Se enamoró de un marino mercante: "Nunca me acostumbré a la ausencia"
1 minuto de lectura'

Para principios de 1998 Claudia Mosler tenía 29 años. Y pese a que aún era joven, en su cabeza no lo veía así y ya se estaba resignando a que no iba a llegar ese gran amor que tenía ganas de conocer para concretar el ansiado proyecto de formar una familia y tener hijos.
Sin embargo, ocurrió lo imprevisto. El sábado 3 de mayo de ese año, en el casamiento de una amiga, lo conoció a Juan Manuel. Y fue amor a primera vista. "Lo que más me gustó de él fue que era un ser muy sensible y especial, esa manera de mirar, de escuchar y de contener", recuerda Claudia, a la distancia.
Sin embargo, no todo iba a ser color de rosa para ese romance que estaba comenzando. No bien él le dijo que era marino mercante, ella se dio cuenta que iba a sufrir mucho. Además, tenía el ejemplo de su mejor amiga que había atravesado la misma situación.
"De mi cabeza y de mi corazón ya no se fue nunca más"
Pero lejos de rendirse y de tirar la toalla al piso, Claudia pensó que valía la pena hacer el sacrificio de no verlo durante largos períodos de tiempo porque sentía que, por fin, había encontrado el verdadero amor.
"A los 15 días de ponernos de novios se fue por tres meses. Navegaba en un barco que no tocaba puerto, cargaba y descargaba en bollas, así que esos primeros tres meses fue solo una carta, pero sirvió para saber que él también sentía lo mismo que yo. Lo extrañaba muchísimo. Al principio, decía ´no me puede estar pasando esto, una vez que conozco a alguien tan especial no lo puedo disfrutar´. Pero después de ese primer desembarco aprendí a disfrutar de cada instante y a nutrirme de eso para su ausencia física porque de mi cabeza y de mi corazón ya no se fue nunca más".
Cada instante compartido debía ser intenso
Claudia cuenta que el mayor desafío fue aprender a vivir ese noviazgo de una manera diferente y a no angustiarse tanto con la ausencia de Juan Manuel, el amor de su vida. "Era algo que no se podía cambiar y con cada lágrima de cada despedida siempre estaba la alegría y los preparativos de esperarlo para ese regreso tan deseado. Y así aprendí a sobrellevarlo, nunca me acostumbré a la ausencia. Aparte, era muy difícil estar a full para él cuando estaba desembarcado. Yo estaba trabajando y estudiando, y cuando se iba me quedaba un vacío enorme. Por eso, cada instante vivido y compartido tenía que ser intenso", confiesa.

Raras maneras de comunicarse
Claudia cuenta que en cada uno de los viajes de Juan Manuel, generalmente, recibía una llamada telefónica desde Radio Pacheco (una emisora que prestaba los servicios de comunicación para los marinos mercantes) en la que le decían que esperara ya que alguien le iba a hablar. "Y tenía que hablar y decir ´cambio´ y lo escuchaba a él sabiendo que otras personas podían estar oyendo, no era fácil".
Además, se comunicaban por teléfono satelital, pero solamente conversaban durante tres minutos ya que por aquellos tiempos resultaba muy costoso. Otras veces hacía la parabólica (como contaba él) y lograba enganchar señal de algún puerto que estuvieran pasando cerca.
También, él le escribía cartas que las llevaban personas que se desembarcaban y Claudia tenía que ir a buscarlas a lugares bastante remotos. "Recuerdo haber ido a Aeroparque para encontrarme con alguien que había desembarcado y estaba volviendo a su casa del interior del país. Lo que más quería era tener esa carta en mis manos y apoyarme en alguna pared a llorar a moco tendido cuando la leía. En las cartas, en general, contaba lo que me extrañaba, me decía que no se le pasaban más los días desde que me había conocido, para él también era difícil".

Seis meses interminables
Cuando Juan Manuel le propuso casamiento, Claudia le dijo que le gustaría que dejara de navegar. Pero no se trató de una imposición, sino de un deseo. "Si él decidía que no, yo lo iba a respetar ya que lo conocí embarcado. Antes del casamiento navegó durante seis meses, fue el periodo más difícil. Tuve que firmar sola la escritura del departamento que habíamos comprado, me ocupé de todos los preparativos del casamiento, incluso fui sola a la charla prenupcial con siete meses de antelación. Con la crisis de 2001 tuve muchos problemas con los preparativos de la boda, más el estudio y el trabajo, llegaba agotada a la noche, pero se hacía más llevadera la angustia de extrañarlo tanto", se emociona.
¿Era una idea terrible? ¿Valía sufrir tanto? ¿Había alguna manera de pasarla mejor? Nadie dice cómo deben ser las relaciones, aunque las miradas externas siempre están dispuestas a sembrar dudas. El tiempo diría si había sido un error, por entonces, el corazón no veía equivocación alguna.
El 08 de septiembre de 2001 Claudia y Juan, finalmente, dieron el sí. La vida no se vive de una sola manera y Claudia, hoy, le deja en claro: "Formamos una hermosa familia, tuvimos la dicha de tener a nuestro hijo y seguimos todos los días construyendo este gran proyecto que nos encontró".
- 1
“Era el mejor país del mundo”. Trabajó en la Italia fascista, llegó a la Argentina como polizón y fundó un imperio
2En un edificio de leyenda: los 150 años de la tienda de moda y diseño que es parte de la historia moderna de Londres
3La calza chupín es destronada por una nueva y más cómoda opción este otoño 2026
4Alessandra Mussolini, la nieta del líder fascista entra a la casa de Gran Hermano en Italia






