
Fútbol: La máquina de hacer dinero
Los jugadores valen oro y las empresas pagan sumas siderales por una camiseta. Se barajan cifras de ocho dígitos como si nada. Es más que la danza de la fortuna. El viejo balompié , y todo lo que se mueve a su alrededor, está entre los diez negocios más suculentos del mundo.
1 minuto de lectura'
El folklore popular dice que antes se jugaba por el sanguche y el vaso de vino.
Eran días aquellos en que la liturgia futbolera brotaba con sus más sagrados y humildes códigos.
Comprar el Alumni por veinte guitas y un puñado de chuenga por una moneda eran ritos impostergables; los negritos de Sugus bailoteando en el entretiempo y el jingle de los pilotos ( ¡Si su piloto es impermeable... su piloto es Aguamar..! , ¿se acuerda?) alimentaban el espectáculo. La Voz del estadio , que anunciaba la formación de los equipos por los altoparlantes, endulzaba los oídos de la hinchada, que la recibía como a un canto gregoriano.
Inflados de alegría o con las cabezas gachas, pateando piedras, según el resultado del partido, los pibes volvían a sus casas pensando que aún les faltaba cumplir con la última ceremonia dominguera: pegar con engrudo -el mejunje era con agua y harina- las figuritas Starosta con las fotos de los jugadores en el álbum que prometía una número cinco de premio.
Daban bronca las difíciles. El cambio de cuarenta fáciles por una difícil aseguraba completar una hoja -y a veces el álbum-, pero había que estar ahí para ver cómo bajaba el pilón. Amadeo era una de las difíciles. Y también Valentim. Y Carone... Pero el desafío era tentador: se trataba de acceder a la de cuero -inalcanzable en aquella infancia severa- para reemplazar a la Pulpo que, aunque entrañable, no dejaba de ser de goma.
Eran días de jugadores fantásticos, de modos en general sencillos y de vidas austeras que se ganaban el pan pateando pelotas de cuero, de cuero en serio, y lo único que usaban en sus camisetas era el número en la espalda que indicaba la posición en el campo, modalidad impuesta en nuestro medio allá por 1949.
A mediados de los 60, River compró a un número seis, el uruguayo Roberto Matosas, por quién pagó 33 millones de pesos moneda nacional. Fue un escándalo. Un escándalo no por la transacción en sí sino por la cifra. Una cifra inusual para el mercado local de entonces. Fue como triplicar la suma que se acostumbraba pagar en otras operaciones de ese tipo.
Esa cantidad hoy es poco menos que el cambio chico. Una comisión. Una propina, bah.
Considere que estas referencias no corresponden a un pasado demasiado lejano. Veinte, quizás treinta años atrás, el fútbol era simplemente eso, fútbol. En general, el jugador que colgaba los botines terminaba trabajando en otra cosa para subsistir: vendía seguros, ponía una pizzería, compraba un puesto de diarios...
El fútbol, ayer nomás, no era ni por asomo el gigantesco comercio que es hoy. No pesaba la televisión: eran días de doña Petrona y del Cisco Kid. No mucho después, a mediados de los 70, la AFA cobraba 30.000 dólares por la televisación de algún partido de la Selección, contra los 800.000 que embolsa ahora.
Los empresarios no habían descubierto aún el filón; los representantes eran especies desconocidas y la venta de jugadores -salvo contadas excepciones, como la de Omar Sívori, cuando River lo vendió a Italia por 300.000 dólares y le permitió al club construir una tribuna completa- no ocupaban el espacio que hoy se ganan en los medios. Maradona ni siquiera era un sueño, porque ni él mismo había empezado a soñar.
De pronto, todo se modificó. El sanguche y el tinto de antes son el caviar y el Dom Perignon de hoy. Se acabó el fobal , desapareció el fulbo . Todo suena a Fútbol S. A. Si usted llama hoy a la Bombonera , una voz femenina en el contestador del conmutador le dirá: Welcome to Boca, hold on a moment, please. ¡Welcome to Boca!
Los jugadores usan teléfono celular y es raro que no tengan contadores y representantes, firman contratos publicitarios millonarios, manejan automóviles de 40.000 dólares; van y vienen por el mundo con la misma facilidad con que uno sube a un colectivo.
Hace poco, River rechazó 450.000 dólares por la televisación de la final de la Copa Libertadores de América porque consideró extremadamente barata la oferta. En un mes, Boca desembolsó 17.540.000 dólares para reforzar el equipo.
Todo ha cambiado. Tanto, que en algunos países -en Italia, por ejemplo- el más hermoso deporte que se haya inventado está bajo sospecha: ¿de dónde sale la plata?, se preguntan los jueces. El resultado de ese partido especial entre el fútbol y la Justicia todavía es incierto.
Si aquellas pinceladas del pasado no tienen por qué sonar a ejemplo, lo de ahora tampoco tiene que ser visto como una crítica. Simplemente, se ha modificado el mercado. En la Argentina y en el resto del mundo. Ya se sabe: lo que manda es la oferta y la demanda. El fútbol, sin que haya archivado la pasión, hoy es un negocio formidable saboreado por empresarios y jugadores. Aunque no por todos los jugadores. Pero ésa es otra cuestión.
Usted seguramente sabe que Gabriel Batistuta, el argentino que encandila a Florencia (estrella de la Fiorentina y goleador del fútbol italiano), es el segundo jugador más caro del mundo. ¿Lo sabe, no? Veinte millones de dólares cuesta su pase. Un club inglés se atrevió a ofrecer 15 millones de dólares. Desde la ex capital del reino de Italia, los toscanos respondieron: "La oferta es inadmisible".
La comparación que sigue quizás lo sorprenda, o quizás lo moleste. Pero, en fin, aquí va: el delantero de la selección nacional cuesta 19.700.000 dólares más que el óleo más caro que se haya subastado en nuestro país, Canción del Pueblo, de Petorutti.
