
Salita de 1. Más activa que "maternal"
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Esta semana, Luciana Granillo, de un año y dos meses, empezó salita de 1. Denise Berger, su mamá, asegura que no fue por necesidad, sino por elección. Luciana tenía quien la cuidara en casa, pero ella, junto con su marido, decidió que lo mejor era que la pequeña pasara tiempo fuera del hogar, con chicos de su edad, jugando y descubriendo nuevas cosas, tres horas por día.
"No fue por un tema laboral o para buscar un lugar para cuidarla. Justo hay un colegio que nos gusta cerca de casa que abrió sala de 1. Con mi marido fuimos, lo conocimos y nos encantó la propuesta. La sala de 1 ya no es como era: no es que va a dormir, sino a jugar, a aprender cosas. Antes de que esté en casa encerrada con adultos, preferimos un lugar donde reciba otro tipo de estimulación . Ella ve otro chico y se desespera, le encanta estar con otros nenes", dice Denise, que trabaja en comunicación.
La salita de 1 está en plena transformación. Dejó de ser un lugar de mero cuidado o una especie de guardería para convertirse un espacio con propuestas y objetivos pedagógicos concretos. De hecho, bajo esta nueva perspectiva colegios que tenían desde sala de 2 están abriendo salas de 1 (también llamadas de deambulantes) para hacer frente a la demanda y al interés, cada vez mayor, de los padres de encontrar un lugar donde sus pequeños hijos puedan compartir actividades con pares y empezar, de forma muy temprana, la sociabilización.
Sandra Kogan y Mercedes Carbonella son las dueñas y directoras del Jardín de los Cerezos, ubicado en Palermo. Hace 29 años empezaron con la propuesta educativa en nivel inicial, que de a poco se fue extendiendo hasta incorporar, hace cinco años, la sala de 1 a pedido de muchas familias que manifestaban la necesidad de que su bebé socialice y juegue dentro un espacio creativo y contenido fuera de la casa. "El nuestro es un espacio de juego, el juego es nuestro proyecto pedagógico porque es el generador de todo: del conflicto, del crecimiento... Acá no se viene a dormir la siesta. Si vemos que el niño o niña están muy cansados, llamamos a los padres y les decimos que lo vengan a buscar. En ese sentido, nuestra propuesta es distinta", dice Mercedes, que además es actriz y este año recibirá, entre sus pequeños alumnos, a su nieto, Kai Jiménez Cavanna.
De todas maneras, las directoras sostienen que la sala de 1 no es para todos. "Algunos están preparados y venir acá les suma, y a otros, no. Puede pasar que para algunos no sea el momento para que reciban este tipo de estímulo", sostiene Kogan y Carbonella agrega: "Realmente no es necesario que un niño de un año vaya al jardín –plantea–. Nosotras siempre partimos de la idea de ver la singularidad de cada chico. Muchos padres vienen y nos dicen ‘mi hijo se enloquece cuando ve a otros nenes en la plaza, quiere jugar con ellos’. Pero eso no quiere decir que ese niño esté en condiciones todavía de formar parte de un un grupo o una institución. A esta edad es un juego propio, no sociabilizan. Pero algunos sí les gusta estar cerquita de otros chicos. Lo importante es que acá los chicos vienen a continuar con su vida, es una extensión de lo que hacen en su casa o en la plaza.Si está muy institucionalizado, no sirve. Es importante que como primera experiencia sea placentera", completa Mercedes.
Un día en una salita de 1 combina el juego libre con el guiado, música y movimiento, mucho movimiento. "Es una edad exploratoria, ellos deambulan libremente por el espacio, investigan, exploran. Al principio son juegos más simples hasta que más tarde empiezan a incorporar el juego simbólico", destacan las directoras, que están en plena etapa de adaptación de los niños al jardín.
"Hoy por hoy, casi todos los colegios con los que trabajo tienen sala de 1", sostiene Silvia Iturriaga, psicóloga y directora de la consultora El libro de los colegios que edita, además, una guía especial sobre escuelas primarias y secundarias, y otra de nivel inicial llamada El libro de los jardines.
