
Coplas, aires y tradiciones del Noroeste
Desde la capital jujeña, la ruta 9 recorre los pueblos de la Quebrada de Humahuaca, siempre a más de 2000 metros
1 minuto de lectura'
SAN SALVADOR DE JUJUY.- Aunque el viajero que vaya por estos días no advierta signos extraños, hace apenas dos semanas Jujuy enterraba al diablo. Durante el ritual, los chicos lloraban y los grandes estaban a punto. El motivo es un viejo conocido: se acabó la fiesta. Según la creencia popular, para que el universo tenga una armonía entre los seres de arriba y los seres de abajo, una vez por año, en el carnaval, hay que dejar que estalle el caos.
Entonces, el diablo sale de las entrañas de la tierra y permite que cada uno haga lo que quiera. (Ojo: sólo durante dos gloriosas semanas.) Así, para desenterrarlo todo el pueblo se reúne. Las mujeres preparan un picante de panza y, luego de cavar un pozo, alimentan a la Pachita (Pachamama) y le piden por un buen año.
Además de la comida, le dan hojas de coca, cigarrillos encendidos, y para que no le falte nada, chicha y -si hay- una botellita de whisky.
Finalmente, tiran algunos cohetes al cielo y desentierran un pequeño diablo de trapo. La banda lo festeja con tambores y vientos, y cada uno, desde el más rico hasta el más pobre, se siente libre.
Toman y celebran de la noche a la mañana; los matrimonios piden tregua y por algunos días, los hombres y las mujeres vuelven a ser solteros. "Es el carnaval, el diablo está en la tierra, así que nadie puede protestar", dice Juan, mientras agita su ramita de albahaca, la flor del carnaval.
Pocos pero Locos, Los Caprichosos, Los Paseanderos de Juella, Los Alegres de Uquía, todos los pueblos de la Quebrada tienen su comparsa (a veces más de una) que recorre las calles y tiñe las montañas y la vida de una efervescencia única.
Pero igual que en el cuento de Cenicienta, cuando la carroza se convierte en zapallo y ella en una simple doncella, después de enterrar al diablo, todo es como era entonces.
Sin embargo, en el alma algo cambió. Ya lo dice la copla: Junté plata/ junte penas/ amargura y soledad/ pero quedo mano a mano/ cuando pasa el carnaval .
Salvo por alguna serpentina que sigue volando, nadie que pase por la zona sabrá que el diablo estuvo en la Tierra.
El color no cambia
Otra vez será. Mientras tanto, hay cosas que no cambian en un recorrido por la Quebrada de Humahuaca: las poesías en forma de copla, el aire puro y los cerros, que eligieron la gama del ocre.
Ni bien queda atrás San Salvador de Jujuy se abre un camino que se hace lugar entre dos cadenas montañosas. Es la ruta 9, que va de la mano del ancho cauce del río Grande y une los pueblitos de la Quebrada en un recorrido de cerca de 170 kilómetros asfaltados.
De Sur a Norte, el circuito comienza en Yala, a 1200 metros de altura, y concluye en Tres Cruces, a 3900 m. La diferencia hace que se atraviesen todos los climas, desde una densa humedad y vegetación subtropical, en los primeros kilómetros, hasta los vientos implacables de la Puna.
El camino sube considerablemente; por eso, es mejor hacerlo con tiempo, para acostumbrarse a la altura y contagiarse de los ritmos pausados del Noroeste, que incluyen siesta y charlas que siguen mientras dure la luz de las velas.
Seco, soleado y fresco
La Cuesta de Volcán es la primeragran trepada (1700 a 2100 metros) y la zona de transición entre el clima templado del valle de Jujuy y la temperatura quebradeña: seca, soleada y fresca.
Hablando de altura, en este punto vale una aclaración: ya es hora de desterrar el mito: "Si vas al Norte en verano, te morís de calor". Nada de eso. "La gente se olvida de la altura -dice Mercedes Pemberton, que vive hace 30 años en Jujuy y hoy es guía de paseos turísticos-. Durante el día puede hacer calor, pero después del almuerzo ya comienza a soplar viento y al atardecer refresca bastante; hay que pensar que casi todos los pueblos de la quebrada están a más de 2000 metros", enfatiza.