Sin ofender, no podemos negar que el Bati es una obra de arte. Pero nada es casual.
Ni que este argentino de oro y el brasileño Ronaldo cuesten entre los dos 40 millones de dólares, ni que Maradona siga siendo el jugador que más dinero mueve en el mercado (los chinos le hicieron un monumento y los japoneses se lo quieren llevar por 24 millones de dólares para que juegue allá dos años) ni que el fútbol sea una de las diez actividades más suculentas del mundo. TyC, la empresa de Avila que le paga a Bilardo la mitad de lo que cobra en Boca, invirtió este año 50 millones de dólares en diferentes contratos con la AFA y con los clubes. Y ya se sabe que para el mundial de Corea-Japón del 2002, la televisión pagará 20 millones de dólares para transmitir... cada uno de los partidos que allí se jueguen.
Tampoco es casual que algunos de los empresarios más fuertes de los países más fuertes de la tierra hayan estado o estén al frente de clubes de fútbol. La familia Agnelli y la Juventus viven un eterno romance; Silvio Berlusconi tiene el pasatiempo de presidir el Milan; la empresa Phillips es dueña del PSV Eindhoven, un club holandés, y una sociedad de bancos españoles maneja el Real Madrid, club que, dicho sea de paso, este año armó un equipo cotizado en cien millones de dólares. Hoy por hoy -otra vez la comparación-, el Real Madrid es más caro que la pintura más cara del mundo: El retrato del doctor Gachet, de Van Gogh -que murió creyendo que era un fracasado-, está valuado en 82 millones de dólares.
Por estas playas, nuestros empresarios tampoco se andan con menudencias. Mauricio Macri, un entrepeneur del fútbol posmoderno, ni siquiera parpadeó a la hora de poner seis millones de dólares para remodelar el viejo estadio de Brandsen y Del Barco Iberlucea -inaugurado en 1940-, y Eduardo Eurnekián, dueño del multimedios América, tampoco carraspeó cuando tuvo que firmar los cheques para adueñarse de Maradona por diez millones de dólares y de Caniggia (lo quiere vender en seis millones) primero, y entregarle, después, ocho millones de dólares a Independiente para la compra de jugadores que pidió César Menotti, nuevamente técnico y director deportivo del multimedios.
Como ve, nada es casual.
En la Federación Internacional de Fútbol Asociado, la añosa FIFA, ya se están frotando las manos porque, centavo más, centavo menos, el mundial de Francia del 98 le reportará una ganancia neta de 2000 millones de dólares, producto de las recaudaciones, derechos de televisión, publicidad y todo lo que tiene que ver con la comercialización (el merchandising , que le dicen) del acontecimiento deportivo más atrayente del mundo, sólo comparable, pero algunos escalones más abajo, con los juegos olímpicos.
Y no vaya a creer que nuestro país, si de goles y gambetas se trata, no flota en ese mar de millones del primer mundo donde hoy navegan -con suertes distintas- jugadores de elite, cadenas televisivas, empresas de artículos deportivos, multinacionales, no pocos marchands de la pelota y clubes que comprendieron rápidamente que más que un deporte, todo es un fantástico negocio.
La Argentina no está ajena a esta empresa. Pero no siempre fue así, claro. El ingreso de la plata grande es un fenómeno relativamente nuevo. Muchos se inclinan por señalar el comienzo de los 90 como la bisagra que sirvió para separar décadas de ganancias discretas con los tiempos actuales, donde las cifras de ocho dígitos se mencionan con la misma naturalidad con que uno dice buen día.
Otros, en cambio, asocian esta explosión con la llegada del brasileño Joao Havelange al frente de la FIFA, en 1974.
Settimio Aloisio aseguró: "Este negocio explotó a partir de los ´90". Hoy, el empresario futbolístico representa a más de cien jugadores de alto nivel en nuestro país
"El fútbol está entre los diez negocios que más dinero mueve en el mundo", dice sin dudar el empresario futbolístico Settimio Aloisio, representante de más de cien jugadores en la Argentina y con capacidad económica suficiente como para comprar -y después negociar con los clubes- un pase por tres millones de dólares en un abrir y cerrar de ojos.
"Muchos se preguntan por qué un club o una empresa pagan tanto por un jugador. La respuesta es fácil: porque la amortización de ese gasto es muy rápida. Si usted lo tiene a Maradona, por ejemplo, o a Batistuta, aumentará notablemente la asistencia de espectadores al estadio y recaudará más; si a eso le suma la comercialización de su figura, bueno, en un plazo no muy largo recuperará lo invertido.
"Mire el negocio que hizo Boca con el jugador Verón. Lo compró a Estudiantes de La Plata en un millón y medio de dólares y, seis meses después, lo vendió a Italia en siete millones. Eso es lo que yo llamo una excelente operación".
-¿Cuándo empezó el fútbol a ser comercialmente importante?
-Sin dudas, este negocio explotó en el mundial de Italia de 1990. A partir de ahí, todos los clubes grandes del mundo empezaron a incorporar figuras de renombre. Ahí es donde apuntan los empresarios. Si usted tiene en su club un apellido importante, tendrá el negocio asegurado. Yo diría que los que empezaron a vislumbrar esto fueron las empresas medianas europeas. Ellas tuvieron la inteligencia de comercializar, a través de los grandes jugadores, todos los productos relacionados con el fútbol.
-¿Sigue siendo Maradona el mayor generador de dinero en el fútbol?
-No le quepa duda. Aunque Maradona esté alejado del circuito, sigue siendo el mayor movilizador de dinero en todo el mundo. Vaya donde vaya, Diego mueve fortunas.
-¿Cuáles son los clubes económicamente más poderosos del mundo?
-El Milan y la Juventus, de Italia, y luego el Barcelona y el Real Madrid, de España.
