
Maitena, una pinturita
Tuvo una hija siendo soltera, a los 17, un hijo a los 19, y otra a los 37. Esa vida a contrapelo le aguzó la mirada femenina y ahora su humor es famoso hasta en Europa
1 minuto de lectura'
–Yo no vivo dentro de una jabonera, eso lo tengo clarísimo.
Dice Maitena mientras tironea puntas blancas de pelo blanco: hacia atrás, arriba, adelante.
–Es complicado hacer el chiste de minas preocupadas por la celulitis cuando la tapa del diario todos los días dice que se muere de hambre el 70 por ciento de los menores de 15 años. Pero el otro día una mujer me dijo que estaba bien, porque ése era el momento del día en el que no pensaba en lo demás. Se reía de algo que la hacía dejar de pensar en eso.
Es domingo y acaba de llegar de Uruguay. Enciende un cigarro negro en su casa en Buenos Aires y muestra con orgullo un cartón de los que fuman los paisanos en el campo de ese país donde, desde hace un tiempo, vive. Allí pasa más de la mitad del mes, en un pueblito de playa cercano a La Paloma, donde se fueron yendo de a poco para quedarse cada vez más. Se abre la puerta y aparece un hombre así de grande y así de joven y así de sonriente y se avalanza con paso de oso. Maitena se deja, se sumerge, se estruja.
–Juan. Mi hijo. Un bombón
Sonríe, nada reblandecida, porque ella es una madre, pero antes es una chica bien metida en sus pantalones. Una mujer plantada en sus contradicciones con el orgullo de quien sabe que las porta. Con un pasado rumboso, una hija nacida cuando ella tenía 17 y era soltera y sin hombre (Amaya, fotógrafa, de 22), un hijo que tuvo a los 19 (Juan Pablo, de 20), y otra más (Antonia, de casi 3) que nació cuando Maitena tenía 37, la frutilla del postre de un presente pleno.
Maitena es la menor de siete hermanos, hija de una madre difícil, de un padre estricto y militar y a quien, sin embargo, le dedicó el libro que saldrá en noviembre en la Argentina, por Ediciones de la Flor, que ya vio la luz en España en septiembre, por editorial RqueR, y que reúne los dibujos que publica en la última página de La Nacion desde 1998.
–Los que aparecen en el libro estaban pintados con acuarela. Ahora hago todo por fotoshop. Con la computadora hice como hago con todo. Digo no no no. Y después me encanta. Sí, se lo dediqué a mi viejo, y le puse Superadas por él. El les decía superadas a las minas divorciadas, analizadas. Era una cosa peyorativa. Me decía a mí: "Vos sos muy superada". Claro que no creía ni un minuto que fueran superadas.
–Era una relación complicada.
–Sí. Era compleja. Pero se fue puliendo con los años. Cuando fue viejito, no me daba tanto pelearme. Las chicas además estamos medio enamoradas de nuestros viejos, aunque los odiemos, y les perdonamos cosas que a las madres no les perdonamos. Era muy respetuoso de mi vida. Consideraba que yo sabía lo que hacía, sabía lo mal que yo estaba y yo le pedía sólo si estaba de últimas.
–¿Cuándo murió tu papá?
–No sé. No me acuerdo. Tres o cuatro años. Pero la única vez que dejé de entregar un trabajo fue en la semana que murió mi viejo.
La voz de Maitena. Ojera y noche, y cigarrillos negros. Tiene 40 años. El pelo blanco por elección. Tres hijos, un hombre que la quiere, una vida feliz entre Buenos Aires y una playa uruguaya, publicaciones, reconocimiento, admiración. Está nominada al premio Konex y es el algo así como el esperanto del humor. Su trabajo es publicado en varios países y medios prestigiosos dibujando la tragedia griega que transcurre en el piso de abajo.
