La mujer del príncipe William la llevó al banquete oficial en agasajo al presidente de Alemania, en Windsor, en un evento que se convirtió en un anticipo de la Navidad real
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Todos los detalles de la gala fueron cuidados meticulosamente, como siempre, aunque hubo algunos guiños especiales que hicieron que el evento del miércoles 3 fuera diferente de otros celebrados por la familia real británica. El primer detalle –y muy notable– es que no se trató sólo del agasajo del rey Carlos III al presidente de la República Federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, y la primera dama, Elka Büdenbender, sino que además fue una celebración de anticipo de la Navidad. En el impactante salón St Georges’s Hall del castillo de Windsor se instaló –por primera vez en un banquete de Estado– un abeto de 20 metros de alto, con adornos dorados y 15 mil luces de colores. Además, en la larga mesa de 45 metros –decorada con 158 velas y flores rojas recogidas de los propios jardines del castillo–, se dispuso un servicio de mesa para 152 comensales, no para los 160 habituales, porque fue necesario hacer espacio para la decoración navideña.



Las novedades no estuvieron sólo relacionadas con la ambientación: dos de las grandes protagonistas de la noche, la reina Camilla y Kate, la princesa de Gales, sorprendieron con la elección de sus alhajas, tan inusuales como cargadas de simbolismos e historia. Hacía tres meses que la mujer del príncipe William no lucía una tiara y, para acompañar su espléndido vestido con capa de Jenny Packham –una de sus diseñadoras favoritas–, rescató del joyero real una pieza pocas veces vista: la tiara Indian Circlet, con rubíes y diamantes, que Isabel II usó en público sólo una vez, pero que había sido una de las favoritas de la Reina Madre y que tiene un origen relacionado con los ilustres visitantes de Alemania: es una joya que el príncipe Alberto, que era alemán, le obsequió a la reina Victoria. Kate, coronada, transmitió una poderosa imagen como futura reina consorte de su país.


La elección de la tiara que lució Camilla también fue una sorpresa: se trata de la diadema de las Niñas de Gran Bretaña e Irlanda que perteneció a la reina María de Teck y que fue entregada a Isabel II como regalo de bodas en 1947. Fue con esa tiara de diamantes engastados en plata y oro y valuada en 8,5 millones de libras (más de once millones de dólares) que Isabel estuvo retratada en las monedas y los billetes de Reino Unido por décadas. Camilla –muy elegante, con un vestido de Fiona Clare sobre el que llevó la banda roja y el broche de la Orden de la familia real del rey Carlos III– sumó una joya más para representar la importancia que tiene para su país la visita del presidente alemán: lució el brazalete Cartier Bandeau compuesto por pulseras con rubíes, esmeraldas y zafiros, talla baguette, que el rey Jorge VI le fue regalando a la Reina Madre para sus cumpleaños y las Navidades entre 1923 y 1925.



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