Milei, entre la racionalidad de los mercados y la política far west de Trump y Musk
La resistencia presidencial al estallido del criptogate se entiende mejor en el juego de suma cero que el republicano y su “co-president” imponen a nivel global
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¿Cómo explicar la resistencia del teflón político y emocional de Javier Milei luego del estallido del criptogate? Hay pistas en tres comparaciones posibles. Una, con el Perú de la inestabilidad política extrema, pero con gobernabilidad en base a estabilidad macro sostenida. Otra, con Bukele y El Salvador del exitazo en la gestión de la inseguridad cueste lo que cueste en términos institucionales: a pesar del impacto en la calidad republicana de El Salvador, Bukele es el presidente mejor valorado de América Latina, mucho más arriba que la valoración de Milei, según el último informe de Latinobarómetro: un puntaje de 7,7 sobre 10 para Bukele versus 4,8 puntos para Milei. La tercera comparación es con el Estados Unidos de Trump y su política far west, en sociedad con su co-president Elon Musk, como lo llaman sus críticos, que ven en Musk un poder privado poderosísimo detrás del poder del Estado. La motosierra trumpista elevada a la enésima potencia se inspira en la de Milei y al mismo tiempo la legitima.
Es el ingreso del mundo a la fase de la democracia montada a pelo: una forma de liderazgo político que coquetea con un juego de suma cero en el que todos pueden perderlo todo, pero con la expectativa final de hacer ganar sus posiciones. “Brutalismo político”: el término lo acuñó el exasesor de comunicación de Massa, y antes de Cristina Kirchner, el catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, que este año llegó a Buenos Aires para dar una mano en la CABA a “los primos”, como el “círculo rojo” de Milei llama a Jorge y Mauricio Macri. Gutiérrez-Rubí lo pensó para caracterizar “la grosería política”, el lenguaje político movido por la ira, y su atractivo para los electores. Sin quererlo, captó bien el agotamiento de la corrección política de sus representados. Ahora, el brutalismo salta del lenguaje a la acción política.
De Trump a Putin, pasando por Milei y Bukele, un liderazgo a lo cowboy de la política que busca dominar un escenario global cada vez más salvaje. No en vano, Milei y Bukele fueron los presidentes invitados a la asunción de Trump. El republicano en Estados Unidos, cayendo con todo su filo en la estructura de semejante Estado sin tener demasiado en cuenta las reglas del juego político clásico y borroneando los límites de la legalidad en el ejercicio del poder central, es el nuevo arquetipo. En su caso, es una motosierra que va todavía más allá, shorteando compromiso geopolítico en Europa en general y, más en particular, en Ucrania y en Venezuela o en México y Canadá.
El Estados Unidos de la dupla Trump-Musk encontró un ejemplo a seguir en la motosierra de Milei y en el plan de desregulación llave en mano que aportó Federico Sturzenegger. Pero en su caso el resultado es todavía más contundente: el peso específico de Estados Unidos eleva sus efectos a una escala inalcanzable para Milei y la Argentina. La vocación de desregulación extrema de Trump inspirada en Milei recae sobre la geopolítica completa. El efecto es un desorden global que también entra a la fase “doma a pelo”. El alineamiento Trump-Putin y una Europa descolocada son el primer efecto. El resultado final todavía es imprevisible.
Sólo en un escenario como ese un escándalo como el criptogate puede deglutirse con velocidad asombrosa. El caso de la shitcoin $LIBRA también es el resultado de una globalización paradójica: mientras Trump busca retirar a Estados Unidos del mundo, se expande como reguero de pólvora una lógica política iliberal y anarco-libertaria en el sentido de “antiestatal” que suma nuevas esferas económicas. El de los criptoactivos es un universo no tan nuevo, pero que penetra cada vez más en el mundo de lo real con su lógica. En el caso más aceptable, se vio con la oferta de compra de Tether Investments, una de las empresas más grandes del mundo cripto, que quiere quedarse con el 51 por ciento del grupo agroindustrial Adecoagro, donde, desde el año pasado, ya tiene 19% de las acciones. Del universo de las monedas digitales a fondear el agro argentino.
En el peor de los casos, están las meme coins y $LIBRA y su intención de contaminar el funcionamiento del Estado. Es el far west económico por excelencia: poblado de llaneros solitarios poderosos tiroteándose con bots y apostando fuerte en un desierto de regulaciones. En ese mundo virtual, las irregularidades son la norma. Aun en el mundo más transparente y autocontrolado de las cripto más respetables, hay puntos grises que se derivan de las redes sociales, por ejemplo. Los posteos de Musk en X con menciones a alguna criptomoneda tienen un impacto en su valor y en el volumen de los intercambios.