Pero antes su vida era otra cosa. Alguna vez dibujó su autobiografía en una tira de, exactamente, diez cuadritos. Allí está todo. Una infancia difícil, una adolescencia difícil, una vida difícil. Allí cuenta cómo a los 19 años tenía dos hijos maravillosos, tres trabajos horribles, se separaba a los 24, dibujaba cosas que no le gustaban, no tenía un peso, y su vida era un tobogán de emociones bajas. Sin embargo, la tira mueve a risa.
–Es que yo me río de las cosas que me hacen llorar.
Y en pleno llanto, en 1993, cuando la vida se derrumbaba por todas partes y dibujaba historietas eróticas en Fierro y Sex Humor, le pidieron una página semanal de humor sobre y para mujeres en la revista Para Ti.
–Y yo hacía muchos años que no tenía un sueldo y claro que dije: Siii quiero. Mi única preocupación era si iba a poder hacerlo. Cuando hice Mujeres alteradas empecé a hablar de mujeres desde mí misma. Y un día me animé a decir que las mujeres nos depilábamos los bigotes, y dibujé a la mina con el bigote y el cerote.
–¿Cómo explicás que tu trabajo se entienda desde la Argentina hasta Francia, pasando por Paraguay?
–Yo tenía un agente en Europa, cuando hacía cómics eróticos, que me dijo algo remanido pero real. Yo había trabajado mucho en unas historietas eróticas que transcurrían en el subte de París, y cuando las quise vender allá me fue como el traste. Pensarían: "¿Y vos quién sos, que me venís a contar cómo es París?" Este agente me dijo: "Pinta tu aldea y pintarás el mundo". No le di pelota. Volví a la Argentina, dos o cuatro años después pasó lo de Mujeres alteradas. Yo estaba pasando un momento muy malo, hacía manuales de grado, la Constitución argentina para niños. Era la hiperinflación, y mi vida era un bardo. Las Mujeres alteradas pegaron enseguida. Ahora veo que se vende en tantos países... y yo empecé por pintar mi aldea. Mi pequeña aldea de mujer y su pequeño mundo femenino, rodeada de lo que conoce y de lo que le pasa. Y pasó lo que decía el viejo éste diez años antes. Ahora me asombra ver que hay una mina en Italia a la que le pasa lo mismo que a una de Buenos Aires.
–No porque creas que todas las mujeres son iguales.
–No. Yo tengo una frase que inventé hace mucho, y es que las minas no somos todas iguales, pero nos pasan las mismas cosas. Las mujeres tenemos una escala de valores parecida, que tiene que ver con los afectos, los amigos, la casa, los hijos. La gran sorpresa de mi laburo fue esa. Descubrir que las minas de otros países, que para mí eran más evolucionadas, sí tienen una cosa doméstica en la que son más evolucionados: los tipos lavan los platos y llevan los chicos al colegio y los bañan desde hace miles de años. Pero en las relaciones personales, estamos igual en casi todos lados. Y hay una cosa terapéutica en mi laburo, de reconocerse. A mí me hace bien y creo que le hace bien al que lo lee. Mal de muchos consuelo de tontos. Sí, te sentís una tarada, pero sabés que sos una tarada como todas las demás.
El hombre que le ha propuesto matrimonio más veces de las que puede contar y a quien ella, siempre, dice que no, se llama Daniel Kon y es su pareja desde hace unos cuantos años. Fue manager de grupos de rock, y es el principal hacedor de que la dama haya reencauzado energías en el sentido correcto. Primero, la concentró para que brillara. Después acunaron juntos un embarazo que ella llevó con gusto, placer y calma nueve meses en su vientre bravo. De ese embarazo nació Antonia, que cumple 3 en enero.