A diferencia de los grandes clubes argentinos, donde los contratos por publicidad en las camisetas oscilan entre los 5 y los 20 millones de dólares según la extensión del acuerdo, los de segunda línea redondean los 300.000 dólares anuales.
De todos modos no dejan de ser cifras considerables en épocas de recesión.
-¿Pueden sobrevir los clubes sin el apoyo de las empresas?
-No. De no ser por la televisión, por las empresas de artículos deportivos, por los sponsors y por los empresarios que ponen plata, el fútbol apenas podría sobrevivir.
-¿Por qué hay a la vez una institución poderosa, como la AFA, y clubes muy pobres?
-Porque en la Argentina hay demasiados clubes. No hay ninguna capital en el mundo que tenga tantos equipos como los que concentra Buenos Aires. Mire lo que pasa en Europa. En Roma, están el Lazio y la Roma; en Milan, el Inter y el Milan; en Turín, el Torino y la Juventus; en Madrid, el Atlético y el Real Madrid. Además, porque como en todas las cosas hay dirigentes honestos y deshonestos, y otro tanto ocurre con los empresarios. Hay de todo. Mire, cuando se trata de negocios, el primer beneficiario tiene que ser el jugador, luego el club y después el representante. En la Argentina, en muchos casos, todo es al revés.
-La última, Aloisio. ¿Cuánta plata cree que mueve el fútbol en nuestro país?
-Vea, si sumamos todo, recaudaciones, publicidad, televisión, venta de imágenes, compra y venta de jugadores y todo el merchandising , yo estimo que el negocio del fútbol en la Argentina mueve alrededor de 1000 millones de dólares anuales.
Julio Grondona, presidente de la AFA, asegura que la cifra es muy superior. "Me parece que nos quedamos cortos" (ver nota a continuación).
Dos ejemplos bastan para medir el poder del fútbol actual. Primero: la empresa de calzado deportivo Reebok firmó un contrato con la AFA por 64 millones de dólares -más otros 20 millones en concepto de regalías- para patrocinar a la Selección Nacional durante ocho años, a partir de 1999.
Segundo: en lo que va del año, los clubes argentinos vendieron jugadores a todo el mundo, totalizando una cifra insospechada en otras épocas: 50 millones de dólares.
La irrupción de la televisión en el fútbol, se asegura, está estrechamente ligada a la incursión de empresas de artículos deportivos en este medio. Ambos movimientos, a la vez, son coincidentes con lo que para muchos ha sido el verdadero disparador de este fenómeno: el recambio de autoridades en la FIFA.
En nuestro país, las principales marcas dominan los principales clubes de fútbol. Así, Topper tiene, entre otros, a Boca y a Racing; Adidas, entre los más selectos, a River y a Independiente; Le Coq Sportif, a Rosario Central; Umbro, a Vélez y a San Lorenzo. Humell, Puma, Lotto y Olan se reparten las demás instituciones. A partir del 1° de octubre, Nike pagará 20 millones de dólares por patrocinar la camiseta de Boca por cinco años. Adidas no se quedó atrás: le ofreció a River 2 millones de dólares, además de la ropa, por dos años de contrato.
"Joao Havelange fue el primero en imaginar que el fútbol podría convertirse en una actividad fantástica", resume Angel Coerezza, ex árbritro de fútbol y hoy jefe de relaciones públicas de Gatic-Adidas. Y completa: "Pero la gran explosión se produce en 1990, cuando otras marcas, como Nike, empiezan a preocuparse seriamente por este mercado".
Adidas ancló en nuestro país en 1969 y hoy da trabajo a 6000 personas. El alemán Adi Dassler, un humilde zapatero de pueblo nacido en 1920, jamás habrá imaginado la proyección que alcanzaría su apellido y su agudeza: inventar un calzado que favoreciera la competencia de los atletas. Fue la primer marca en abastecer a deportistas de todo el mundo.
"Las altísimas cifras que mueve el fútbol -explica Marcelo Larrubia, gerente de Promoción de la empresa- es coincidente con la aparición de Adidas en este deporte. Hoy por hoy, nosotros invertimos cinco millones de dólares anuales sólo en gastos de promoción.
"Pero la competencia entre marcas es cada vez más dura. Hay marcas, como Nike o Reebok, que nacieron para abastecer a otras franjas. Hasta que, de a poco, empezaron a incursionar en el fútbol atraídos por las ganancias que este deporte genera".
-¿Por qué Adidas dejará de patrocinar a la Selección Nacional después del mundial de Francia?
-No es que dejará de hacerlo. Simplemente, Reebok ofertó en una licitación una cifra que está totalmente fuera de mercado. Lo hace, justamente, para empezar a meterse en él. Pero jamás podrá recuperar esa inversión. Con ese costo, es imposible.
-¿Cómo es la cocina de un contrato?
-Le explico. Hoy ya los estamos haciendo por no menos de dos o tres años. Y cada vez se hacen con jugadores más jóvenes, porque son los que más rápido emigran al fútbol europeo. Tenemos el caso del pibe Cambiasso, de 16 años, que nunca jugó en la primera división de su club y sin embargo fue transferido al Real Madrid. Las grandes marcas buscan a los más jóvenes. Después, están los históricos. Ruggeri, por ejemplo, hace 16 años que está con nosotros. Y le aseguro que los contratos que se hacen acá se equiparan perfectamente con los que se firman en Europa. El fútbol es la gran vidriera en la que quieren estar todas las empresas.
Desde el arco opuesto, el ingeniero Marcelo Scarone, gerente general de Reebok de Argentina, ataja la pelota y responde a la pregunta del millón.
-¿Por qué esta empresa decidió invertir casi un millón de dólares mensuales en patrocinar a la Selección?
