De la Rúa volvió a sacar ventaja sobre Duhalde
El candidato aliancista le lleva 5 puntos en intención de voto a presidente y también supera a su adversario en imagen, en la que creció considerablemente Alfonsín.

A poco más de cien días de las elecciones presidenciales, la oposición ha sacado cinco puntos de ventaja al Partido Justicialista.
Después de un empate sostenido en los últimos cuatro meses, la Alianza logra ahora el 36 por ciento de las intenciones de voto contra el 31 por ciento del PJ. Es éste el dato principal que surge de una nueva encuesta de Gallup, encargada especialmente por La Nación , y que confirma las dificultades con las cuales está tropezando la candidatura del gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde.
"Nuestros datos son que Fernando está más de diez puntos arriba", duplicó la estimación de Gallup el ex ministro del Interior Enrique Nosiglia, en un almuerzo con el cual el penalista Zenón Ceballos reunió ayer a un grupo de amigos, en Piperno, de Puerto Madero.
No sólo la Alianza ha subido un par de puntos en relación con las últimas mediciones; el Partido Justicialista, además, ha bajado.
Ambas fuerzas reunían en marzo el 32 por ciento de las preferencias electorales; en mayo seguían iguales, con sólo un punto más cada una. Esa situación se prolongaba desde enero, cuando otra encuesta de Gallup, publicada por este diario, sorprendió a los medios políticos al revelar que, con la crisis del Brasil, la Alianza había perdido la distancia importante que llevaba al justicialismo a fines de 1998.
Gallup concluyó su último trabajo en todo el país el 30 de junio. En esta ocasión el relevamiento alcanzó una dimensión poco común: fueron consultados 3015 ciudadanos.
Cuando se mencionó, en la pregunta "por quién votará usted", el nombre y apellido de los candidatos, la fórmula Fernando de la Rúa-Carlos Alvarez obtuvo el 40 por ciento de las respuestas, contra el 36 del binomio Eduardo Duhalde-Ramón Ortega.
Después de haber obtenido en marzo el 8 por ciento de las preferencias y en mayo el 7 por ciento, la tercera alternativa, la de Domingo Cavallo-Gustavo Beliz, ha descendido ahora al 5 por ciento.
Esto parece estar convalidando la tesis de que el régimen electoral impuesto por la reforma constitucional de 1994, al establecer que no habrá ballottage si una fórmula obtiene el 45 por ciento de los votos -o el 40 por ciento con más de diez puntos de ventaja sobre el siguiente competidor-, induce, desde un primer momento, a la polarización de los votantes.
Los candidatos del justicialismo encuentran su mayor sustento en las clases baja y media baja, entre los votantes con sólo estudios primarios, en el Gran Buenos Aires y en las localidades con menos de 20.000 habitantes. Por su parte, la fórmula de la Alianza sigue creciendo en la Capital Federal y en los grandes centros urbanos, se muestra sólida en Mendoza y en Córdoba y consigue desprenderse en Santa Fe del pleito provincial, en el que va prevaleciendo, tal vez por menos de lo que se preveía, el senador Carlos Reutemann.
En el caso de que hubiera una segunda vuelta o ballottage, el 45 por ciento de los encuestados dijo que votaría por De la Rúa y el 41 por ciento, por Duhalde.
En este punto el relevamiento muestra con claridad que es el voto femenino el que establece la diferencia en favor de la Alianza, porque los hombres reparten sus simpatías por igual entre la oposición y el partido del Gobierno.
De las respuestas se infiere que sólo un 17 por ciento del electorado aspira a que se proyecten hacia el futuro, sin modificaciones, las principales políticas impulsadas por el presidente Menem. Pero hay otro 27 por ciento de la ciudadanía que apoya una posición intermedia -esto sí, esto no-, con lo cual se puede decir que un 44 por ciento de los votantes procurará consagrar, para después del 10 de diciembre, una continuidad relativa respecto del gobierno que cesa.
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La mayoría de los entrevistados (exactamente, el 51 por ciento) dijo que prefiere un presidente que encauce al país en otra dirección.
¿Qué significa en otra dirección? Se infiere de los temas que preocupan esencialmente al país: en primer lugar, y a distancia considerable del resto, el desempleo (el 41 por ciento), y después, la pobreza (15 por ciento), la educación (14 por ciento), la corrupción (13 por ciento) y la seguridad (10 por ciento).
¿Se considera que De la Rúa y Duhalde están igualmente capacitados para resolver tales problemas? En líneas generales, sí, pero se cree que De la Rúa puede encontrar mejores respuestas que Duhalde para la educación y menos eficaces para enfrentar la pobreza, y que el gobernador bonaerense puede ser, en cambio, más idóneo para preservar la estabilidad y más débil para conjurar la corrupción.
Sin embargo, concierne a la imagen personal de los candidatos presidenciales el aspecto en el cual el jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires obtiene la mayor ventaja -siete puntos- sobre su principal oponente. El 51 por ciento de la población tiene una opinión positiva del doctor De la Rúa. Esa consideración es del 47 por ciento en el caso del doctor Duhalde.