–Los dos primeros años de ella laburé lo menos posible. Pero cuando los otros chicos eran chicos yo estaba muy loca y tenía veinte mil laburos, y salía hasta cualquier hora, abría dos cervezas a las 5 de la mañana y me ponía a dibujar. Fue un aprendizaje. Tomarme las cosas con más calma. Daniel me ayudó porque es un vivo. Quería estar conmigo. No quería una mujer que laburara todo el día. Me la armó fácil, y dijo: "Ya está todo mandado". Y yo dije: "Ah". Ahora me pasan muchas cosas, son todas muy buenas, y no quiero más. Está todo muy bien. Me llevó muchísimos años estar en este lugarrr...
Mira con sorna, se estira como un pájaro exquisito dibujando comillas en el aire:
–... este lugarrrrr donde estoy, si es que estoy en algún lugar. Pero es el trabajo de veinte años. Y supongo que en este momento tengo éxito y en otro momento no lo tendré. Me pasó más de lo que esperaba. Estoy superhecha. Seguramente habrá alguna chica de veinte que está haciendo algo bárbaro y está muy bien que tenga su lugar.
–¿No temés dejar de aparecer?
–No. No creo en eso. Me parece que es bárbaro, pero que no es importante en mi vida. Importante es de cáncer para arriba. Mi vida está estructurada sobre otros pilares que no son los del laburo, y que tienen que ver con lo afectivo. Yo no soy Maitena la humorista. Me encanta ser humorista y que me vaya muy bien, pero ése es mi laburo y en algún momento se va a terminar. No quiero estar muuuuchos años en el diario. Yo hago treinta dibujos por mes para el diario, y habrá diez que están buenos, no se me ocurren treinta ideas bárbaras por mes. Las ideas tienen un límite. Las mías por lo menos. ¿Qué quiero? ¿Todo? No.
–¿Nada que tenga que ver con el trabajo te da temor?
–No. No me da miedo porque más abajo de lo que yo estuve, no voy a caer nunca. Yo he vivido debiendo tres meses de alquiler, cuatro de expensas, teléfono cortado, con los chicos. Lo que pase de acá en más, ya está todo bien.
–Si lo profesional no te preocupa, ¿qué te puede desesperar?
–No lo quiero pensar. No lo puedo decir porque se me estruja el corazón. Para mí tiene que ver... con cosas personales. Con cosas que tienen que ver con el amor, mis hijos. Si tengo todo. Yo estoy enamorada de un tipo espectacular, que me adora, que me ama, nos llevamos bien. Soy linda, soy joven. ¡Soy flacaaaaa! Tengo una casa hermosa, hijos divinos, y sanos, no tengo una hija depresiva ni un hijo que se droga, entonces tengo cosas con las que sentirme bien de acá a la eternidad.
Dibuja mujeres en conflicto. Con sus madres, con sus hijos, con sus hombres, con sus arrugas, con el consumo. Y entre otras cosas, ha dibujado a las señoras mayores más ácidas de la Gran Viñeta Nacional.
–Viejas. Me encantan las viejas. Son inimputables. Entran en un lugar y dicen: "¡Pero treinta pesos esa porquería, esto es un robo!" Vos lo estás pensando, pero no te animás a decirlo.
–¿De vieja te imaginás así, como tus viejas?
–Sí. Cabrona total. Pero estoy trabajando mucho para llegar a vieja bien.
–¿El físico te importa mucho?
Se transforma en uno de sus dibujos de líneas ondulantes y se agacha mientras dice que nooooo, que no le importa nada, y finge que llora por la carne derramada.
–Cumplí 40 y me agarró una depresión espantosa. Yo siempre viví como si tuviera 50, a mi la edad nunca me importó, pero cumplí 40 y no me gustó. Cuarenta me sonó a presbicia, próstata. Cuarenta. Cuarentona. Bueno. Yo no pienso tener 40. Voy a seguir cumpliendo 39.
–¿La depresión te duró...?
