
La hipoacusia puede relegar a quienes la sufren a la soledad y el aislamiento. Por eso se impone iniciar su tratamiento ni bien se detecta
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A principios de siglo, cuando todavía el cine no había aprendido a hablar, una profesora de niños sordos llevó a sus alumnos a ver un melodrama de esos a los que nadie les negaba una lágrima. Sin embargo, sucedió lo contrario: en el momento más conmovedor de la película, los chicos comenzaron a reír a carcajadas. Ante la sorpresa de la profesora, los niños explicaron que sus risas se debían a que se habían dado cuenta de que los actores no estaban recitando algo relacionado con la trama de la historia, sino que bromeaban entre ellos. Como el cine en esa época no tenía sonido, nadie iba a darse cuenta. Pero estos niños tenían una ventaja sobre el resto de los espectadores: sabían leer los labios.
Lo cierto es que, salvo en ocasiones como ésta, las personas hipoacúsicas (con deficiencias en la capacidad auditiva) deben enfrentar muchas dificultades. "Antes a los sordos se los llamaba sordomudos porque no podían hablar -dice la licenciada Teresa Castresana de Herrera, directora y profesora de la carrera de Licenciatura en Fonoaudiología de la UBA-. Llevó bastante tiempo darse cuenta de que en realidad no hablaban porque no escuchaban y, por lo tanto, no desarrollaban el lenguaje." Incluso se llegó a atribuir la mudez a problemas psicológicos.
Hoy las cosas han cambiado. Se sabe que esta patología debe ser abordada desde diferentes aspectos: tanto desde el punto de vista médico como desde el educativo, el lingüístico y, no menos importante, el social.
Primero, al médico
"Existen distintos grados de hipoacusia: desde las leves a las agudas hasta llegar a la anacusia (sordera total) -explica el doctor Santos Tieso, de la división otorrinolaringología del hospital Pirovano-. Pueden ser de un solo lado o bilaterales. Aunque el origen de cada una tiene diferentes causas, las hipoacusias conductivas y las perceptivas son las más conocidas, pero las últimas son las más preocupantes, ya que llevan a un individuo a tener serias dificultades para relacionarse. Tienen que ver con lesiones en las células nerviosas."
Cuando la hipoacusia se instala en la madurez surgen problemas para comprender a los demás y para hacerse entender, lo que lleva al aislamiento. Además, se corre peligro de sufrir accidentes, por ejemplo, al cruzar la calle. Sin embargo, es peor aún cuando el inconveniente existe desde el nacimiento. "Entonces, se requerirá un gran esfuerzo para adquirir el lenguaje", explica el otorrinolaringólogo.
Sin tiempo que perder
Gran parte de la información que recibe un ser humano llega a través de los oídos, por eso la consigna de los especialistas es solucionar el problema lo más rápido posible. Hoy existen varios métodos para la detección temprana. Hasta se puede saber si un niño es sordo desde que está en la panza de la madre, aunque hasta que nazca no se puede actuar.
"Tal es la trascendencia de la detección temprana que en otros países se exigen ciertos exámenes ya en el Servicio de Neonatología", afirma Herrera. Según el doctor Tieso, una vez que se descubre el trastorno, además de tratar al chico se instruye a la madre para que lo ayude a poner en juego sus otros sentidos.
"Hay cosas muy importantes que ella debe saber - afirma -. Por ejemplo, que no tiene que apagarle la luz cuando lo acuesta, porque es como si uno lo sepultara todas las noches." Por otro lado, tampoco hay que colocarlo en lugares muy encerrados como un moisés con muchos adornos, sino en sitios amplios, para que recibe muchos estímulos visuales.
Además, el especialista asegura que de ese modo mejora mucho la relación del bebe con la madre. "Cuando ellas no saben que su chiquito es sordo, les hablan y no reciben respuesta y pierden el interés", explica Tieso. En estos casos, en cambio, hay que ubicarse siempre de frente y desde un lugar en que el chico pueda ver a quien le habla. Si se actúa correctamente en la estimulación temprana, luego la escolaridad resultará más sencilla.
