
Brasil, sin temor al default argentino
Una eventual moratoria de la Argentina no cambiará la política económica ortodoxa de Lula da Silva
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SAN PABLO.- Una hipotética nueva moratoria de la deuda pública argentina no causará grandes repercusiones en Brasil, que a pesar de su actitud "solidaria" hacia la Argentina, manifestada de varias formas en los últimos diez días, mantiene su posición de no moverse ni un centímetro de la política económica ortodoxa adoptada por el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva.
"Cómo máximo (la moratoria) puede generar algún tipo de especulación", dijo ayer a LA NACION el asesor del presidente Lula da Silva para Asuntos Internacionales, Marco Aurelio García.
Sin embargo, ya hace tiempo que Brasil logró escaparle a la "argentinización" de su crisis, como la denominaban los entonces candidatos brasileños a la presidencia durante el año 2002.
La campaña "Brasil no es la Argentina" -que adoptaron tanto Lula como el entonces candidato oficialista José Serra y el propio presidente Fernando Henrique Cardoso- era un acto de supervivencia.
Pero también fue una respuesta a las declaraciones surgidas en el gobierno argentino durante 1998 y 1999, cuando se declaraba que la Argentina no era Brasil y, por lo tanto, no devaluaría su moneda (como lo hizo el socio mayor del Mercosur en enero de 1999).
Actualmente, Brasil sigue recibiendo elogios del sector financiero nacional e internacional debido a la aplicación de recortes fiscales severos y el ahorro profundo que está siendo implementado, que le permitió reducir de 2400 a 500 puntos el nivel de riesgo país, combatir la inflación y mantener estable el valor del real.
Superávit exigente
Sin embargo, la crisis brasileña está latente: el país gasta un 9 por ciento del producto bruto interno (PBI) o poco más del 40 por ciento de su presupuesto en el pago de intereses de una deuda pública de aproximadamente 300.000 millones de dólares.
Para pagar esos intereses, el gobierno consiguió un superávit fiscal primario del 4,25 por ciento del PBI y depende para cubrir el resto de la llegada de inversiones internacionales.
Por eso, ante la simple hipótesis de un anuncio de la Reserva Federal de que puede ser aumentada la tasa de interés norteamericana -atrayendo así inversores que hoy vienen a Brasil-, todos los indicadores financieros brasileños se debilitan.
Inmediatamente surge la pregunta de cómo el país va a afrontar sus deudas si, por algún motivo, el escenario externo se vuelve desfavorable.
A esto se suma que Brasil no crece. La economía del país cayó un 0,2 por ciento el año pasado, el desempleo es récord y el descontento político y popular aumenta -despacio, pero en forma constante- en cada encuesta.
Por eso, las manifestaciones de apoyo a la Argentina que surgen desde la administración de Lula da Silva son ambiguas.
Por un lado, se manifiesta solidaridad y se promete un "abordaje conjunto" frente al problema de la deuda.
Inmediatamente después se asevera, oficialmente, que las realidades son diferentes y que no hay ninguna posibilidad de negociación conjunta, como lo aclaró días pasados el embajador de Brasil en la Argentina, José Botafogo Gonçalves, en una entrevista con LA NACION.
Por ahora, para el mercado financiero la aclaración es suficiente.
Si mañana la Argentina anuncia que no podrá afrontar su deuda, como en los casos anteriores, Brasil tendrá que salir, por su propia supervivencia, a afirmar que Brasil no es la Argentina.
La postura brasileña
Lula da Silva
- Una eventual cesación de pagos argentina no afectará la política económica de Brasil.
- Además, para la administración de Lula da Silva la política hacia la Argentina seguirá siendo ambigua.
- Se repetirán gestos de apoyo "solidario" hacia el presidente Néstor Kirchner, pero también se diferenciará la situación de ambos países ante sus respectivas deudas.
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