
Marbella: meca de celebridades
Floreció en la década del 60 como un balneario que convocaba a miembros de la realeza europea, jeques árabes y estrellas de cine. Pasada la época de esplendor, esta ciudad balnearia de la Costa del Sol depara hoy al visitante playas, paseos y restaurantes que conservan su encanto
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MARBELLA.– Aquí lo llamaban "Olé Olé". En parte por su afición a las fiestas, en parte como una fonética elemental de su apellido, difícil de pronunciar. Pero lo cierto es que Alfonso de Hohenlohe-Langenburg, el príncipe que transformó al pueblito de pescadores que reposaba sobre estas costas en el balneario más célebre y lujoso del mundo es, naturalmente, el héroe del lugar. Otras ciudades españolas tendrán sus santos, sus reyes o sus guerreros: Marbella tiene su mítico playboy.
Todo empezó en 1947. Después de perder la fortuna y las propiedades familiares tras la Cortina de Hierro, el padre de Alfonso, Max, envió a su hijo al sur de España a buscar tierras donde hacer negocios. Al pasar por aquí, el joven Adolfo se bajó de su Rolls-Royce para hacer un picnic y quedó fascinado por lo pintoresco del lugar. Inmediatamente compró un viñedo abandonado por 150 mil pesetas y se puso a trabajar.
Marbella fue desarrollada por Hohenlohe y sus amigos con las casas bajas andaluzas, de paredes a la cal y jardines llenos de palmeras que todavía son la estampa del lugar, a pesar de los espantosos bloques de edificios que hoy bordean sus playas. A comienzos de la década del 50 construyó un pequeño hotel de 16 habitaciones y empezó a invitar a sus amigos ricos, nobles y famosos, quienes, encantados, abandonaron la lluviosa Biarritz del Atlántico francés por un balneario en el que no tenían que pagar por calefacción. En realidad, tampoco tenían que pagar por demasiado más: después de la Guerra Civil Española, la mano de obra era prácticamente gratis y las tierras, un regalo.
Las décadas del 60 al 80 vieron a Marbella en su plenitud. Hohenlohe tuvo a Ava Gardner y a Kim Novak de novias, entre las múltiples estrellas de Hollywood que lo visitaban. Todos los nobles europeos destronados –empezando por el duque de Windsor– y jeques árabes se codeaban allí, y la prensa rosa se hacía un festín cotidiano.
"Yo viví la boda de la hija mayor del rey de Marruecos, donde el caviar del Irán iba en carretillas, hechas de manteca por Le Dôme de Paris, y donde las hijas o nietas de la familia real saudita llevaban todo tipo de brillantes, esmeraldas y rubíes decorando sus zapatos y sus criadas iban detrás de ellas mientras jugaban, por si alguna piedra se desprendía", recuerda, divertida, la marquesa de Varela, fundadora de Hello (la versión inglesa de la revista Hola).
"La vida en Nueva York era casi como la de un bebe en pañales al lado de Marbella. Pedías un cigarillo en una fiesta en casa del hermano de la reina de Bélgica, el adorable don Jaime de Mora y Aragón, y te daban un alucinógeno. Yo probé una lentejas en una cena y le noté un gusto muy raro. Tenían hachís. A mí nunca me gustaron las drogas, y no entendía que ésas eran las bromas que se hacían allí entre amigos."
Dentro de su clan, recuerda, estaba Cristina Onassis y "un genial pintor argentino, que es un personaje irrepetible, Juanito Prat Gay, que eligió Marbella por su vida bohemia". Uno de los personajes más queridos era Sebastiano Bergese, millonario de los laboratorios, y es fácil entender el porqué de su popularidad. "En su casa se daban cita las fulanas más guapas de Europa en busca de maridos ricos, ¡y todas lo consiguieron!", aclara Varela.
Los tiempos cambiaron. Hohenlohe murió de cáncer de próstata hace unos años, Marbella se abrió al turismo más masivo (sobre todo de Gran Bretaña y los países escandinavos) y los amigos de Hohenlohe y la marquesa no veranean más allí: "Sotogrande, a 20 minutos, le ha sacado a Marbella la gente más elegante y el estilo de vida tipo Punta del Este; otros se fueron a los Hamptons, en Estados Unidos; a Porto Cervo y Cerdeña, en Italia; a las costas de Croacia o a José Ignacio, en Uruguay", dice la marquesa, con un dejo de orgullo, ya que nació en Montevideo como Neneta Marín.
Pero para quienes quieran disfrutar de un último coletazo del lujo todavía están las playas del hotel Guadalmina, donde todos los días se puede encontrar a la hija de la duquesa de Alba y a Marisa de Borbón. El Marbella Club Hotel (el que era de "Olé Olé") tiene un restaurante excelente y Carmen Thyssen es dueña de una casa en el club a la que va, al menos, cinco días al año.
Puerto Banús, con los monstruosos yates de los jeques, es un lugar divertido, con sus barcitos, restaurantes y boutiques de moda (entre las cuales hay tantas de marcas argentinas que a veces parecería estar entrando en Paseo Alcorta). Y sus playas, si bien ciertamente tienen un exceso de reproducciones de estatuas griegas y de postes de luz franceses en su decoración, siguen siendo paradisíacas.
La feria de los sábados en la plaza de toros en Marbella es muy simpática y en ella se encuentra un poco de todo, desde perros abandonados para que los turistas recojan hasta muebles y puertas antiguas que bajan los gitanos de los pueblos del interior. Y en el casco histórico todavía hay decenas de pequeños restaurantes donde tomar un gazpacho seguido de un pescado a la sal (una especie de ceviche andaluz) que hacen sentir a quien los prueba el ser más afortunado del mundo. Sea uno, o no, un príncipe, una actriz de cine o un playboy descarriado; y aunque ya ni siquiera se los tenga al lado.
Para saber más
www.marbella.es
www.marbella.com
Como en Suiza
MARBELLA.– Símbolo de los nuevos tiempos: ¡ahora hay gente que hasta viene a estudiar a Marbella! Una de las escuelas de hotelería y management más famosas de Suiza abrió una sede aquí, con las mismas prácticas y el mismo rigor académico que en los Alpes, pero sin el frío. El campus de Les Roches Marbella está cerca de Puerto Banús, rodeado de canchas de golf y de una noche de fama internacional. Todo esto hace que la vida más allá del estudio sea muy entretenida. Además, se trata de un entorno privilegiado para la práctica profesional: Marbella tiene la mayor concentración de hoteles de cuatro y cinco estrellas en la Costa del Sol, y servicios inigualables. Para mayor información sobre éstos, sobre Les Roches Marbella (o acerca de las sedes en Suiza de las que se dio cuenta en una edición anterior de la Revista), ver veinstein@mr.com.ar; www.les-roches.ch o marketing@les-roches.ch.
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