-Porque estamos integrándonos al primer mundo y porque competimos con reglas de juego internacionales. La Selección de fútbol es un equipo de primer nivel internacional y por eso le hicimos a la AFA una oferta de primer nivel internacional, cosa que hasta ahora no la tenía. Invertimos a futuro porque el mundo moderno funciona así. Tomamos los riesgos, y también los asumimos. Además, la oferta de Reebok Internacional, que tiene su sede en Boston, es una demostración de la confianza de la empresa en este país.
Reebok -nombre que lleva una variedad de gacelas sudafricanas- llegó al país en 1991. El inglés Joe Foster, en 1894, tuvo la ocurrencia de agregar clavos a sus zapatos deportivos que le permitían correr más rápido. El éxito de ese nuevo calzado fue tremendo. Pronto montó una pequeña fábrica. Sus herederos, un siglo después, facturan internacionalmente 3000 milllones de dólares anuales.
El contrato firmado con la AFA supera holgadamente al de cualquier otra Selección. Y el que lo liga con Gabriel Batistuta hasta el 2006 está entre los tres más importantes del mundo.
"Las camisetas más codiciadas por las empresas deportivas a nivel de selecciones -dice Scarone- son las de Italia, Alemania, Brasil y la Argentina. Y aquí se da una curiosidad: la camiseta rayada, como la de nuestro equipo, tiene más valor comercial que las lisas. No me pregunté por qué, pero así es la cosa".
Según él, a excepción del fútbol, Reebok y Nike se reparten el cincuenta por ciento del mercado del calzado deportivo en la Argentina y en el mundo.
- Adidas (Gatic S.A)
- Facturación de Adidas
Internacional: U$S 3.300.000.000 - El 10% lo destina a la
promoción deportiva. - Facturación de Gatic S.A
(Sólo productos Adidas
en Argentina): U$S 200.000.000 - De este total, destina 5.000.000 para la
promoción del fútbol
local. - Patrocina a River, Independiente, Newell´s
Old Boys, Huracán,
Deportivo Español,
Huracán de Corrientes
y Argentinos Jrs. - A nivel internacional, el
contrato más alto es
el que lo liga con Javier
Zanetti. - En el orden local, con Enzo Francescoli.
Tiene, además, contratos con
250 jugadores más en la Argentina.
- RBK Argentina S.A (REEBOK)
- Facturación de Reebok
Internacional: U$S
3.000.000.000 - Gasto de publicidad en
todo el mundo: 157.573.000 - Gasto de promoción en
todo el mundo (equipos
y jugadores): 150.000.000 - Contrato con la AFA por
8 años para patrocinar a la
selección nacional a partir
del ´99: U$S 64.000.000,
más regalías (20.000.000). - Es esponsor de las selecciones de Rusia,
Paraguay y Chile. Patrocina
a Fiorentina, Liverpool
(Inglaterra), Palmeiras
(Brasil) y New England,
de Boston (EE.UU.) - El contrato entre Reebok
y Batistuta (hasta el año
2006) es uno de los tres
contratos más importantes
del mundo entre un jugador
y una empresa.
Diego Maradona, que de pícaro tiene bastante, acuñó una frase, a poco de comenzar el torneo Clausura, que con toda seguridad le pudo haber provocado a Mauricio Macri el mismo escozor si hubiese recibido de regalo de cumpleaños una foto autografiada del Pelado Díaz. "Macri ahora quiere parecerse al cartonero Báez", dijo el diez, refiriéndose a la economía de guerra que había planteado el presidente de Boca para sanear las finanzas del club.
Macri acusó recibo. Tres meses después, y como para despejar la mínima duda acerca de que la distancia entre él y el cartonero es la misma que hay entre la Tierra y el Sol, abrió la billetera y, de un saque, puso 17 millones de dólares para reforzar el equipo.
"Boca no es una PyME -dice el presidente del club, Mauricio Macri-. Movemos 40 millones de dólares anuales". Según Macri, el fútbol en la Argentina es un negocio de 2000 millones de dólares anuales.
Eso que Boca gastó en treinta días se aproxima bastante al presupuesto anual que maneja Hugo Porta al frente de la Secretaría de Deportes de la Nación (25 millones). Pero suena a propina si se lo compara con lo que han invertido este año otros países en la compra de jugadores. En España, Antena 3 y Canal Plus desparramaron 200 millones de dólares; en Italia, las empresas de televisión por cable desembolsaron 150 millones; en Inglaterra, Rupert Murdoch y su canal de cable fue menos generoso: levantó el pulgar por apenas 100 millones de dólares.
A través de su teléfono celular, Enzo Francescoli le decía a la Revista: "Nosotros generamos este negocio del fútbol, pero de ningún modo podemos decir que marcamos las tendencias. El jugador no impone cifras, en todo caso es el mercado el que lo hace. Pero, ojo, porque la plata grande, lamentablemente, no llega a todos los futbolistas. Eso hay que tenerlo bien claro".
Es acertada, y justa, la reflexión de Francescoli. Si uno se asombra por los millones que mueve el fútbol, asombra con la misma fuerza comprobar lo que sucede en el otro extremo de la historia, allá en los subsuelos del fútbol. El partido Boca-Estudiantes de La Plata fue también el encuentro de dos mundos: por un lado, el hiperequipo de los 20 millones; por el otro, el "pincha" casi jornalero que puso en la cancha a un defensor, Fernando Verón, que fue transferido a prestamo por Talleres de Remedios de Escalada por apenas 7000 pesos.
Y una semana antes, en plena borrachera de millones, los jugadores de Ferro pidieron 300 pesos de premio por haber salvado al club del descenso.
Sobre el césped de la Bombonera, preocupado porque el fresco atardecer lo empuje a una pulmonía, Macri dice lo suyo:
-¿Le molesta que se hable del Dream Team?
-Si lleva a que la gente se confunda, sí. Yo no me confundo.
