
Horacio Molina El tango no se rinde
Parece mentira, pero algunos conservadores le siguen poniendo peros a su modo de cantar, al que sólo puede objetarse que es excesivamente musical. El sigue adelante, y acaba de lanzar un CD -Barrio reo- dedicado a Gardel
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En la formación personal y musical de Horacio Molina influyeron un tío pianista, sus padrinos artísticos Jorge y Oscar López Ruiz, Lalo Schifrin y Sergio Mihanovich, y también intérpretes que escuchó desde niño, como Ella Fitzgerald, José Antonio Méndez y Vinicius de Moraes, Sinatra y Artie Shaw, Stan Kenton y Gillespie, Angel Vargas y João Gilberto, Pedro Vargas y Elvira Ríos, Lucho Gatica y Mercedes Sosa y, especialmente, a quien le rinde culto desde que eligió ser cantor de tangos y en su último compact, Carlos Gardel.
A la altura de su disco número 20 -unos 250 temas grabados en total; su último CD se llama Barrio reo, acompañado por guitarras, como tributo a El Zorzal-, el hoy eximio intérprete de tango que en 1962 se inició cantando boleros se define como "el narrador musical de una historia".
La entrevista con Horacio Molina se realizó en su departamento de Núñez, donde ofreció infusiones diversas y agua a sus visitantes, y explicó que desde los 6 años estudió piano en un conservatorio de Almagro. Para demostrarlo se sentó y tecleó delicadamente, como si cantara, una parte de un preludio de Bach.
-¿Es cierto que todavía hoy muchos discuten tu legítima condición de cantante de tango?
-A veces todavía ocurre, quedo en el medio de discusiones increíbles. Pero con este último trabajo creo que les saqué tarjeta de presentación a todos los que pretenden negarme y les dije: Tomen, muchachos. A algunos prejuiciosos les cuesta reconocerme. Pero el colega honesto, sensible, seguro que me reconoce. Todavía, cada tanto, siento que sufro más por ausencia que por agresión: me omiten, me ignoran, me segregan. Es raro, para algunos soy un ídolo, para otros no existo. Eso pasa, pero también está lo otro. Hace poco se me acercó un músico de tango que había trabajado en la orquesta de Miguel Caló para confesarme que él me había negado y que me quería pedir disculpas por eso. Pero junto con eso te puedo contar el caso de Julián Ortiz, que tiene más de 80 años, tocó en la orquesta de Osmar Maderna y me sigue a todos lados. Y también son fanas míos Alejandro Dolina, Antonio Carrizo, Mario Mactas. Hasta una novela reciente (N. de la R.: El desencuentro, de Eduardo Alvarez Tuñón) estuvo inspirada en mi versión del tango Flor de lino. Así lo aclara el autor, que incluso me hace una dedicatoria: A Horacio Molina, quien sin saberlo, involuntariamente, es el autor de este libro. Ahora, esa novela se convertirá en película y Alvarez Tuñón exigió que yo fuera el autor de la música.
-¿Pensaste cuál podría ser el origen de esta resistencia?
-¡Uf... tantas cosas! No te olvides de que cuando me metí en el tango ya había frecuentado el ambiente del jazz. Si hubiera aprendido el inglés con la facilidad con que aprendí a escuchar a Gardel, podría haber sido un buen cantante de jazz. Fui admirador de la bossa nova, canté folklore como aficionado, porque no tengo lo que tiene un santiagueño o un tucumano. Pero lo que curtí realmente desde chico, desde las fiestas familiares en que invariablemente me hacían cantar, fue el tango. Aunque con lo que debuté en actuaciones fue con el bolero. Los hermanos Jorge y Oscar López Ruiz y Sergio Mihanovich me acompañaron a hacer una prueba frente al ejecutivo Ricardo Mejía en la RCA Víctor, en 1962, y ahí me contrataron para integrar un grupo de artistas jóvenes de lo que después sería El Club del Clan.
-¿El de Palito Ortega, Johnny Tedesco, Violeta Rivas y todos los de la nueva ola?
-Exactamente. La number one era Jolly Land, y también estaban Raúl Lavié, Chico Novarro, Nicky Jones, Chiquita Galán, Tanguito, todos, pero yo no me consideraba nuevaolero. Era medio sapo de otro pozo; pero no de agrandado, sino por timidez. Cuando en cada final todos nos teníamos que tirar al suelo, yo me rajaba para atrás. En un momento, el periodista Leo Vanés -que hacía la prensa del grupo y fue uno de los que sugirió a Tedesco que usara suéteres divertidos o a Palito que no sonriera- a mí me quería presentar en las notas como si fuera un nuevaolero niño bien. ¿Me entendés? Yo siempre odié esa imagen. Porque me consideré un chico de barrio y todavía hoy si alguien me dice que soy un finoli me dan ganas de trompearme. Entonces, hubo un bache hasta que volví al tango gracias a la insistencia de mis amigos del bar El Parque, frente a la plaza Rivadavia. Ese bar ya no existe más.
