Junto al mar, cerca de Puerto Madryn, funciona en una gran casa de estilo normando de principios del siglo pasado y está atendida por sus dueños
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Sebastián Stocker se interesó por la conservación gracias a los pigüinos. Durante años se ocupó de cuidar la pingüinera de su campo, El Pedral, y pronto notó cómo crecía. “Entonces tomé conciencia y valoré que además tuviéramos cormoranes, lobos y elefantes marinos”, cuenta el dueño de la estancia que fue fundada en 1920 y es un emblema de Punta Ninfas. Estamos en el norte de Chubut, a una hora y cuarto de Puerto Madryn. Charlamos mientras almorzamos después de caminar por los senderos de la reserva que está en la estancia y que, de septiembre a abril, agrupa a alrededor de 10.000 ejemplares de pingüinos de Magallanes.
La historia del lugar empieza así. Afincado en la región, el vasco Juan Arbeletche (de sobrenombre Félix) tenía una estancia, La Cantábrica, en medio de la estepa de Península Valdés y estaba casado con María Olazábal. Porque ella decía extrañar el verde de Europa, él le compró las tierras de lo que luego sería Estancia El Pedral, con costa sobre el golfo y muy buenas napas. En 1920 empezó a levantar la casa –de estilo normando y ensamblada acá–, sin calcular que la terminarían en 1923, después de la muerte de su mujer, en 1921. Tuvo dos hijos: Juan y María Pía. El varón heredó La Cantábrica, mientras que la mujer, El Pedral.





Algunos años y generaciones más tarde, los herederos de El Pedral le vendieron la estancia a Rosemarie Reuter, la abuela de Sebastián Stocker. La transacción se hizo en 1991. Detalle, vendieron las 14.000 hectáreas del campo, pero se quedaron con la casa y las 83 hectáreas de alrededor.
“Rodolfo Grimm, mi bisabuelo materno, vino de Alemania a Puerto Madryn en 1908. Tuvo cuatro hijos: Guillermo, Frida, Elsa y Rodolfo Grimm, mi abuelo, que era lanero y se casó con Rosemarie Reuter. En 1953, mi abuelo compró Bahía Cracker, el campo de 15.000 hectáreas que es vecino a El Pedral. Tuvo dos hijas, Rosemarie (h) y Silvia, mi madre. Instalados en Buenos Aires, pero siempre ligados a Chubut, me traían de chico para disfrutar de Bahía Cracker, que siempre fue un lugar fundamental de mi infancia”, relata Sebastián, que es ingeniero agrónomo. Y agrega que su abuela luego compró El Pedral para aumentar el negocio lanero. Años más tarde, la familia de Rosemarie (h) se quedó con Bahía Cracker, mientras Silvia y sus hijos se quedaron con El Pedral.





¿Qué ocurrió con la casa de El Pedral? Los dueños la abrieron como hotel en la década del ’90 y en 2004 se la vendieron a Burco, del belga Hubert Gosse, que hizo una gran inversión para mejorarla. En 2014, Burco lo vendió a la empresa Southern Spirit de Héctor Tiño Resnik, que lo manejó un tiempo. Finalmente, en 2025, la compró Sebastián Stocker con su hermano Santiago.
“En 2008, Humberto, antiguo encargado del campo, vio las primeras cuatro parejas de pingüinos de Magallanes que hacían nidos las costas de nuestra estancia. Entonces contactamos a Pablo Popi García Borboroglu, biólogo marino del Conicet y fundador de la Global Penguin Society, para empezar la conservación. En 2012 creamos un refugio natural de vida silvestre, y vimos crecer la pingüinera hasta llegar a los números actuales. Ahora, con la compra del hotel de El Pedral, podemos trabajar mejor en la conservación de los pingüinos y de toda la fauna marina de la región”, cuenta Sebastián.





Casado con Miriam Vázquez, Sebastián tiene tres hijos: Evelyn, Sebastián y Mateo. Su mujer –con el menor de los hijos– está a cargo de recibir los huéspedes en el hotel, que abre en temporada, entre 15 de septiembre a 15 de abril. La propuesta hotelera incluye la posibilidad de sumarse a una excursión diaria a la pingüinera que termina con un almuerzo de cordero al asador. Está también la chance de ir en auto hasta el Faro de Punta Ninfas, a donde se llega por la RP 5. O de visitar el galpón de esquila de la estancia, donde Miguel, el encargado del campo comparte detalles de esta actividad agropecuaria tan identitaria de la Patagonia.
Durante la estadía, se pueden hacer senderos de diferente dificultad, como el Cañadón del Guanaco, que llega al mar e implica tramos muy aventureros. O, el Cañadón Casimirio, que es más corto. E ir en auto hasta Punta León, para ver cormoranes. Y asomarse a una lobería, desde los acantilados. Otro plan es almorzar en el Puesto de Ponce, que es de adobe y muy bonito, y está cerca de otro apostadero de elefantes y lobos marinos. Porque El Pedral volvió a sus orígenes y es mucho más que un hotel. Es un gran casco de estancia atendido por sus dueños, con kilómetros de campo y costa, entre fauna y pingüinos.





Datos útiles
Estancia El Pedral. Reciben en 8 habitaciones (7 dobles y una triple) con baño privado. Ofrecen las cuatro comidas y acceso a la pingüinera y al Faro de Punta Ninfas. Coordinan los trekkings y paseos por el campo para ver fauna marina. Estadía mínima de dos noches. Consultar estado del camino antes de salir. Tarifas por noche, por persona, en temporada alta (del 15 de septiembre al 31 de enero y del 5 al 25 de abril), en base doble o triple, u$s 516, y la single, u$s 616. En temporada baja (del 1 de febrero al 4 de abril), en base doble o triple, u$s 449, y la single, u$s 535. RP 5 s/n en Punta Ninfas. T: (2804) 84-4140. IG: @estanciaelpedral