-¿Y le molesta que se hable del sueño de Macri?
-Si lo dicen apropiadamente, no. Mi sueño es ver un equipo integrado en su mayoría por las inferiores de Boca.
-¿Como cohabitan en un empresario la frialdad y el fervor? ¿Cómo se administra la pasión?
-Y, no es fácil. Todo es difícil porque todo se vive en los extremos. O todo es espectacularmente bueno o todo es espectacularmente malo. Sin duda, la gente en Boca vive las cosas en medio de la subjetividad que significa un sentimiento.
-Es como un choque de dos mundos. En uno, millones de dólares; en el otro, lágrimas y sonrisas.
-La fórmula es simple: inteligencia de lunes a sábado y pasión los domingos.
-¿Por qué el fútbol seduce tanto a los empresarios?
-Creo que el fútbol en sí mismo no es tan buen negocio. De lo que estamos seguros es que las actividades conectadas con el fútbol han sido siempre buenas alternativas. Pero todavía no se ha logrado que ese buen negocio se quede en el fútbol.
-¿La plata no lo terminará matando?
-No, el fútbol es tan fuerte, moviliza tanto a la gente, que es imposible que algo lo detenga. Es irrefrenable.
-¿Cuánto cuesta el equipo de Boca puesto en la cancha?
-Hoy está en 20 millones de dólares.
-Llama la atención tanto poderío por un lado, y tanto empobrecimiento por el otro.
-Te diría que sí, pero, por lo menos en el fútbol, la cosa se ha emparejado mucho, sobre todo en los clubes grandes. Calculá que, según mi análisis, el fútbol argentino está moviendo alrededor de 2000 millones de dólares anuales. Pero es muy difícil hablar de cifras concretas porque hay muchos negocios indirectos alrededor de él.
-¿Cuándo cree que Boca será una gran empresa?
-Creo que Boca va a ser superavitario cuando desarrolle otras lineas de negocios, como el merchandasing, como los torneos alternativos y sobre todo cuando tenga su propio semillero y se convierta en un club netamente vendedor.
-¿El fútbol terminará siendo dominado por las empresas privadas?
-Bueno, yo creo que la Argentina no puede ser la excepción a lo que está pasando en el mundo.
-¿Qué es lo que más lo sorprende de este medio?
-El desorden con que se maneja toda esta actividad. El fútbol tiene que estar manejado por estructuras profesionales, no solamente por el amor y el tiempo libre de sus dirigentes. Mirá, Boca mueve 40 millones de dolares por año. Es una gran empresa, esto no es una PyME. Una empresa que maneja ese dinero requiere una estructura de conducción muy profesional, con cuadros muy importantes.
-¿Cual es el techo de Boca?
-Ganar un campeonato por año, lo demás vendrá como consecuencia de eso.
-¿Y cómo cree que lo recordará la gente cuando termine su mandato?
-No pienso en eso. Lo único que me interesa es cumplir con lo que prometí en la campaña. Y es lo que estoy haciendo. Hacer obras, sanear el club, hacer inversiones, conformar un equipo competitivo. Quiero que Boca sea escuela del fútbol mundial.
-¿Usted es el Agnelli argentino?
-Eso es una chicana.
-Bueno, pero ¿qué será de usted de aquí a unos años?
-Todavía tengo tres años y medio en Boca. No quiero mirar más largo que eso.
-Cuesta un poco creer eso.
-Es que yo acostumbro tomar mis decisiones frente a cada momento. Soy joven, me sobra tiempo.
-No lo tome como una crítica, Macri.
-No, no, lo entiendo. Pero te quiero decir que Boca no es trampolín para nada.
-Desocupación, recesión y déficit por un lado, y danza de millones alrededor de una pelota, por el otro. ¿Cómo vive usted estas dos realidades tan distintas?
-Son las dos caras de una misma moneda. En este mundo siempre hay cosas que son absurdas frente a otras. Hay lugares donde la gente se muere de hambre y hay otros en donde dejan la comida en el plato porque no tienen más hambre. Yo digo: aunque la gente tenga poco, gasta lo que puede para ver a sus ídolos en un partido de fútbol. Ya que no tiene pan, por lo menos tiene circo.
Julio Grondona
(presidente de la AFA y vicepresidente de la FIFA):
"A mí ya no me sorprende nada"
"¿Sabés una cosa?, después que me llamaste para hablar sobre esto me quedé pensando y... bueno... me entró como un temor porque, la verdad, yo no sé si este vendaval de millones terminará matando la pasión. El fútbol es pasión pura, en su esencia es pasión. Y vos te encontrás ahora con que en tu equipo aparece un jugador que viene de estar un año en otro y a los seis meses se va otro y así siempre. Los clubes hacen buenos negocios, pero, me pregunto, ¿y el hincha?" Julio Grondona va por el sexto mandato consecutivo al frente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Preside ese organismo desde 1979. Nadie mantiene un cargo durante tantos años por obra de la casualidad. Y no por casualidad, tampoco, mantiene en su estructura a los mismos hombres que llamó en 1979 para hacerse cargo de la AFA.
Los logros deportivos más rutilantes de nuestro fútbol en el nivel de selecciones están asociados con su gestión: un campeonato del mundo, un subcampeonato, dos copas América, varios títulos internacionales juveniles y medalla de plata en las últimas Olimpíadas.
A los 65 años, este hombre que, además, es vicepresidente de la FIFA desde 1988, reconoce que el cansancio y las presiones del fútbol moderno ya están dejando huellas en él.
-¿Cuál es su cable a tierra?
-Mi línea de conducta. Yo tengo que cuidarme diariamente en ser intachable. Eso me permite, por ejemplo, decirle a un periodista, como en tu caso ahora, preguntame lo que quieras. En cuanto a los éxitos deportivos, se dan cuando vos mantenés un engranaje muy preciso y aceitado entre el futbolista, el cuerpo técnico y el dirigente. La pasión de la gente también te marca el camino por seguir. Vos vas a tener la última palabra, pero la primera siempre será la de la gente, que es el mejor termómetro.