-Entre tus seguidores, ¿hay jóvenes cantantes que, por ejemplo, te imiten?
-Sí, hay uno que se llama Pablo Banchero, que ya canta muy bien y cada tanto me habla para pedirme orientaciones. No soy maestro, pero mi sugerencia principal es que interprete desde su corazón. A muchos los he ayudado de onda y hace poco colaboré en la grabación de Karina Silverman, otra chica joven que canta muy bien.
-¿Cómo explicás tu fanatismo por Gardel y por qué le decís La Bestia?
-Es una admiración que sólo ahora puedo intelectualizar, pero desde chico fue simple amor. Jamás decía: qué bien canta ese hombre; pero iba, una por una, por cada audición de radio en donde pasaran discos de Gardel y escuchaba cada tango como si saliera de la boca de un narrador de cuentos cotidianos. Con los años creció en mí la idea de que el tango es mucho más que una música popular. Es una historia del país narrada a través de canciones en las que se reconocen personajes, idiosincrasias, caracteres. Ese repertorio que escuchaste en mi último disco yo lo aprendí desde chico como si fueran cuentos infantiles, o mejor todavía, como si aprendiera otro idioma. Cuando escuchaba a Gardel cantar Alma que en pena vas errando, me imaginaba a un tipo sufriendo porque su mina estaba con otro. O en Al pie de la Santa Cruz, mi escena mental era en un muelle: una familia destrozada porque se llevaban a alguien confinado a Ushuaia y al que no verían más. O en El que atrasó el reloj me imaginaba a dos amigos, y uno que está haciendo huevo todo el día. Lo de La Bestia es un calificativo nacido del amor, de la admiración, como mucha gente le podría decir a Maradona. Gardel fue un fuera de serie por todo lo que hizo, por la época en que lo realizó, por lo bien que cantaba. Estoy convencido de que él tenía conciencia de su categoría superior: Gardel sabía que era Gardel.
-¿Gardel tenía técnicas secretas para cantar mejor?
-Tenía algunos yeites para mejorar la emisión. Convertir la ene en erre es un defecto, pero los que cantamos sabemos que ayuda a emitir mejor. Pero eso mismo, en La Bestia, era virtud. Le conozco los tartamudeos, cuando se equivocaba o dudaba en la letra de algún tango, cuando se le lengua la traba.
-¿A veces te pasa, en pleno recital, lo de Gardel, eso de olvidarte de una palabrita?
-Sí, y para zafar, la cambio por otra. A mí, la mínima cosa que pase en la sala me quita concentración. Yo no canto tangos, cuento historias, y en esa narración a veces se interpone una nube de esas que te hacen cortar el hilo de la conversación y decir: ¿Qué te estaba diciendo...? ¡Ah!, sí, te acordás y seguís.
-¿Cuántos temas sabés de memoria?
-Seguros, completos, sin que me falte ni una palabrita deben ser 200 tangos y 100 boleros.
-¿Cuál es tu tango preferido?
-No tengo, porque debe haber 100 de primer nivel.
-¿Tenés tangos propios?
-¿Que haya compuesto? Tengo uno: le puse música a una letra del poeta Federico Pedrido y se llama Te buscaré en un tango. Para decirte la verdad, componer me sale tan fácil que casi no le doy valor a lo que compongo. Muchas veces me pongo con la guitarra a ensayar, me salen cosas lindas y digo: Pero qué tonto. ¿Por qué no lo grabé? Hasta en la hora del sueño uno tendría que tener el grabador conectado, porque allí es donde surgen frases y hasta temas enteros. A veces, la inspiración está limitada por la bohemia.
-Si la ley no te penara, ¿de qué tango te apropiarías?
-Si no estuviera penado y si yo fuera un canalla, el tango que robaría sería Volver. Me gustaría que fuera letra y música de Horacio Molina, y no de Gardel y Lepera. Volver es lo máximo.
-Imaginate que en este tiempo electoral un candidato se vuelve loco y te dice: "Molina, quiero que sea el futuro subsecretario de Tango y Milonga de la ciudad, que tendrá una oficina de boleros". ¿Aceptarías el cargo?
