
Quebrada de Humahuaca: tesoro de la humanidad
La Unesco la acaba de incluir en la lista de los 754 bienes que integran el Patrimonio Mundial. Aquí, los secretos y rincones de esta maravilla argentina que guarda más de 10 mil años de historia
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Los antiguos griegos distinguían siete maravillas. Hoy, con un mundo más ancho, su número se ha multiplicado holgadamente. En la Lista del Patrimonio Mundial -moderno registro de los tesoros planetarios- figuran por ahora 754 bienes culturales y naturales, que la humanidad se comprometió a proteger en virtud de su valor universal y su carácter excepcional. Días atrás, en París, la Unesco admitió entre éstos a la Quebrada de Humahuaca.
¿Qué pesó para que nuestra quebrada por antonomasia pasara a codearse con las Pirámides de Egipto, el Gran Cañón del Colorado, la catedral de Notre-Dame o el monte Everest? "Es un ejemplo sobresaliente de lo que la Unesco denomina paisaje cultural -responde la antropóloga Diana S. Rolandi, integrante del Comité Argentino del Patrimonio Mundial. Refleja la interacción entre un sistema geoecológico representativo de la región andina de América del Sur y las culturas que en él se asentaron durante los últimos 10.000 años."
Tobogán a la selva
La Quebrada de Humahuaca corta el mapa de Jujuy por el centro, conectando la Puna con las tierras bajas. Fue labrada una eternidad atrás por el río Grande, entre los empinados cordones de la Cordillera Oriental. Tiene 180 kilómetros de largo y un ancho no mayor de tres, que en los angostos de Perchel y Yacoraite se estrecha a doscientos metros. Los geógrafos la etiquetan como valle longitudinal. Pero se parece más a un tobogán. Nace en el Abra de Tres Cruces, a 3700 ¤ metros de altura, y termina cerca de San Salvador de Jujuy, que apenas supera los mil metros sobre el nivel del mar. Este desnivel confiere al río fuerzas de titán, propiciando brutales mutaciones en el paisaje.
A medida que pierde altura, la quebrada gana temperatura (un grado cada 254 metros). También aumentan las precipitaciones. Especialmente al sur de Volcán, donde desaparecen los obstáculos para el viento húmedo del Atlántico. No es casual que en las nacientes reine una vegetación esteparia, erizada cada tanto por gigantescos cactos, y en la boca se expanda una selva sudorosa. Como compensación, las despojadas laderas del tramo árido lucen sedimentos de deslumbrante paleta. El cerro de los Siete Colores, en la quebrada tributaria de Purmamarca, conforma la expresión más exaltada de este rasgo comarcano.
Los 10.000 años de presencia humana arrancan con la irrupción en el escenario quebradeño de bandas cazadoras y recolectoras, seducidas quizá por la abundancia de guanacos. Se ignora si evolucionaron hacia la agricultura o la práctica fue incorporada por nuevas corrientes de poblamiento. Lo cierto es que al arribo de los españoles había grupos afincados en pueblos de piedra, como el famoso Pucará de Tilcara, y dueños del asombroso desarrollo agrícola que aún evocan los andenes de cultivo y las obras hidráulicas de Coctaca o Alfarcito. Los llamaron omaguacas, extendiendo a todos el gentilicio de la primera parcialidad con que se toparon. De esa torpe generalización deriva el nombre de la quebrada, que hasta ahí formaba parte del Tahuantinsuyo incaico.
Tras algún sobresalto, la espada de los conquistadores y la cruz de los misioneros consiguieron doblegar la resistencia indígena. Entonces, la Quebrada de Humahuaca se convirtió en paso de arreos para las minas del Alto Perú y su fondo se llenó de alfalfares. Con la Independencia, mulas y vacas fueron reemplazadas por ejércitos patriotas y realistas en encarnizada persecución. Luego asomaron los conflictos. En 1841, los despojos de la Legión Libertadora repecharon la quebrada rumbo al exilio boliviano. Sólo buscaban salvar de la deshonra los huesos del general Lavalle, que el coronel Alejandro Danel había descarnado en Huacalera, donde cruza el trópico de Capricornio.
A principios del siglo XX, los quebradeños acudieron a la frutihorticultura y el turismo para recobrarse. Reverdecieron las márgenes del río Grande, se restauraron antigales y capillas, se asfaltaron caminos y brotaron hospedajes, restaurantes y museos. Algunos pueblos, como Tilcara, hasta recuperaron la población de tiempos precolombinos. Hoy, sin embargo, los índices de mortalidad infantil, analfabetismo y éxodo laboral continúan siendo dramáticos.
La inclusión de la quebrada en el Patrimonio Mundial podría ayudar a terminar con la postergación regional.
Para saber más
Ifranco.jujuy.gov.ar/turismo
www.turismo.gov.ar
www.unesco.org.ar
Maravillas en puerta
Ocho tesoros criollos integran la Lista del Patrimonio Mundial: los parques nacionales Iguazú y Los Glaciares, las Misiones Jesuíticas, Península Valdés, Cueva de las Manos, Ischigualasto-Talampaya, el legado cordobés de la Compañía de Jesús y la quebrada. Ahora, nuestro país prepara la candidatura de los Valles Calchaquíes (Salta y Tucumán), las Capillas Galesas (Chubut), el Parque Nacional Sierra de las Quijadas (San Luis), Antofagasta de la Sierra (Catamarca) y el campo volcánico de la Payunia (Mendoza).
Además, aunó esfuerzos con Bolivia, Chile, Ecuador y Perú para nominar ante la Unesco el Camino del Inca.
Cómo llegar
- Por ruta, desde Buenos Aires hasta la quebrada, son alrededor de 1850 kilómetros. En avión, se puede ir hasta Salta o San Salvador de Jujuy, y desde ahí hay transporte terrestre.
- Alojamiento: hay hoteles, posadas, cabañas, hostelling, camping y hosterías. Los más caros rondan los 70 pesos diarios.
- Circuitos de turismo alternativo: hay varios, e incluyen trekking, avistamiento y cabalgatas.
- Compras: las artesanías indígenas son los objetos más requeridos.
- Calendario: en agosto se realiza el culto a la Pachamama y en septiembre se honra a la Virgen de los Dolores con festivales folklóricos. En febrero, el carnaval humahuaqueño.