-¿Usted ha sido la bisagra del fútbol argentino?
-Demasiado título, me parece. En realidad, lo que yo hice fue continuar el camino que inició otro gran presidente, Cantilo, que terminó con el primer éxito mundial para nuestro país en 1978. Yo no me quiero hacer el humilde, sé que tengo mucho que ver con esto. Pero sería un cretino si no reconozco lo hecho por Cantilo primero, y por Diego Maradona después. Cantilo, desde la conducción. Y Diego, desde lo deportivo. Maradona ha sido -lo es- el gran artífice del negocio del fútbol argentino. Esa es la realidad.
"Cuando llamamos a licitación para patrocinar la camiseta de la Selección, mis asesores me dijeron que había que poner una base de 20 millones de dólares. Yo pensaba que con esa base no se iba a presentar nadie. Le tenía miedo al papelón. Finalmente tuvimos una oferta por 60 millones. No lo podía creer. Ahí terminé de comprobar que el fútbol ya no era el de antes." (De Julio Grondona, presidente de la AFA.)
-Si tuviera que marcar una fecha para señalar el gran cambio que se produjo en el fútbol mundial, ¿adónde apuntaría?
-El fútbol cambia en la etapa económica a partir de 1974, cuando Joao Havelange ocupa la presidencia de la FIFA. Logró unificar el deporte con lo económico. Su visión de mercado fue excepcional. Promovió la televisión, la publicidad estática, el merchandising. Pero es en el Mundial de Argentina de 1978 donde se revoluciona todo. Ese fue el primer mundial de Havelange y fue ahí donde pudo poner en marcha todas sus ideas. Ese mundial, no tengas dudas, cambió la historia económica y financiera de todos los mundiales de la FIFA. Y el boom del fútbol termina por consolidarse en 1994, en el Mundial de los Estados Unidos.
-¿Cuánto recaudó la FIFA en ese mundial?
-Mirá, mucho menos de lo que va a recaudar en Francia, donde se prevé una facturación de dos mil millones de dólares. Pero te doy un dato: la AFA, nuestro seleccionado, cobraba en el Mundial de Estados Unidos 500 mil dólares por partido. Y la televisión pagó por los derechos de transmisión de todo el torneo más de 100 millones de dólares.
-Se supone que en Francia la inversión será mayor.
-Seguro. Yo creo que, como mínimo, se duplicará esa cifra, porque intervendrán más países. En lugar de 24 serán 32 selecciones las que competirán. Y ya se están barajando cifras para el Mundial siguiente, el del 2002: solamente por los derechos de televisión, la FIFA recibirá 1300 millones de dólares. Eso sin contar la pantalla de los Estados Unidos.
-Hablemos de la FIFA. Por ejemplo, ¿cuánto factura anualmente?
-Son cifras siderales. Si te las digo te vas a caer de espaldas...
-¿Para tanto es?
-Y, redondeando, hay que hablar de 5 mil millones de dólares por ejercicio. Pero, ojo: los mundiales influyen mucho. Cuando no está en disputa un mundial, la FIFA mueve alrededor de 80 millones de dólares mensuales. No hay que olvidar tampoco las empresas que patrocinan los campeonatos. El Sub 17 lo patrocina JVC y Coca-Cola lo hace con el Sub 20. Son sólo dos ejemplos, pero dan una idea de la importancia que tiene el fútbol en las empresas más poderosas del mundo.
-¿Adónde va a parar toda esa plata?
-Bueno, la FIFA banca todo los gastos que generan los mundiales, los campeonatos posteriores a esos mundiales, los torneos juveniles, los premios, los congresos, las reuniones de capacitación. En fin, los gastos son enormes. Ahora, por ejemplo, el mayor flujo de dinero que maneja la FIFA va hacia Africa y Asia. Tan importantes son esos nuevos mercados, que para el Mundial del 2002 se habla de una franquicia para las televisiones de Africa; fundamentalmente para que ese mundial pueda ser visto por los países más pobres del continente.
-¿Cómo reparte la FIFA lo que recauda en los mundiales?
-La FIFA se queda con el 10 por ciento de las ganancias. El 35 por ciento es para la liga del país organizador y el 65 restante se lo reparten entre los países participantes.
-¿La AFA siempre cierra sus ejercicios con superávit?
-Siempre, desde 1979.
-¿Y cómo es que hay clubes pobres, entonces?
-Eso no es verdad. No hay clubes pobres en la Argentina. Quizá no recauden mucho, pero siempre crecen. El problema es cuando empiezan a gastar más de lo que pueden. Mirá, desde 1979 hasta la fecha, la AFA repartió 12 millones de dólares entre los clubes. Una parte de los ingresos de la AFA proviene de la venta de jugadores. Por cada transacción, la AFA recibe el dos y medio por ciento y el jugador, por regla general, se queda con el 15 por ciento del monto.
-Se dice que el fútbol en nuestro país mueve mil millones de dólares anuales. ¿Comparte?
-Te quedás corto... te quedás corto. Es bastante más que eso, seguro. Estamos hablando de un negocio formidable, extremadamente formidable.
-¿Lo sorprende que un jugador cueste 23 millones de dólares?
-A esta altura, a mí ya no me sorprende nada. Los árbitros firman contratos individuales... ¡Si hasta la pelota de fútbol se comercializa! Hace unos días cerramos un contrato por 700 mil dólares con la firma Penalty, de Brasil, para usar en nuestros torneos pelotas que lleven esa marca. La verdad, hay veces en que uno no sabe si está pisando la tierra o vive en el aire. Te lo digo sinceramente.