"Muchos colegios han ampliado su oferta abriendo salitas para el ingreso de niños y niñas de 1 año de edad. Las familias, que antes buscaban un jardín maternal para recién después elegir con tiempo el colegio definitivo para la sala de 4 años o preescolar, pueden ahora tramitar el ingreso a la institución seleccionada antes de que su hijo cumpla el primer año", sostiene Iturriaga.
De todas maneras, la especialista sostiene que no es imprescindible que los niños vayan al jardín teniendo un año. "Los niños necesitan jugar porque jugando recrean un sentido, reinventan su identidad, comienzan a construir su subjetividad. Es el camino para crecer y convertirse en una persona singular despegándose del lugar que les fue dado desde el inicio. No es necesario que un niño tan chiquito vaya a jugar al jardín. Lo que es necesario es que tenga un ambiente propicio al juego. Puede ser en su casa, en la plaza también. Lo que propicia el juego no es un ambiente físico sino una relación amorosa con los padres o cuidadores en un ambiente de contención y disfrute."
De todas maneras, la especialista aclara que no es imprescindible que los niños vayan al jardín teniendo un año. "Los niños necesitan jugar porque jugando recrean un sentido, reinventan su identidad, comienzan a construir su subjetividad –plantea–. Es el camino para crecer y convertirse en una persona singular despegándose del lugar que les fue dado desde el inicio. No es necesario que un niño tan chiquito vaya a jugar al jardín. Lo que es necesario es que tenga un ambiente propicio para el juego. Puede ser en su casa o en la plaza también. Lo que propicia el juego no es un ambiente físico sino una relación amorosa con los padres o cuidadores en un ambiente de contención y disfrute", sostiene Iturriaga, que añade que al año, "el juego es en solitario, pueden jugar en el mismo espacio que otros, pero de forma paralela, sin una verdadera interacción".

Laura Pitluk, especialista en nivel inicial, autora de Educar en el jardín maternal: enseñar y aprender de 0 a 3 años y Las propuestas educativas y las secuencias didácticas en el jardín maternal, sostiene que si bien las salas de 1 nacieron como una guardería mientras las familias trabajan, hace tiempo dejaron de tener un carácter solo de cuidado. "Hoy tienen un perfil más pedagógico: educar y cuidar son las dos caras de la misma moneda. Hay metas con unos ejes temáticos propios de la edad: exploración de entorno y de los objetos, construcción de identidad, comunicación y expresión (lenguaje verbal y corporal) áreas expresivas y artísticas y desarrollo corporomotor. Se organizan los contenidos en esos ejes. Las propuestas deben desplegarse en secuencias didácticas que aborden contenidos de estos ejes. Son propuestas y contenidos que no son fáciles de abordar", sostiene.
Sin embargo, para Pitluk, esta transformación de las salas de deambulantes no responde a una demanda paterna. "Los padres buscan que los chicos estén cuidados y protegidos mas que la enseñanza. El perfil pedagógico es algo que surge más del sistema educativo. La mayoría de los padres no tienen a mirada puesta ahí."
Por otra parte, hay quienes ponen en duda los beneficios de asistir al jardín desde tan temprana edad. En este sentido, la psicopedagoga Elvira Giménez de Abad destaca que "a esa edad el bebé necesita estímulo de mamá y papá, que estén cerca y disponibles para él o ella. Al año con otros nenes no juega, por más que muchos padres digan que su a hijo le llama la atención estar con otros chicos. No está en edad de hacer amigos ni sociabilizar. La estimulación o propuesta de juegos puede ser útil pero en casa, en un lugar conocido y con cuidadores que también conoce", dice y agrega: "No es que esté mal, no lo pondría en esos términos, pero tampoco favorece al bebé".
En cambio, Iturriaga considera que la institucionalización puede ser positiva. "La escuela es un buen lugar para los chicos. Si bien no es imprescindible que pase parte de su tiempo ahí, si la familia considera que para su dinámica es importante que esté fuera de su casa diariamente, la escuela es un lugar privilegiado para recibirlos".
