber rendido en mano minutos después del mediodía. “Habían bastantes preguntas sobre especialidades. Casi todo era cardiología, hipertensión, pediartría, vacunación. No fue accesible, pero tampoco muy difícil”, describió el egresado de la Universidad Austral. Quiere hacer la residencia en diagnóstico por imágenes, con preferencia en instituciones privadas que adhirieron al examen de la ciudad “por la tecnología disponible”, argumentó.

También, rendirá en un mes el Examen Integrado del Ministerio de Salud de la Nación. “A mi me beneficia el cambio que hubo este año porque tengo un mes más para estudiar después de lo que me preguntaron hoy”, agregó ante la consulta de LA NACION.
A las 13.30 se dio por terminado el examen para los que rendían en la Facultad de Ciencias Económicas. A Alexis Beccaria, egresado de la UBA, le tocó rendir en el salón de planta baja del nuevo edificio, al que se accede por Uriburu. “Estuvo acorde en comparación con el de años anteriores. Acortaron el tiempo que teníamos para responder, de 4 a 2,5 horas, y llegué justo, con unos 5 minutos a favor. No más”, dijo al salir del salón, luego de entregar sus respuestas.

También rendirá el 7 de julio en la instancia nacional. Se inscribió en ambos por los centros en los que quiere hacer la residencia en cardiología: el Hospital Argerich, que depende de la ciudad, el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) que comparte vacantes en ese concurso con la UBA y su propio concurso, o la Fundación Favaloro, que adhirió al Examen Integrado con el Ministerio de Salud de la Nación.
Pasadas las 14, la organización trasladó los examenes de los postulantes que habían rendido en la Facultad de Ciencias Económicas en un automovil oficial con custodia de la Policía porteña.
El cronograma del Examen Unificado continuaba por la tarde, a partir de las 14.30, con la evaluación de los postulantes a las residencias en el resto de las especialidades del equipo de salud, incluido enfermería y bioquímica, además de los profesionales que harán la residencia posbásica en alguna subespecialidad, luego de haber completado la residencia básica.
De los 8631 inscriptos de este año para la evaluación porteña, 6278 lo hicieron para medicina, de los que finalmente se presentaron 5154 a rendir este miércoles. La mayoría (3193) lo hizo en las aulas de la facultad sobre la calle Paraguay. En los controles, los organizadores detectaron la rotura del precinto de la bolsa Faraday de un postulante que había terminado de rendir en una de las aulas del primer piso y anularon su examen, con intervención del área de Jurídicos del Ministerio de Salud porteño, según pudo saber este medio.
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