La FIFA o el oro de los dioses
ZURICH.- Desde lo más alto de una colina, con una vista panorámica del lago que da nombre a esta ciudad, la sede de la Federación Internacional de Fútbol ofrece una extraña imagen semejante a la Acrópolis en el monte Olimpo, pero no sostenida por pilares corintios, sino por bloques de cemento y vidrio.
Una fachada adecuada a los tiempos, que apenas permite imaginar los alcances y poderes de una institución que maneja una fortuna superior al producto bruto interno de varios países y es capaz de decidir la vida o la muerte de un jugador con una simple reunión de su directorio.
Joao Havelange, el Zeus de hoy, es el creador de este nuevo universo donde el fútbol ha dejado de ser la extensión natural del potrero para transformarse en las manos del rey Midas, convirtiendo en oro todo lo que toca.
Su llegada a la presidencia de la FIFA, en 1974, hizo historia al terminar 13 años de reinado del británico Stanley Rous y con ello la supremacía del fútbol europeo. El fruto de un cuidadoso viaje proselitista por 86 países y, ante todo, de un plan de siete puntos que incluía el aumento del número de equipos participantes en las finales de la Copa del Mundo de 16 a 24, otorgando así oportunidad a países del Tercer Mundo; la promoción del fútbol juvenil y el femenino.
Un conjunto de promesas sólo factibles de ser cumplidas con dinero. Y mucho. Para alcanzar este objetivo, asegurado el trono, Havelange puso en acción su energía de nadador olímpico (a los 80 años sigue nadando una milla diaria) y su experiencia al frente de un emporio empresarial en su nativo Brasil. Pero fue otro hombre quien le dio los medios necesarios: Horst Dassler, presidente entonces de Adidas.
Dassler ya venía dando sponsor a numerosos equipos -como el Bayern Munich-, suministraba la mayoría de los uniformes a los equipos de los mundiales y hasta utilizaba a jugadores, como Franz Beckenbauer, para promocionar sus productos. Fue él quien convenció al ejecutivo brasileño de la necesidad de convertir al fútbol en una provechosa industria.
Pero, siendo aún presidente de Adidas, el empresario alemán se encontraba con un inconveniente: no podía comprometer los fondos de la compañía. Un ingenioso método debía buscarse con urgencia para paliar este problema y el publicista británico Patrick Nally fue el que dio con la tecla.
"Dassler dependía del fútbol para vender sus productos, pero no tenía manejo de las finanzas de la compañía -señaló Nally hace unos años en The Sport Business-. Así que a mí se me ocurrió poner todas las promesas de Havelange, y un poco más, en un paquete de marketing y presentarlo a un grupo de multinacionales. La idea cayó bien y fue así como se expandió la participación comercial."
Otro obstáculo surgió pronto en el camino. La prensa y las cadenas de televisión se negaron a colocar el nombre de un auspiciante frente al de una competición reconocida. Nally apareció con otro golpe de genio: la creación de competencias con una corporación en mente. Coca- Cola, por ejemplo, daría sponsor a los torneos de jóvenes menores de 20 años en su Coca-Cola Cup , ofreciendo así la oportunidad de un primer reconocimiento internacional a figuras como Diego Maradona (hoy uno de los más feroces críticos de la FIFA), al tiempo que la empresa se comprometía a otorgar fondos para modernizar las academias, incorporando facilidades médicas, y para el intercambio de directores técnicos y cursos de perfeccionamiento. Seiko, Gillete y Kodak seguirían el mismo camino, a veces bajo los designios de una compañía fantasma creada por Dassler: ISL.
La FIFA acompañó, además, el crecimiento de las comunicaciones globales con la creciente venta de los derechos televisivos. Los ingresos por las transmisiones del Mundial de 1970 no pasaron los 6 millones de dólares. El de 1994, en los Estados Unidos, dejó 94 millones, poniéndose a la cabeza de las fuentes de ingresos de la FIFA por sobre las entradas a los estadios y el merchandising.
Por más que ha habido justificadas críticas a la influencia de la TV en el deporte, especialmente cuando se realizaron partidos al mediodía en la altitud y el calor de México para facilitar las programaciones internacionales, el peso de la caja boba es menor que en otros deportes. Por ejemplo, ningún árbitro ha sido jamás obligado a detener y comenzar partidos de acuerdo con la duración de los cortos comerciales, como ocurre en el fútbol americano, ni la FIFA ha sido obligada a extender los intervalos de medio tiempo para acomodar las prioridades televisivas, como sí ha sido forzada a hacerlo la liga inglesa.
Críticas más ácidas y persistentes ha merecido el mismo Havelange. En 1978, uno de los vicepresidentes de la FIFA, Hermann Neuberger, lo acusó de corrupción al descubrir que el brasileño estaba vinculado con una empresa de seguros que se había presentado a una licitación para asegurar por 4 millones de dólares la próxima Copa del Mundo. El escándalo se dio en llamar el affaire Boavista y terminó por falta de pruebas.
Neuberger volvió a la carga un año más tarde, asegurando que Dassler controlaba una cuenta secreta en un banco suizo para el pago ilegal de funcionarios de la FIFA. El ejecutivo de la institución descalificó sus alegatos por más que admitió la posibilidad de un conflicto de interés en la relación Havelange-presidente de Adidas.
Hasta su muerte, en 1987, la influencia de Dassler fue tal que logró asegurar los derechos de merchandising para su brazo publicitario ISL en todas las copas mundiales, incluida la próxima de 1998.
El Mundial de México dio pie para nuevos rumores. Esta vez se aseguró que Havelange tenía una asociación financiera con Emilio Ascarraga, el empresario mexicano propietario de varias cadenas hoteleras y de TV, así como del estadio azteca. También se afirmó que gran parte de los ingresos televisivos fueron a parar a manos de uno de los vicepresidentes de la FIFA, Guillermo Canedo, vinculado también con el emporio de Ascarraga. Tan pronto se anunció la decisión de llevar la Copa del Mundo a los Estados Unidos en 1994, Canedo fue puesto a cargo del buen funcionamiento de la organización. Algunos dicen que no fue casualidad que Ascarraga ganara los derechos televisivos parciales del evento por su vínculo con Univisión, la cadena norteamericana de habla hispana.
