Bioy anticipó su próximo cuento
Un guiño y una sonrisa bastaron para demostrar que aún es un seductor. Con 84 años recién cumplidos y dolorido tras haberse caído al tratar de alcanzar un libro de su biblioteca, Adolfo Bioy Casares aseguró que "le daría el alma al diablo inmediatamente" si a cambio le permitiera volver a vivir los mejores años de su juventud. "Soy feliz cuando invento una buena historia y por suerte eso sigue funcionando", dijo antes de contar a La Nación su último cuento inédito.
Debido a su necesidad de guardar reposo por la lesión en el pie, el autor de "La invención de Morel" recibió ayer en su casa al presidente de la Asociación Entrerriana General Urquiza, Julio César Caviglione Fraga, a miembros de la comisión directiva de esa institución y al escritor Antonio Requeni, que le rindieron homenaje.
Para este reducido público el escritor relató: "Dos jóvenes terminan de jugar al tenis y uno de ellos le ofrece al otro llevarlo a su casa en auto. Llegan a un paso nivel que tiene las barreras bajas y deciden cortar camino por el bosque. El coche se apaga y comienza a llover".
Según lo que adelantó el autor, mientras esperan que pase la tormenta los protagonistas conversan sobre el tema de que el dolor físico no es transferible. Más tarde se lo comentan a un médico y éste fabrica un aparato que facilita los diagnósticos, ya que permite al profesional sentir lo que siente el paciente.
"Por el descubrimiento lo agasajan en un centro médico. Como se venden muchos aparatos, un tiempo después las autoridades de esa institución lo vuelven a invitar para homenajearlo. Pero cuando llega encuentra que en la clínica los enfermos les trasmitieron sus dolencias a los médicos. Entonces lo condenan a muerte", concluyó.
Proyectos "tontos"
Bioy Casares dijo que sus proyectos actuales son "un poco tontos: seguir escribiendo". Cuando se le ocurre una nueva historia la piensa bien y luego invita a alguna amiga a almorzar y se la cuenta. "Si a ella le gusta, la escribo", aseguró.
Además del cuento citado, ahora se encuentra corrigiendo sus recuerdos . "En esta historia deliberadamente voy muy despacio porque la musa no me ayuda a encontrar un buen final", confesó. Y comentó que casi todos los capítulos empiezan así: "Esta noche Borges cenó en casa".
Los ojos le brillan y no se queja. Sólo manifestó su preocupación por su "incapacidad para manejar las finanzas" y porque últimamente la realidad imita a algunos de sus libros. Confesó además que lo que lo entristece de la muerte es "no ver la luz del día siguiente".
- 1
2Ciudad: a pedido de los vecinos, la Justicia frenó nuevas habilitaciones comerciales en una elegante zona residencial
3Paro universitario: el año comenzó con una medida de fuerza y crece la incertidumbre sobre el inicio de clases
4Agostina Páez: llega a juicio cercada por la justicia brasileña y con intensas gestiones diplomáticas para su retorno



