Congreso | Sorda puja entre Victoria Villarruel y los senadores por el aumento de las dietas, que pasarían a $9 millones
Cada vez más legisladores quieren terminar con el congelamiento de sus ingresos; el tema podría impactar en la sesión en la que se discutirán los pliegos de Lijo y García-Mansilla
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El Senado se encamina a quedar, nuevamente, en el centro de la polémica cuando el próximo lunes venza la resolución que mantiene congeladas desde diciembre las dietas de los senadores que, de no mediar una nueva medida restrictiva, pasarán a cobrar en mayo algo más de nueve millones de pesos por mes.
El tema ya genera polémica tras bambalinas entre Victoria Villarruel y los senadores. La vicepresidenta sostiene que fueron los senadores quienes se aprobaron el aumento el año pasado y que, por lo tanto, deben ser ellos quienes decidan mantener congeladas sus dietas. Una oportunidad podría ser el próximo 3 de abril, fecha elegida para discutir los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla.
Sin embargo, son muy pocos los legisladores que rechazan el aumento. Por el contrario, son cada vez más quienes, siempre en sordina, sostienen que una recomposición de sus dietas es necesaria.
La trascendencia del cargo que ocupan, el descuento del 35% de Ganancias y el hecho de que tienen que sostener, además de sus hogares en las provincias, el costo que implica alquilar una vivienda en la ciudad de Buenos Aires son sólo algunos de los argumentos que se escuchan a la hora de justificar el final del congelamiento de las dietas.

Hasta el momento, la única voz en contra de un eventual aumento es la del cordobés Luis Juez (Frente Pro), quien sostiene en público que las dietas deben seguir congeladas y va un paso más allá al afirmar que la Cámara alta debería votar una resolución que desenganche los ingresos de los senadores de las paritarias salariales de los trabajadores legislativos.
Esa postura le ha valido al cordobés no pocos cuestionamientos de sus compañeros en la Cámara alta. Muchos lo acusan de ser un hipócrita, que dice una cosa en público, pero en privado sostiene otra postura, y que hace política con un tema que, sabe, tiene fuerte impacto social. El propio Juez reconoció que su postura le valió una discusión y el enojo de Villarruel a quien el cordobés le habría reprochado haber hablado del tema ante los medios acreditados en el Congreso en diciembre pasado, cuando no había paritarias legislativas a la vista y, por lo tanto, tampoco había riesgo de aumento de las dietas.
Para encontrar el inicio de este problema hay que remontarse a abril del año pasado, cuando los senadores se votaron, a mano alzada y sobre tablas, un proyecto que fijó sus ingresos en el valor equivalente a 4000 módulos (2500 en concepto de dieta, mil por gastos de representación y 500 por desarraigo), la unidad de medida que se toma para calcular los salarios de los empleados del Poder Legislativo.
La iniciativa surgió como una réplica a la decisión de los presidentes de ambas cámaras legislativas, Martín Menem y Villarruel, de dar marcha atrás, ante las críticas de Javier Milei, con la resolución conjunta en la que habían decidido aumentar el ingreso de diputados y senadores. Era la época del “no hay plata”, aunque poco después se conoció que los funcionarios del Poder Ejecutivo también habían recibido un aumento de sueldo.
En aquel momento, el módulo tenía un valor de 1838,12 pesos y llevó la dieta de poco menos de $1,5 millón de pesos a más de $7,3 millones. Lo que nadie previó en ese momento es que una nueva paritaria salarial iba a impactar en las dietas en agosto, llevando el valor del módulo a $ 2096, cuando todavía no se había acallado las críticas por el primer incremento.

El escándalo escaló a tal magnitud que los senadores decidieron votar una resolución que congeló sus ingresos hasta el 31 de diciembre. Sin embargo, al mantener enganchadas las dietas al valor del módulo, la medida sólo implicó poner en pausa el aumento. En cuanto la medida concluyera, los ingresos de los senadores se actualizarían de manera automática, ahora con el módulo a un valor de $2225,252, lo que elevaría las dietas de los senadores a 8,9 millones de pesos.
Villarruel advirtió el problema que se venía en una reunión de labor parlamentaria previa a la sesión del 13 de diciembre último, cuando el Senado se reunió para destituir a Edgardo Kueider. Les propuso a los senadores que votarán una nueva resolución que impidiera los aumentos, pero sus palabras no fueron escuchadas.
Sin embargo, poco tiempo después el inminente fin del congelamiento de las dietas volvió a quedar en el centro de la atención mediática y la vicepresidenta debió firmar una resolución que prolongó hasta el 31 de marzo la medida.
Ahora, Villarruel insiste en que sean los legisladores los que le pongan un punto final al tema. Como en diciembre, son pocos los senadores dispuestos a resignarse a no percibir un aumento en sus ingresos. El tiempo corre y si antes de mediados de abril no hay una orden en contrario, el incremento se hará efectivo.
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