El 29 de enero de 2021, sorprendió con un cambio en su bio de Twitter, donde apareció de pronto: #bitcoin. En horas, el precio del bitcoin pasó de 32.000 dólares a 38.000. Implicó una capitalización de mercado de 111 billones de dólares. El dato surge del trabajo de investigación How Elon Musk’s Twitter activity moves cryptocurrency market, de Lennart Ante, investigador del Blockchain Research Lab, en Alemania, y publicado en la revista Technological Forecasting and Social Change, en 2023. Elon Musk fue investigado por fraude por la SEC cuando influyó con comentarios sobre el precio de Tesla en 2018: debió pagar una penalidad de 40 millones de dólares. La investigación distingue esa influencia, basada en una opinión experta de Musk, de sus posteos sobre criptomonedas que tienen que ver más con “sentimientos personales y estados de ánimo”: es decir, son arbitrarios y conducen a sus seguidores a decisiones sin fundamentos. También destaca que el canal natural de comunicación de novedades en el mundo cripto es Twitter, hoy X, de ahí la mayor influencia de esos posteos.
El trabajo se centró en 47 posteos de Musk. Las conclusiones son claras: pasados apenas dos minutos desde el posteo de Musk, se constataron un “retorno anormal del 3,58% y un aumento altamente significativo en el volumen de transacciones de la criptomoneda mencionada por Trump. Dentro de la primera hora después del posteo, el retorno anormal creció al 4,79%”.
En esa nueva normalidad de las criptomonedas, lo de $LIBRA y Milei encontró un cauce de aceptación mucho más veloz que en el terreno de la política clásica argentina. Tanto Trump como Musk están seteados en una política far west que incorpora con naturalidad esos eventos. “La Justicia de Estados Unidos es la única que podría traerle problemas a Milei si el proceso de discovery encuentra más cosas”, plantea un inversor de Silicon Valley que sigue el caso argentino. Mientras tanto, reconoce, el escándalo languidece.
El escándalo de $LIBRA puso a prueba a Milei en dos puntos. En su capacidad emocional: con el mote de “loco” con el que llegó al gobierno y con su inexperiencia en la cima del poder político, una gran duda era cómo afrontaría el primer cimbronazo de su gestión. También, la sostenibilidad de sus logros económicos: el viernes 14, cuando estalló el criptoescándalo, la pregunta más temida era cómo reaccionarían los mercados y cuánto impactaría en el precio de los activos argentinos y, sobre todo, del dólar, el precio clave en la inflación argentina.
Pero zafó. El viaje a Estados Unidos fue clave. En lo político, Milei es un protagonista y un intérprete de su época: la desmesura del dúo Trump-Musk lo contiene. En la esfera económica, la gobernabilidad de Milei se juega a varias bandas. De la foto con Trump y con Musk y la motosierra a la foto con el FMI, en la figura de Kristalina Georgieva, y con el BID, en la persona de su presidente Ilan Golfajn. De la política decidida a todo, que los respalda en su momento más crítico, a la gobernanza financiera global, con la que por ahora Trump no se mete.
¿Cuánto vale la foto con Musk que se trajo Milei de su viaje a Estados Unidos? El precio cambia según el mercado. En el mercado doméstico de la política, esa foto y la foto con Trump, divulgada además por la Casa Blanca, fueron claves para apaciguar las aguas turbulentas del criptogate. En el mundo de las inversiones en serio, de miles de millones de dólares, no tanto: “Nadie toma una decisión de inversión de miles de millones de dólares como las que necesita Argentina en base a la foto de Musk con la motosierra”, se sonríe el inversor de Silicon Valley. Las fotos que valen más son la de Georgieva y la del BID. Y más todavía, el encuentro del ministro de Economía, Luis Caputo, con el secretario del Tesoro, Scott Bessent. El comunicado oficial elogia las virtudes que el Gobierno necesita: “Reformas macroeconómica y estructurales que reducen la carga regulatoria sobre el sector privado y reducen el tamaño y la influencia del gobierno [Estado]”.
En el largo plazo, o en el mediano plazo electoral, las chances del impacto bitcoin son inciertas. Por el momento, el índice de confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Di Tella mostró una caída del 1,8% respecto de enero. La confianza premia uno solo de los cinco componentes que integra el indicador: “Eficiencia en la administración del gasto público”, donde el indicador creció 1,9%. “El Gobierno enfrenta su segunda caída consecutiva en el nivel de confianza”, señala el informe divulgado ayer.
La novedad de la última hora es la compra de Telefónica por parte de Telecom y el rol del Grupo Clarín. Desde la Oficina del Presidente se anunció una investigación para determinar si constituye monopolio. La cuenta @MileiEmperador, que se le atribuye a Caputo el joven, empezó la batalla cultural con un posteo: “Clarín miente”, que reproducía con desparpajo una foto con consigna de raigambre kirchnerista. En la política far west toda arma es legítima.

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