Qué hacer
Una de las cuestiones que aún se discuten es si los hipoacúsicos deben aprender el lenguaje de señas o deben ser oralizados.
Hay dos corrientes contrapuestas. Por un lado, hay quienes aducen que conviene que aprendan el idioma de señas ya que los sordos de por sí se expresan mucho con sus manos, y les resulta más fácil. Pero otros sostienen que de esa forma se verán obligados a vivir apartados de quienes no los entienden. Esta corriente defiende la integración a la sociedad a través de la oralidad.
"Es el método universal para comunicarse -afirma el doctor Tieso-. Así, podrán realizar tareas tan importantes como pedirle el boleto al chofer del colectivo." Sin embargo, el especialista reconoce que, si bien la mayoría lo hace, no todos logran aprender el lenguaje oral. Pero aunque el esfuerzo es muy grande, hasta un hipoacúsico severo puede entonces llegar a hacer una vida prácticamente normal.
Un detalle para tener en cuenta es que nuestra Constitución no les da derechos civiles a las personas que no son capaces de expresarse por escrito. Por ejemplo, no se las considera hábiles para establecer negocios.
Para la licenciada Herrera, hoy se tiende al bilingüismo; es decir, a comenzar tempranamente con la lengua gestual e ir acompañándola de oralidad. "Creemos que es la mejor manera de rehabilitar a una persona con discapacidad. Además, ¿quién tiene derecho a decidir que un niño que no escucha se maneje por señas y no hable?"
Un abanico de soluciones
Hay distintas formas de abordar el problema de la sordera que dependerán del tipo y grado de hipoacusia. En las conductivas (por problemas en la región externa y media del oído) existen tratamientos médicos y tratamientos quirúrgicos. En cambio, en las perceptivas hasta hace poco tiempo sólo se utilizaban los otoamplífonos (audífonos). Aunque existan diferentes clases, de acuerdo a lo que requiere cada caso, no siempre el paciente logra adaptarse. "Pero la mayoría de las veces se debe a que no les han enseñado a usarlos correctamente", explica la Licenciada Herrera. Justamente ésa es una de las tareas de las que se encargan los fonoaudiólogos.
Un nuevo método permitió un gran avance para los que sufren hipoacusias perceptivas severas cuando los otoamplífonos no dan resultado. Se trata de los implantes cocleares. Por medio de una intervención quirúrgica, se colocan dentro del caracol electrodos que estimulan las células nerviosas que se encuentran en la cóclea . Así, a través de señales eléctricas se produce la llegada de las señales sonoras a la corteza cerebral, que es donde se produce la audición. Se trata de un procedimiento complejo que requiere de un equipo interdisciplinario. Hay pacientes que llegan a mantener conversaciones telefónicas. Pero son muy costosos: un buen audífono ronda los 1000 $ y un implante coclear, cerca de los 30.000 $.
Para agendar
Señales de alerta
Escuchar la TV con mucho volumen. Mareos y zumbidos.
Dónde consultar
- Hospital Rivadavia. Te: (O11) 4809-2000
- Hospital Pirovano (Servicio de Otorrinolaringología) Te: (011) 4542-5679
Sistema exquisito y delicado
La hipoacusia y cómo prevenirla
- Puede ocurrir por problemas genéticos, como una malformación del pabellón.
- Es esencial que las mujeres en edad de embarazarse hayan recibido la vacuna contra la rubeola, porque si la madre se contagia durante los tres primeros meses de gestación existe un riesgo importante de que el chico nazca con algún grado de sordera.
- Prácticamente cualquier infección que se dé durante este período implica un peligro.
- Otras causas que pueden provocar este trastorno son la incompatibilidad entre la madre y el feto, la cosanguinidad (casamiento entre primos, por ejemplo) y algunos remedios como los ototóxicos (para el oído).
- Los sonidos, como ocurre en ciertas fábricas y discotecas, no deben superar los 60 decibeles.