Miedos y prejuicios
Denise Berger, que empezó esta semana la adaptación al jardín con su hija Luciana, de 14 meses, asegura que tenía ciertos prejuicios en torno a la sala de 1. "Pensaba: ¿qué van a hacer tres horas con bebés? Dudaba de la propuesta, no estaba segura. Hasta que fui y vi como era y me encantó. Como son bebés que están empezando a caminar, trabajan el movimiento y la motricidad fina. El foco esta ahí. También tienen clases de música y de gimnasia de 15 minutos. Todo es breve, porque la atención también lo es".
Sin embargo, Giménez de Abad cuestiona los objetivos pedagógicos que se plantean en una sala de 1. "A esa edad, la mayoría de los chicos no tiene lenguaje, no están ni siquiera para escuchar un cuento. Imagino que trabajan con imágenes más que nada, pero son muy chiquitos, la mayoría duerme o quiere hacerlo. No le veo el sentido. La única explicación es que hoy la familia está complicada, y si esto alivia o favorece a los padres, está bien. Pero no es que beneficia al bebé", sostiene la especialista.
Vivian Hudson, en cambio, afirma que llevar a sus hijos a sala de 1 fue muy positivo para ellos. A pesar de cierta la resistencia familiar, (especialmente de los abuelos que no veían el sentido de escolarizarlos desde tan temprano), Vivian y su marido recorrieron varios jardines hasta dar con el que más les gustaba. "Siempre quisimos que tuvieran contacto con otros niños desde temprano. El más grande fue a Mundo del Sol, en Colegiales, y me enamoré de la propuesta; iba una fonoaudióloga todas la semanas, estaba la psicopedagoga apoyando y hasta un médico iba una vez por mes a observarlos. El más chico va a otro jardín en Balvanera porque nos mudamos, pero la propuesta es similar. Incluso en este nuevo jardín practica yoga, me encanta", cuenta Vivian, que es psicóloga a de la UBA.
No a la niñera
Tanto a ella como a su marido no les cerraba la idea de que Bruno, el mayor de sus hijos, y Javier, el más pequeño, estuvieran en casa con una niñera. "Económicamente tal vez nos convenía, pero no queríamos. Cuando los dejás con un cuidador, muchas veces terminan mirando la tele o el celular, en cambio acá sabes que están estimulados, que no están con pantallas. Es un jardín de puertas abiertas, podes ir cuando querés. Lo que más segura me hace sentir de mi decisión es la diferencia que veo respecto de otros bebés de la misma edad –plantea–. Tiene otro lenguaje, otra motricidad, otra independencia porque en el jardín se trabaja la incorporación de hábitos de higiene, la autonomía y aprenden a compartir desde muy chicos. Es notoria la diferencia", asegura Vivian, que sostiene que la gran desventaja –el contagio de enfermedades, sobre todo ahora con la preocupación desatada por el coronavirus– por lo que algunos especialistas desaconsejan escolarizarlos desde tan pequeños "es un mito". "Muchos piensan que viven enfermos y no es así. Hay un compromiso de todos los padres de no llevarlos en caso de que no se sientan bien. Es una responsabilidad que todos asumimos y cumplimos a rajatabla", sostiene.

Por su parte, Denise es consciente de que hay más riesgos fuera que dentro de casa. "¿Las contras? Las enfermedades, seguramente. Luciana no se enfermó nunca, pero sé que va a enfermarse, por eso desde el jardín hacen mucho hincapié en la responsabilidad de los padres. También sé que se va a caer o a pelear con otros chicos. Pero es parte del aprendizaje. No se los puede tener en una cajita de cristal para que no les pase nada. Decidimos mandarla desde la convicción de que, al menos para ella, es lo mejor. Habrá días en que no querrá ir y no irá. Y si no le gusta, en el peor de los casos, no va más. Pero al menos vamos a probar", dice Denise, que está atravesando, junto con su hija, el proceso de adaptación y desapego necesario.
"No siento culpa, creo que le va a hacer muy bien", confía Denise mientras arma la pequeña mochila que usará Luciana en el jardín y termina de ultimar detalles para su primer día en la a salita de 1. Un pequeño paso para ella, pero un gran salto para toda la familia.
Producción de Marysol Antón
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