Otros actores de la campaña para las elecciones del 24 de octubre logran juicios favorables del 33 por ciento (Graciela Fernández Meijide), del 32 por ciento (Ramón Ortega), del 28 por ciento (Carlos "Chacho" Alvarez y Carlos Ruckauf) y del 26 por ciento (Domingo Cavallo).
Todos ellos han quedado por debajo del 37 por ciento acreditado por el doctor Raúl Alfonsín. Lo ha logrado después de una impresionante suba de diez puntos en relación con la encuesta precedente de Gallup. Esto refleja, sin duda, la dimensión del impacto emocional suscitado en la sociedad argentina a raíz de su accidente, ocurrido en medio de una gira proselitista por difíciles caminos de una remota comarca del país.
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Tanto el lector como los candidatos se preguntarán por la firmeza de la decisión del voto manifestada por los encuestados.
El hecho de que Gallup hubiera pasado de su habitual medición de algo más de 1300 casos, a una cifra superior a 3000, indicaba de antemano que los profesionales a cargo de este tipo de tareas habían considerado la necesidad de tomar aún mayores garantías que hasta aquí sobre la precisión de los datos por evaluar. Y lo que terminó revelando el sondeo de opinión concluido el 30 de junio es que hay una volatilidad alta entre los electores, al punto de que tres de cada diez ciudadanos dispuestos a pronunciarse en favor de alguna de las dos principales fuerzas políticas podrían cambiar su voto.
¿Cuáles son los límites de esas posibilidades de cambio? Los más explícitos se derivan del techo que la encuesta anticipa para cada una de las candidaturas en el camino hacia el 24 de octubre. Veámoslo.
El 55 por ciento dice que podría votar por De la Rúa, el 49 por ciento por Duhalde y el 23 por ciento por Cavallo. A la inversa, el 39 por ciento no lo votaría bajo circunstancia alguna a De la Rúa, el 45 por ciento a Duhalde y el 69 por ciento a Cavallo. Al examinarse esta cuestión de forma cruzada según intención de voto, se observa que, entre quienes hoy sufragarían por la Alianza, el 20 por ciento podría terminar haciéndolo por Duhalde, mientras que entre los votantes potenciales del justicialismo el 23 por ciento podría inclinarse finalmente por De la Rúa.
Hay allí una evidencia más del grado de independencia de criterio y de movilidad de una parte considerable del electorado argentino. En cuanto a lo que puedan hacer ante un eventual ballottage quienes en principio dicen votar por Cavallo, las opiniones están repartidas: de cada diez, cuatro lo harían por De la Rúa y otros cuatro por Duhalde.
La encuesta de Gallup no trae referencias expresas sobre una peculiaridad de la actualidad política argentina: la disociación entre el mensaje del doctor Duhalde y la herencia del presidente Menem. ¿Se mantendrá hasta el final? ¿O el candidato y el Presidente harán un acuerdo antes de que sea tarde?
Por decir lo menos, hay un hecho poco convencional: el 4 de julio, el doctor Duhalde quedó consagrado candidato del justicialismo como consecuencia de lo que en el deporte se denomina "walk-over", es decir, la no presentación de adversarios. Sin embargo, que se sepa, aún no ha sido debidamente proclamado. Es éste un handicap que está concediendo a su oponente.
Parte considerable de la campaña la empleó el gobernador de Buenos Aires en pelear contra la voluntad reeleccionista del Presidente y en diferenciarse de él. Después se quedó sin una comunicación clara: su embate contra la deuda externa, de lo que hubo de rectificarse sin transmitir mayor convicción nada menos que ante los banqueros, lo alejó más todavía de una franja sin la cual difícilmente crecerá en nuevas encuestas: la de los ciudadanos que privilegian la moderación y, sobre todo, la previsibilidad.
El trabajo de Gallup es claro en cuanto a que los votantes de izquierda y de centro izquierda están francamente alineados con la Alianza. Para colmo, el candidato a presidente de la oposición es, en términos personales, el arquetipo de los políticos aceptables para la otra punta del espectro político. ¿O es que desde el derrocamiento de Ramón Castillo, en 1943, ha habido en la Presidencia de la Nación otro civil más visceralmente conservador que el que podría llegar a ser el doctor Fernando de la Rúa? ¿Lo fueron, acaso, en mayor medida Frondizi, Guido, Illia, Cámpora, Lastiri, Martínez de Perón, Alfonsín o Menem mismo?
Habrían pasado 56 años...
Ficha técnica
La encuesta de Gallup sobre 3015 casos de la que se informa en esta nota se realizó de forma domiciliaria, por sexo y edad. El relevamiento se hizo en la Capital Federal, los veinticinco partidos del Gran Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran La Plata, Gran Mendoza, Gran Tucumán, Corrientes, Gran Paraná, Comodoro Rivadavia, Gran Río Cuarto, Gran Jujuy, San Luis, Bariloche, Clorinda (Formosa), Dolores, San Pedro, Ayacucho, Saladillo y Roque Pérez (Buenos Aires), Esperanza y Beravebú (Santa Fe), General GŸemes (Salta), Palpalá (Jujuy), Apóstoles (Misiones), General Acha (La Pampa), Saladas (Corrientes), Merlo (San Luis), Villa Aberastain (San Juan), y Villa Carmela y La Cocha (Tucumán).