Un silencio sepulcral
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El silencio del gobierno venezolano sobre las rotundas acusaciones formuladas por Colombia en el seno de la Comisión Permanente de la OEA puede llegar a interpretarse como una aceptación de esos señalamientos.
No otra cosa se percibe tanto de la repentina mudez que le ha entrado al presidente sobre el tema, como de su negativa a darle al país una explicación pormenorizada sobre la supuesta presencia de guerrilleros colombianos en territorio nacional.
Jamás Venezuela ha sido calificada de esa manera, y si Colombia se atreve debe ser por razones muy poderosas e irrebatibles. Lo fundamental es que se enfrente el problema con valentía y con la verdad si esta existe, o que se tomen medidas para revertir la ocupación de territorio venezolano por fuerzas militarizadas del narcotráfico. Hoy nadie se traga el cuento de que las FARC o el ELN obedecen a un verdadero programa revolucionario y popular.
Los venezolanos no queremos nada con el narcotráfico ni con la presencia de guerrilleros colombianos. El presidente debe dar la cara por Venezuela. Si no lo hace es que teme que Colombia tenga pruebas aún más graves en su poder.






