Un aceitado aparato de movilización garantizó una multitud en la plaza
Había sido promovida como una convocatoria espontánea, pero la acción de las agrupaciones K y de los intendentes fue crucial
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Pródigo en imágenes y en simbolismos, el kirchnerismo apostó ayer fuerte para reunir a una multitud en la Plaza de Mayo. Montó un festival musical, pero con la intención de enviar un mensaje netamente político. Lo hizo desde el mismo escenario donde hace apenas unas semanas se hizo oír el descontento de un importante sector de la sociedad, en el cacerolazo del 8-N, y desde donde en nueve días desfilarán los gremios opositores, con Hugo Moyano y Pablo Micheli a la cabeza.
Si bien originalmente el kirchnerismo se había esforzado en resaltar el carácter espontáneo de la convocatoria, ayer no ocultó la enorme estructura de movilización que puso a disposición, con la excusa de conmemorar los 29 años del regreso a la democracia, los derechos humanos y el quinto aniversario de Cristina Kirchner en la Casa Rosada. Otro hubiera sido el ánimo, tal vez, si la Justicia no fallaba en favor del Grupo Clarín en la medida cautelar sobre la ley de medios audiovisuales. En una jornada maratónica, desde temprano, la periferia a la Plaza de Mayo estuvo sitiada por vallas y con el tránsito detenido. Cientos de colectivos descansaban bajo un sol canicular a lo largo de la avenida 9 de Julio y en la Costanera Sur. En el microcentro todo valía: las peatonales Lavalle y Reconquista fueron ocupadas por largas filas de vehículos.

Muchos de los colectivos llegaron desde el conurbano bonaerense, con miles de militantes. Acostumbrados a este tipo de movilizaciones, los intendentes del Partido Justicialista (PJ) prestaron su colaboración para escenificar la masividad de un acto de color partidario. En el mapa de poder, Fernando Espinoza, jefe comunal de la populosa La Matanza, puede jactarse de haber sido el que más personas trasladó hacia la Plaza de Mayo. En un segundo orden, se divisaron las columnas de Julio Pereyra (Florencio Varela), Darío Díaz Pérez (Lanús) y Fernando Gray (Esteban Echeverría). Cuando se distinguió una inmensa bandera anaranjada, alguien bromeó que podían ser manifestantes de Daniel Scioli. El gobernador eligió ese color para identificar su gestión. Pero no. Eran militantes de Berazategui, con pancartas de respaldo a Juan José Mussi, el hombre fuerte del lugar.
La distribución de los espacios en la Plaza de Mayo también fue parte del ajedrez político y del reparto de fuerzas dentro del oficialismo. La Cámpora copó la parada y pobló el frente del escenario. Eran muchísimos. Sus militantes ingresaron por la avenida Belgrano. Empuñaban banderas y batían bombos y redoblantes. Animaban la jornada mediante cantos que surgían de cambiarle la letra y mantener el ritmo de canciones de moda. Las otras agrupaciones se sumaban, pero siempre los cánticos surgían desde la barra camporista.
No fue menor el aporte de otros grupos, como Kolina y Nuevo Encuentro, que ocuparon un lugar secundario, detrás de La Cámpora, casi en el centro de la Plaza. El mismo privilegio tuvo la Organización Barrial Tupac Amaru, liderada por la jujeña Milagro Sala, que movilizó a 5000 personas desde el norte del país. Todos ellos forman parte de Unidos y Organizados, una fuerza de cuña kirchnerista que agrupa a diversos sectores kirchneristas.

La militancia gremial pasó casi inadvertida. Cumplió la CTA oficialista y un puñado de personas vinculadas a los estatales de ATE, UPCN y el INTA. También dijeron presente sindicatos textiles y universitarios, y la seccional de La Matanza de los albañiles de la Uocra.
En la previa, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, le había demandado a la cúpula de la CGT oficialista su aporte para asegurarse una multitud. El pedido del funcionario había sido con un condición: que movilicen, pero sin identificaciones gremiales. "Sin bombos, globos ni banderas", precisó a LA NACION un jerárquico de la central obrera.
No cayó bien el mensaje de Parrilli entre los sindicalistas. Tal vez allí radique la pasividad para impulsar a sus adherentes a la calle. Los gremios evitaron ser reducidos a un papel secundario y ser tapados por el universo de agrupaciones kirchneristas, que sí desplegaron su colorido, con banderas y pancartas.
Las agrupaciones políticas llenaron la Plaza de Mayo cuando caía el sol, después de algunos shows musicales. En las diagonales se montaron ferias artesanales y hubo un desfile de bailes autóctonos. El despliegue sirvió de entretenimiento de miles de familias que también se acercaron al foco de la celebración.
A diferencia del 8-N, los manifestantes tenían ayer un líder como brújula. Decía una pared en Mitre y 25 de Mayo: "Cristina o nada". El mensaje se repetía en otras esquinas. Ése será el debate que se avecina en el universo K, que se jactó ayer de su despliegue y de su poder de movilización.
Una convocatoria bien articulada
Unidos y Organizados se encargó de la coordinación de la movilización
- La militancia política
Los intendentes del PJ y las agrupaciones kirchneristas, con La Cámpora a la cabeza, fueron los que más personas movilizaron.También estuvieron Kolina, Tupac Amaru y Movimiento Evita, entre otros. - Pocos gremios
Si bien el Gobierno había pedido a los sindicatos oficialistas que se sumaran, aunque sin pancartas, el aporte fue reducido. Sólo hubo sectores de la CTA kirchnerista, la Uocra, ATE y UPCN.. - Apoyo logístico
El calor se hizo sentir. La empresa estatal AySA desplegó stands en los que repartía gratuitamente vasos de agua y habilitó camiones con grifos. La Cámpora armó una central operativa frente al Obelisco
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