
Docentes con y sin título
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En las escuelas de su jurisdicción, el gobierno de la provincia de Buenos Aires enfrenta un problema cuyos orígenes se remontan a 2004, cuando la falta de personal titularizado en ese sector se hizo sentir con fuerza.
Ante la necesidad de cubrir los puestos que habían quedado vacantes, se recurrió a personas sin título habilitante, en su mayoría estudiantes que no se habían graduado aún como docentes.
En la actualidad, con miras a regularizar esta situación formalmente inaceptable, las autoridades provinciales han resuelto separar a quienes no ocupen cargos con carácter de titular y, también, a quienes no cursan la carrera de formación docente.
El fundamento de la medida adoptada se sustenta en el estatuto del sector, que se refiere al personal no titulado que ejerce la profesión en condiciones de formación precaria, o bien, con el carácter de suplentes.
La carencia de títulos habilitantes por parte de quienes ocuparon puestos vacantes se considera una situación excepcional que, como tal, no debió haberse prolongado tanto tiempo sin que se hallase una solución al problema de origen.
Los gremios docentes han desaprobado lo dispuesto por el gobierno provincial. Afirman que, como resultado de esa medida, alrededor de 7000 personas se verán afectadas.
Los planteos contrapuestos del gobierno provincial y de los sindicatos docentes llevaron al subsecretario del Ministerio de Educación bonaerense, Sergio Siciliano, a explicar que la medida no afectará a los graduados en la docencia ni a quienes están estudiando o posean títulos en áreas especiales, pues solo se aplica a quienes carecen de los correspondientes títulos habilitantes
Según ese funcionario, muchos graduados docentes no tienen lugar en el sistema porque personal no recibido está ocupando sus puestos. "Eso no es justo que suceda, ni para los docentes ni para los alumnos", afirmó, con razón, Siciliano.
Es dable esperar que se arribe a una solución antes de que concluyan las vacaciones de verano.
Es mucho lo que está en juego y no debe perderse de vista que la prioridad ha de ser el normal comienzo y desarrollo del año lectivo.
Cuando de lo que se trata es del sistema de enseñanza, todos los esfuerzos parecen pocos a la hora de consensuar la mejor salida de cualquier conflicto dentro del marco de la ley.
No corresponde continuar demorando decisiones que apañan situaciones irregulares que no debieron nunca perpetuarse.
Corresponde seguir bregando por la jerarquización de la carrera docente, uno de los puntales imprescindibles a la hora de mejorar nuestro tristemente alicaído nivel educativo.





