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El "buquebús" atamisqueño. Elpidio Herrera es botero desde hace 36 años. Levantó su casa frente al río Dulce y montó un sistema -según él, infalible- para saber cuándo llega un pasajero. De un palo, a la vera del río, cuelga un cable. Cuando tiran de él, suena la campana del otro lado, en su casa, y él baja a buscar a sus clientes. Para mejorar el negocio, Herrera puso, además, un barcito. La heladera se alimenta de una pantalla solar.
Una sorpresa agradable. Atamisqui queda a 120 kilómetros de la capital santiagueña. No es lejos, pero creímos que el final del camino sería de tierra y lento. La ruta es tan nueva que nuestro mapa no la registraba.




