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Aviso con anticipación: ¡estos pancitos son altamente peligrosos, generan adicción, comer con moderación!
Dicho que fue esto, avancemos con sus características principales. Son deliciosos para comer solos, en un ataque de hambre, o para acompañar una tabla de quesos, una fondue o un buen jamón crudo. Si bien yo hice la masa con la máquina de pan, hacerlos a mano es facílisimo y muy relajante.
Si se hace a mano:
Mezclar en un pequeño bol la levadura con un poquito de agua tibía y 1/2 cdta de café de azúcar. Revolver y dejar que espume.
Cernir en un bol la harina, la sal, el resto del azúcar y la leche en polvo. Incorporar las hierbas y el ajo, mezclando bien. Hacer una corona en la mesada y volcar allí el resto del agua, el aceite y la mezcla de levadura.
Comenzar a tomar la masa desde adentro hacia afuera y amasar con fuerza hasta obtener una masa suave y lisa.
Dejar levar por un par de horas.
Desgasificar la masa golpeándola sobre la mesada y hacer los bollitos. El proceso sigue luego como se explicó antes.