Las capillas y las antiguas estaciones del ferrocarril que llegaba a Bolivia son los distintivos que comparten los pueblos de la Quebrada. Justamente en Volcán se están reconstruyendo los grandes talleres ferroviarios de diseño inglés que rodeaban a la estación. La idea en danza es hacer un gran mercado no sólo de artesanías, sino también de frutas, verduras y toda la producción local, para que sea aprovechado por turistas y lugareños.
Regalo al viento
El camino sigue subiendo y los cerros ya se sacudieron la vegetación. Están desnudos y regalan al viento sus colores minerales, para que los mezcle como más le guste.
Además de haber sido una zona densamente poblada en épocas prehispánicas, en la Quebrada hay huellas de presencia humana que datan de 10.000 años. Varios sitios arqueológicos y los famosos pucarás o fortificaciones de Hornillos, Tilcara y Yacoraite se pueden visitar para entender cómo vivían los antiguos pobladores.
Tumbaya es el primer pueblo de la Quebrada y su iglesia muestra un estilo que, si bien tiene variaciones, está muy difundido en la región. Se trata del mudéjar andaluz, de una nave con torre única y gruesas paredes de adobe revocado.
Los pueblitos aparecen diseminados, como migas de pan, a orillas de la ruta. Queda atrás Maimará, con sus sembradíos de lechuga y acelga, y el cementerio, que duerme en la ladera de un cerro.
Tilcara es una posta cultural: tiene siete museos y un barcito en cada esquina; casi todos los pobladores son artistas, músicos o artesanos; en el pucará se puede conocer cómo vivían los antiguos habitantes y otear el horizonte tal como ellos lo hacían, para ver quién andaba por ahí. Pero, además, Tilcara está a punto de vivir una experiencia conmovedora, que igual que el carnaval, se repite una vez por año: la Semana Santa.
El aire se llena de fe y miles de promesantes le tocan al viento notas con sikuris y quenas mientras marchan hacia el santuario del abra de Punta Corral. Hasta allí sólo se llega a pie y y el camino es largo. Les demanda una noche, pero los ilumina la luna llena y la Virgen de Copacabana los espera para saciar sus pedidos.
Los hombres traen la imagen hasta Tilcara y para celebrarlo, los pobladores les ofrecen ermitas de todo corazón. Se trata de grandes murales que relatan escenas del Vía Crucis; están hechos con flores, tierra de colores, té, yerba, arroz y café... como un inmenso collage de fe.
Sí, el que vaya por estos días ni se enterará de la juerga que significa que el diablo del carnaval ande suelto. Pero como a los jujeños les gusta celebrar, es bueno tener a mano el calendario de festejos, que no deja ni un mes sin alegría en el tintero.
Verde como loro y bravo como toro
- El mediodía puede tocar en cualquier pueblito y los efluvios de la cocina norteña son poderosos. Blanco, colorado, morado, bolita, pisindo, garrapata, ocho rayas y amarillo, el maíz es una de las bases de la dieta norteña y sobran las variedades para no repetirlas ni un día de la semana. Humita, tamales, locro o, simplemente, choclo al plato con queso de cabra. La llajwa ya está en la mesa: tiene tomate y locoto, el ají picante que, como dice la copla, es verde como loro y bravo como toro. Los que se animen a la chicha, ¡coraje para una potente dosis de alcohol! Si no, el sekke, preparado con maíz morado sin fermentar acompaña la comida y no da sueño.
1- 2
Trump dijo que EE.UU. ejecutó “uno de los bombardeos más poderosos” contra objetivos en la isla iraní de Kharg
3Encontraron una metrópolis subterránea: removieron 40 toneladas de tierra y tenía 50 metros cuadrados
4Franco Colapinto largará 12º en el Gran Premio de China de Fórmula 1; pole y récord de Antonelli



