Conflictos comerciales en un mundo de imperialismos
Según se ha informado, China pasó de producir el 15% del total mundial de acero en el año 2000 al 54% en el 2023. Muchas de esas exportaciones de bajo costo han sido dirigidas a países aliados de Estados Unidos, como México y Canadá, que a su vez exportan gran parte -a mayor precio- a Estados Unidos. Otras exportaciones de metales chinos terminan en países en desarrollo, como Vietnam, que actualmente le compra a China inmensas cantidades de acero semiprocesado. Luego lo termina de procesar y lo reexporta como acero vietnamita a compradores de todo el mundo, incluido Estados Unidos.
Los cinco grandes países proveedores de acero para el mercado estadounidense han sido Canadá, Brasil, México, Corea del Sur y Alemania. En ese orden cuantitativo. En aluminio, Canadá encabezó las exportaciones a Estados Unidos, seguido por los Emiratos Árabes, Rusia y China.
China domina la industria del acero y del aluminio a nivel global. Sus plantas siderúrgicas producen anualmente tanta o más cantidad de ambos metales como la suma de todos los demás países del mundo. Últimamente, hay que advertir que las exportaciones de acero y aluminio de China están en alza debido a las dificultades que atraviesa su economía y la consecuente caída de la demanda interna. “El excedente de producción de China está inundando los mercados globales y perjudicando severamente a los empresarios y trabajadores de Estados Unidos”, afirma Michael Wessel, asesor comercial de la Unión de Trabajadores Siderúrgicos de Estados Unidos.
Los productores de acero de Canadá exigieron que su gobierno actúe con determinación para garantizar que cualquier medida tomada contra ese sector sea respondida con represalias que compensen los impactos que los aranceles tendrían en esa industria. Las medidas tomadas contra Canadá fueron respondidas en una incipiente guerra comercial que recientemente aparece superada. La Unión Europea podría responder con otros aranceles, manteniendo los conflictos comerciales por reprocidad.
El excedente de producción de acero chino es consecuencia del extraordinario auge de la construcción de plantas siderúrgicas que comenzó a principios de la década de 1990 y duró unos 15 años. Un dominio de la industria siderúrgica mundial como el que tiene China actualmente no se ve desde la década de 1940. Entonces Estados Unidos producía la mitad del acero mundial, hoy su producción es menos del 5%.
La construcción de edificios en China consumió inmensas cantidades de acero durante varios años. El exceso de unidades desocupadas es lo que ahora produjo la caída del mercado inmobiliario y un consiguiente paro en la construcción. Recordemos que los inversores chinos se sienten hoy más atraídos por el oro que por los ladrillos. Además, China empezó a reducir los precios del acero, lo cual produjo una caída global que impactó en la producción de Estados Unidos.
Todo lo expuesto hace necesario traer a consideración las normas internacionalmente imperativas del derecho internacional privado (argumento del artículo 2599 del Código Civil y Comercial de la Nación). Estas normas son de aplicación inmediata e imperativa a pesar de la ley que pueda regir el contrato y se aplican con independencia y con prioridad sobre el derecho aplicable al contrato. Por lo tanto, las normas imperativas de Estados Unidos se aplicarán cualquiera que sea el derecho aplicable al contrato internacional de compraventa. La misma regla puede regir en los demás países. Además, el derecho aplicable a los contratos de compraventa de acero o de aluminio se verán impactados por este tipo de normas, y también cabe considerar que los países podrán responder ante estas reglas con otras de represalia.
Lo cierto es que tanto en Estados Unidos como fuera de ese país los aranceles norteamericanos tendrán un impacto inexcusable tanto en la jurisdicción de EE.UU. como en las de otros países, pues todo el acero o todo el aluminio que deba importarse a los Estados Unidos será imperativamente gravado por los nuevos aranceles fijados por el país receptor con el fin económico y político que guiará las nuevas normas internacionalmente imperativas de EE.UU.
Y hay algo más. Si una venta de acero de un exportador chino a un importador de Estados Unidos se rigiera por el derecho chino, como la ley aplicable al contrato del domicilio del vendedor (según la legislación china de derecho internacional privado se aplica este principio) ello no impedirá la aplicación inmediata y rigurosa del arancel de Estados Unidos en jurisdicción de este último país.
El derecho aplicable al contrato no podrá argüirse como defensa contra los aranceles impuesto por los países. Obviamente, los países exportadores de acero podrán imponer otros aranceles defensivos.
El derecho internacional privado que rige los contratos internacionales produce el siguiente régimen: por un lado, el derecho privado acordado por las partes, que rige sus obligaciones. Y, además, acumulativamente, se aplicarán las normas internacionalmente imperativas como los aranceles, que serán inexcusablemente aplicables en los puertos de desembarque (argumento artículo 2599 y concordantes del Código Civil y Comercial de la Nación).
Los aranceles y las cuotas son susceptibles de retorsión, por lo cual idealmente no deberían interferir en el comercio internacional. Pero los desequilibrios por las políticas de producción -como se advirtió en Estados Unidos con el acero, que cayó un 5%- hacen discutible las ventajas comparativas, de dumping o de abuso de poder económico. Abusos que se remedian, pensamos, con el aumento de producción más que con aranceles.
Existe incertidumbre respecto de los alcances de los aranceles, que perturban la libertad del comercio internacional. Se consideran que son una herramienta sencilla para lograr múltiples objetivos: reducir el déficit comercial, reconstruir el poder manufacturero y generar grandes ingresos para el gobierno.
El dólar tiende a fortalecerse cuando se aplican aranceles. El efecto de primer orden es reducir la demanda de bienes importados, lo que lleva a una menor demanda de monedas extranjeras. Pero cuando se venden menos dólares, el valor del dólar aumenta, lo que a su vez deprime la demanda global de exportaciones. El resultado es que, aunque se compren menos productos, también se venden menos productos al exterior. Para reducir verdaderamente el déficit comercial, Estados Unidos debería experimentar cambios económicos fundamentales, como un aumento de su tasa de ahorro o un aumento de su inversión. Una alta inversión es vital si Estados Unidos quiere mantenerse al frente de la alta tecnología, particularmente la Inteligencia Artificial.
La historia de los aranceles demuestra que no crean aumento de empleo inmediatamente en las fábricas. La manufactura ha caído con antiguos aranceles. Las empresas protegidas, en particular el acero y el aluminio, aumentan sus ingresos, pero esa ganancia se produce a expensas de las empresas transformadoras, que sufrieron los mayores costos.
En definitiva, se produce la protección de ciertas empresas en detrimento del interés general. No es una buena política para el renacimiento de las manufacturas.
Expresidente de la Corte Suprema
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