
El origen, o la realidad como idea
¿Cuál es el parásito más poderoso y resistente? Una idea. La persistencia de una idea es capaz de construir el mundo de alguien, y también, por supuesto, de destruirlo. Las ideas que gobiernan nuestras vidas están guardadas en el inconsciente, caja fuerte donde colocamos las cosas que decidimos conservar, a la vez que olvidar. Pero estas ideas siguen siendo accesibles a través del sueño. Aquí es donde entra en juego la película Inception (traducida como El origen ), de Christopher Nolan. Ya Nolan se había introducido en los vericuetos de la mente con Memento , el thriller que tenía como protagonista a la memoria, y cuya vertiginosa historia era contada hacia atrás. Inception , por su parte, es un thriller psicológico y de acción, en el que un grupo de mercenarios es contratado para robar ideas del inconsciente ajeno, con una tecnología que permite compartir el sueño entre varias personas e introducirse, a su vez, en el sueño de otros. La acción llega más lejos cuando el protagonista, Cobb, debe ahora, ya no robar, sino plantar una idea en el inconsciente ajeno para lograr que el heredero de un hombre poderoso rompa con el imperio de su padre.
Sin develar la trama, y menos su inquietante final, puede decirse que la acción es también una excusa para narrar una historia profundamente emotiva. Porque Cobb vive atormentado y con culpa por el recuerdo de su esposa y por estar separado de sus hijos. Y la narración permite que uno encarne el sufrimiento del protagonista. Acompañamos la lucha interior de un hombre por romper con un remordimiento, cosa que sólo puede hacer descendiendo hasta el fondo de sus sueños, mientras lleva a cabo sus planes. La película permite una reflexión indirecta sobre el remordimiento y sobre el arrepentimiento, pasión de la que Spinoza decía que era una tristeza acompañada por la idea de algo que creemos haber hecho por libre decisión del alma. Así, cuando visualizamos el influjo de una idea plantada en el fondo de nuestro ser, una idea que ha germinado más allá de nuestra voluntad, nos liberamos de ella. Sólo cuando comprendemos que algo se da necesariamente, paradójicamente, nos tornamos libres.
Pero la película tiene también un registro metafísico. Indudablemente emparentada con Matrix , se interroga acerca de la realidad del mundo. Para llevar adelante esta interrogación, se toma como escenario al mundo onírico. La trama se sutiliza cuando lleva a los protagonistas a soñar dentro del sueño mismo, en varias napas, como si se estuviera en una galería de espejos que hacen perder la noción de un original. Porque otra reflexión que permite la película es que el parásito más poderoso, la idea que nos acompaña a todos desde siempre, es ese punto de referencia abstracto que llamamos realidad. Poderosa idea capaz también de construir y, en particular, de destruir mundos. Por eso, la inseminación verdadera a la que se refiere la película tal vez sea aquella que gradualmente se va instalando en lo más profundo de la mente del espectador, que siente difuminarse ante sus ojos las fronteras entre la realidad y el sueño, que logra por un instante que le roben de su inconsciente el parásito más resistente.






