
La edad de piedra
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La edad de piedra se extiende desde la primera aparición de artefactos creados por el hombre, unos dos millones de años atrás, hasta la última glaciación, hace sólo 15.000 años. En ese extenso período la especie humana evolucionó desde el homo erectus (paleolítico inferior) hasta el homo sapiens (paleolítico superior), originario de Africa hace 100.000 años y que llegó a Europa hace 50.000 años, los llamados cro-magnon. Allí seguramente se encontraron con los neanderthal (del paleolítico medio), mucho más primitivos. Todos eran cazadores-recolectores, hasta que el homo sapiens cambió la historia de la humanidad al introducir la agricultura en el cercano Oriente hace 10.000 años.
Los neanderthal desaparecieron hace ya muchos milenios, aunque sus genes siguen presentes entre nosotros. Los cazadores-recolectores actuales están en vías de extinción. Nuevos estudios genéticos muestran que los europeos contemporáneos tienen un 80% de antepasados de la era paleolítica y un 20% de la era neolítica. Eso significa que el genoma de la edad de piedra más antigua sigue vigente dentro de nuestros organismos del siglo XXI ( B. Skyes , "Las siete hijas de Eva". Norton, 2001).
El cerebro humano evolucionó constantemente y se fue perfeccionando, pero no hay signos de que lo siga haciendo en el homo sapiens sapiens contemporáneo. Una nueva disciplina llamada "psicología evolucionista" , liderada por Leda Cosmides y John Tooby, de la Universidad de California, trata de identificar las funciones mentales que evolucionaron hasta el estado actual, siendo el cerebro un órgano de extremada complejidad cuya evolución y desarrollo se conocen cada día mejor.
El paso de la escritura manual al uso del teclado de una PC revela un diferente uso de zonas bien identificadas del cerebro para cumplir la misma función de redactar un texto o enviar un mensaje. El hombre de cro-magnon que habita en nosotros genéticamente habría sido capaz de usar una computadora. Muchos de nosotros, en cambio, tendríamos dificultades en decorar una cueva como la obra de arte que nos legó en Altamira . La diferencia está en el cerebro, no tanto en los genes: en el "uso" que hacemos de nuestras neuronas más que en lo que hemos heredado.