–... mucho. Nunca en mi vida hice un abdominal. Pero dije: "Tengo 40, voy a hacer ejercicio". Como soy medio talibán, me hice adicta a la gimnasia. Ahora estoy dura. Eso es una novedad en mi vida. Y descubrí unos corpiños bárbaros, que hacen todo el trabajo. Son esas cosas de minas, que yo nunca sabía, pero que aprendí con mi hija Amaya. Cuando mi hija Amaya empezó a crecer, yo aprendí muchas cosas femeninas. Empecé a arreglarme un poco.
–Pero vos tenés un componente masculino fuerte.
–Sí. Me gusta. Me parece enriquecedor. Tengo muchas cosas de hombre. Tomo muchas decisiones, me la banco. Pero por qué eso es masculino y lo intuitivo es femenino. Es un terreno peligroso. En muchas cosas soy un muchachito total, y me encanta. Y justamente, el hombre tradicional es la clase de hombre que me da sueño.
–Y si Amaya te enseñó a ser mujer, qué te enseñó Antonia.
Se queda quieta. Un oso compacto, valiente. Albino.
–No sé. Antonia tiene que ver con el descubrimiento mío de la naturaleza. Yo fui una mina muy urbana, muy portland, muy noche, y ahora vivimos en un lugar solitario, y estoy mucho con ella. Hay algo muy animal en mi relación con Antonia. Daniel fue padre por primera vez a los 45 años, se ocupa mucho, y yo también tengo ganas de estar con ella. A los 20 años tenés ganas de hacer de todo. Yo ahora tengo ganas de estar con mis hijos, mis amigos, pero no de acostarme a las 6 de la mañana todos los días. Salgo de noche, pero siempre acuesto a mi hija. A veces pienso que mis hijos mayores son bárbaros porque son todo terreno. Han vivido muchas cosas y son chicos bravos. Eso les ha dado una capacidad de encontrar felicidad más fácil.
Hay una foto vieja, en blanco y negro. Maitena posa frente a una biblioteca con sus, entonces, dos niños, Amaya y Juan Pablo. Parecen tres hermanos. Tres perfectos guerreros solitarios contra las asechanzas del mundo.
–Con Antonia... espero no tener una hija producto de estos tiempos, niños consumistas, insatisfechos y demandantes. En ese sentido está bueno vivir en un pueblito alejado de todo. Antonia juega con pingüinos, flores.
Enumera otras cosas. Piedras, caracolitos, hojas secas, maderas, pájaros, brotes. Después, enciende un cigarrillo. Negro.
Maitena internacional
El trabajo de Maitena se publica en España, Italia, Francia, Chile, Uruguay, Venezuela, Paraguay, Puerto Rico, México y fue traducido al italiano, el portugués y el francés. En España publica en la revista El País Semanal, del diario El País de Madrid; la revista Jueves, y en la revista Marie Claire, donde hace una tira sobre las mujeres y el sexo. En Italia en el suplemento cultural del diario La Stampa. En Francia, en la revista Madame Figaro del diario Le Figaro. En la Argentina, en la La Nacion, la revista Para Ti, y los diarios La Voz del Interior, Los Andes, Río Negro y El Liberal. Los libros Mujeres alteradas 1, 2, 3, y 4 llevan vendidos, tan sólo en la Argentina, 250.000 ejemplares. Mujeres alteradas 5 fue editado por la española Lumen, y apareció en la Argentina en 2001 en Sudamericana. Lleva ocho ediciones sucesivas en España (80 mil ejemplares) y cuatro en la Argentina (40 mil ejemplares). El nuevo libro, Superadas 1, aparecerá en noviembre en la Argentina editado por Ediciones de la Flor, pero en España salió en septiembre por RqueR. Los derechos para la publicación de los cinco libros de Mujeres alteradas han sido contratados en Francia, donde comienzan a aparecer en octubre), en Portugal (donde ya salió el primer volumen) y en Brasil, donde saldrán a partir de noviembre.
Especial para mamá
LA NACION LINE anticipa el festejo del domingo 20 de octubre, con sorpresas y mucho amor






