
La obra en esta casa frente al río se planeó al milímetro porque debió hacerse durante los meses de vacaciones. Repasamos el fantástico resultado.
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“Háganme un lugar donde guardar todos mis libros”. Esa fue la premisa de la dueña de casa, filósofa y escritora, para este proyecto encomendado al estudio SRMD en el Boating de San Isidro. Había otro requerimiento: hacer lugar a las más de 50 obras de arte que integran la colección familiar, en su mayoría, de reconocidos artistas argentinos. Para cumplir con el pedido, las jóvenes arquitectas Solana Rutenberg y Michelle Daniel encararon dos estrategias: una, construir bibliotecas y estantes en cada pared o espacio que lo permitiera; la otra, investigar a fondo distintos sistemas de iluminación para hacer lucir los cuadros al máximo.

La obra requirió gran precisión organizativa. Tenía que ser profunda y rápida, en tanto debía realizarse durante las vacaciones de verano de los dueños. “Tuvimos cinco meses de planificación para que cada material, mueble o artefacto estuviera listo cuando lo necesitáramos”, recuerdan Rutenberg y Daniel.

"Por la cantidad de cuadros que los dueños de casa querían exhibir, hicimos curaduría con un especialista y organizamos esta suerte de muestra permanente. En cada proyecto te volvés experto en algún tema."
Arq. Solana Rutenberg y Michelle Daniel

Los cuadros están iluminados con una luz especial que no quema; la misma que se usa en salas de exhibición como las del Malba.

Poltronas negras ‘Poul’ (Federico Churba). Cortinas de lino poliéster ‘Dallas 06′ (Mercado Design). Alfombra (Kalpakian). Iluminación en rajas (Concepto y Luz).
Segundo living, con escritorio
“La familia tiene un estilo ecléctico y le gusta sumar a lo clásico algunos detalles más barrocos. Intentamos acompañar ese gusto con toques modernos y colores sobrios, que, a su vez, no opacaran las piezas de arte”, explican las arquitectas ante esta segunda sala de estar.

Multifunción, el estante para libros también sirve para ocultar el barral de las cortinas.

Aquí, el mobiliario se adapta a cualquier uso: se rotan las mesas y se juntan o separan los módulos de los sillones, según la actividad.
Comedor principal

Inspirado en los juncos que salen de la superficie del agua, el artefacto de iluminación italiano (Flos Italia) alcanza por igual a todos los invitados a lo largo y a lo ancho.

Escenas verdes

Al igual que en el interior, en el jardín se pensaron escenas y espacios diferenciados: el comedor, el deck de la pileta, un camastro aislado en medio del verde y un pequeño living bajo los árboles.

Tanto en el deck –hecho en lapacho– como en el semicubierto –de kiri– y la mesa, la madera se dejó sin tratamiento con el objetivo de que, con el tiempo, se tornara cada vez más gris.

Cocina elegante

La mesada de la isla en Purastone ‘Concrete Dark’ (Mármoles Antón) simula ser de piedra, otro material noble, que se engama con el resto del espacio. Banquetas ‘Te’ (Estudio Te).
“Como cocina mucho, la clienta pidió un ‘laboratorio’... pero que no fuera blanco. Le dimos una impronta monocromática gris, con detalles en madera que recuperan la elegancia del resto de la casa”.

Los pósters comprados en Nueva York llevan una conexión led y se encienden como si fueran lámparas reales.
Aprovechar cada espacio

“Para evitar que el amplio descanso de la escalera fuera destinado al rejunte de cosas, armamos un lugar de lectura íntimo”.
Biblioteca constante

El cuadro sobre el respaldo es de Víctor Chab. Sillas ‘Grace’ (Musumeci) tapizadas en tela bodum antimanchas gris (De Levie). Cortinas de lino poliéster ‘Dallas 06′ (Mercado Design).

El blackout y la cortina se extienden por detrás del mueble, para evitar el corte y poder correrlas sin voltear los objetos apoyados.

Astuta disposición

Como la forma del cielo raso no admitía muebles en altura, la mesa de luz se extendió para ampliar el lugar de guardado.

La historia del Boating Club de San Isidro
En plena zona costera y de bahías que se abren al Río de la Plata, el Boating Club de San Isidro pisó primero. Y fuerte. Fundado a fines de los años 60, fue el precursor de los barrios náuticos privados en la zona, al cual le seguirían, avanzadas las décadas, Marina del Sol, Bahía del Sol y el Boat Center, entre otros.

Casi todas las parcelas de este exclusivo emprendimiento –excepto una franja de lotes ubicados hacia el norte– tienen salida directa al canal; probablemente, porque el contacto estrecho con el agua era algo que obsesionaba al fundador del country: el velerista y piloto automovilístico Roberto Mieres, oriundo de Mar del Plata. Es en reconocimiento a este deportista argentino que al barrio también se lo llama “Boating de Mieres”.

“Desde afuera, la casa se ve muy clásica. Difícil imaginar que adentro aparecen detalles tan modernos y sofisticados como el diseño de la iluminación”.
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