-Si me ofrecen libertad absoluta y posibilidad de trabajo sin presiones, sí, agarro. Y lo primero que hago es convocar a los mejores autores e intérpretes para hablar, para intercambiar ideas, para darle impulso a la buena música...
-¿Y qué es lo primero que organizás?
-Perdóneme, señor periodista, por el momento no puedo adelantar mis planes... pero lo seguro es que estaría lejos de curros y transas.
-Cuidá que los discursos en los actos no te lesionen la voz. A propósito, ¿cómo la cuidás?
-No fumo, hago gimnasia, un poco de yoga, ejercicios de respiración, todos los días vocalizo y canto por lo menos dos horas, repito temas para tenerlos frescos. Hay muchos momentos del año en que no trabajás, y no te podés quedar parado. Si no hacés todo eso, las cuerdas vocales, que son un músculo, se empastan, se enturbian y después es muy difícil volver a ponerlas en funcionamiento.
-Tu último trabajo se llama Barrio reo. ¿Existe todavía la categoría del reo?
-Claro que existe. Es un tipo que tiene mucha calle, mucha sabiduría natural sumada a la que da la vida, también algo vago, atorrante, pero confiable.
-¿Vos sos reo?
-No en un ciento por ciento, pero conozco a muchos y tengo diálogo con ellos. Goyeneche era reo, reo. Pobre, era un apasionado romántico, le encantaba cantar boleros y me decía: "¿Sabés como te envidio a vos, que cantás boleros?" Roberto cantaba un bolero y le salía un tango.
-Los temas de tu último CD, salvo uno de Rubén Rada, fueron compuestos por lo menos hace 70 años. ¿A qué atribuís que la producción de tangos se interrumpe entre 1950 y 1960?
-Me gustaría investigarlo, porque no le encuentro razón. Debe haber pasado algo en el peronismo. ¿Habrá sido responsabilidad del peronismo? (Se ríe.) Me río porque me escuché y pudo sonar gorila. No, lo que digo es otra cosa: ¿habrá sido el costo de las orquestas, con tantos músicos? Tampoco desapareció. Después de esos años se consagra Astor Piazzolla, pero mientras aquí hubo un Astor Brasil generó veinte artistas equivalentes. De todos modos, a mí no me molesta que los tangos tengan muchos años, así como no me parece trascendente que un cuarteto de Mozart tenga más de 150 años.
-Alguna vez declaraste que tu acercamiento al tango había sido una concesión al mercado. ¿Fue así?
-Era una ironía, porque agregaba que si hoy llegara a grabar un disco de boleros los vendedores de Musimundo no sabrían en qué estantería ponerlo. Entonces, reciben tango y se quedan tranquilos. ¿Para qué los voy a desorientar?
-¿Qué otra música te podría haber apartado del tango?
-Nada me podría apartar del tango.
-Imaginate que existiera en esta época un productor como Ricardo Mejía, que se vuelve un poco loco y te encarga una selección de tangos que les encanten a los autores clásicos, un repertorio para Debussy, Schumann, Prokofiev. ¿Qué tangos hubieran admirado?
-Mirá, eso podría ser, perfectamente. Cuando viví en París mi productor, Christián Chevallier, no era capaz de distinguir un tango de otro, pero moría por la riqueza melódica de los temas de Gardel y Lepera. Así que si a Mozart o a Beethoven les tararearas Garúa, Fuimos o La casita de mis viejos (y te podría nombrar cien más) se caerían de espaldas, porque tienen una melodía fuera de lo común y son absolutas obras de arte.
Con ustedes, el intérprete
- Nombre completo: Horacio Manuel Molina.
- Edad: "Como mil años... pero me quedé en 60".
- Nacido en: Almagro, vivió muchos años en Caballito y actualmente reside en Belgrano. Vivió en Francia entre 1978 y 1986.
- Familia: "Bien, venida a menos".
- Hermanos: 3 varones (Eduardo, Carlos y Ernesto) y una mujer (Odilia).
- Posicion economica: "Gasolera. Vivo con muy poca guita y al día. Tengo un departamento, un auto y tres lucas en el banco".
- Estado Civil: "Mmmm... ¿Mmmm?"
- Hijas: dos (de su matrimonio con Chunchuna Villafañe: Juana, de 36 años, actriz cómica, reside en Los Angeles, e Inés, de 34, actriz, música, saxofonista y periodista (realizadora del ciclo de cable Todas las músicas, la música).
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