Dicho todo esto, hay que admitir que las cuentas de la FIFA parecen ser claras. Los resultados de su auditoría anual, siempre a cargo de la firma suiza Sutter Control AG, son publicados en su revista mensual FIFA News. Si se buscan más detalles, basta un par de llamados (aunque a veces hay que insistir un poco más) a su director de Comunicaciones, Keith Cooper, para despejar las dudas.
Del último informe queda a las claras que la institución no vive, como muchos creen, sólo de los ingresos cada cuatro años de las copas mundiales, por más que su período financiero se extienda desde el 1° de enero que precede al Mundial hasta el 31 de diciembre del año en el que se desarrolla. La FIFA sigue cobrando, entre otras cosas, una subscripción anual a cada asociación nacional; recibe dinero por multas y otras sanciones; cobra un 2 por ciento de los ingresos por todo encuentro internacional de la liga A, incluidos los amistosos y los olímpicos, y continúa recogiendo dinero por retransmisiones televisivas.
Todo esto, en 1994, le dejó ingresos por 23.962.077 dólares; en 1995, lejos de un Mundial, la cifra aumentó en un 35 por ciento, hasta llegar a los 32.100.969 dólares. El último Mundial dejó ganancias por valor de 104.337.274. Pero de ellas, un 30 por ciento fue a parar al comité organizador local y un 70 por ciento a las asociaciones nacionales finalistas. Técnicamente, la FIFA recoge un 19 por ciento de los ingresos, pero esto lo anota en el renglón de gastos.
¿Qué hace la FIFA con su dinero? Buena parte se va en administración y gastos financieros (en 1995, unos 9,3 millones de dólares), una cifra casi equivalente a la que invierte en la organización de los mundiales, las copas Coca-Cola y U-17, los torneos olímpicos y los campeonatos femeninos (en total, 9,6 millones). También se llevan su porción el departamento legal, las oficinas de relaciones públicas y educativa, el departamento técnico y, no menos, el área de actividades presidenciales . Un renglón que, en concepto de secretaría, viajes, hoteles e invitaciones, desembolsó el año último 915.156 dólares. Una dieta ajustada para quien vela por el oro de los dioses .
Carlos Avila, de TyC
El dueño de la pelota
Cierto día de 1982, mientras paseaba por Nueva York en un paréntesis de un viaje de negocios, se le ocurrió una idea que con el tiempo terminaría por convertirse en un negocio fantástico: comercializar por tevé los partidos de fútbol. "Me di cuenta de que la Argentina carecía de una programación deportiva exclusiva y, bueno, me metí en eso y así nació Torneos y Competencias."
Carlos Avila (52), paraguayo de nacimiento y nacionalizado argentino en 1955, casado, tres hijos, empezó con un programa de golf patrocinado por Ford que fue el puntapié inicial que lo metería de lleno en el jugoso mundo del deporte.
Después de hacer El deporte y el hombre , conducido por Pancho Ibáñez, en 1985 puso al aire Fútbol de Primera .
Hoy TyC, asociada con el grupo Tele Communications Inc. -que maneja el 35 por ciento de la empresa y es el más grande operador de televisión por cable en el mundo-, tiene un manejo que se aproxima a los 150 millones de dólares anuales. Una cifra que no asombra si se tiene en cuenta que TyC cobra 450 dólares el segundo de publicidad en su principal programa, Fútbol de Primera , que además tiene un rating que nunca baja de los 15 puntos.
Respetado por su demostrada capacidad de empresario, Avila, sin embargo, no está a salvo de los más críticos cuando dicen que la televisión mata al fútbol. Otros, en cambio, sostienen con la misma fuerza la teoría opuesta.
Trabaja no menos de catorce horas diarias, es eléctrico en sus movimientos pero extremadamente pausado cuando habla. En su empresa de doscientos empleados, también lo acompañan dos de sus hijos. Diego, que atiende la parte financiera y la relación comercial con los clubes, y Juan Cruz, que maneja la producción de los programas de TyC.
-¿Cuál es el techo de su empresa?
-El techo lo marca la tecnología. Y en ese sentido, todavía hay mucho por hacer. No sé cuál es el techo de TyC.
-¿Usted cree, como opinan otros, que el fútbol está entre los diez mejores negocios del mundo?
-Es muy difícil calificarlo y clasificarlo. Pero sí le digo que el fútbol es el deporte número uno en casi todo el mundo porque está movido, básicamente, por la pasión. Ni los Juegos Olímpicos generan tanta pasión como el fútbol. Mire lo que está pasando en Asia, en Africa... el mercado futbolístico se ensancha cada vez más. Por consiguiente, sí es un muy buen negocio. No me animo a decirle si está entre los diez, pero si no está entre los diez, seguro está entre los veinte primeros.
-¿Y cuando empezó a ser un gran negocio?
-Cuando empezó a incursionar la televisión. Sin duda. Desde que se puso en marcha esa gigantesca tecnología que brinda la televisión, y especialmente a partir de 1991 con el desarrollo satelital, el fútbol empezó a ser visto como una potencialidad comercial extraordinaria. Hoy, no sólo es un deporte hermoso; es un producto que genera miles de millones de dólares en todo el mundo.
-¿Diría que el dinero que mueve la televisión en el fútbol argentino es similar a algunos países de Europa?
-Sí, sí, sí. En este sentido, la nuestra es una empresa del Primer Mundo, no le quepa duda. Estamos superando los 100 millones de dólares anuales, que son cifras muy similares a las que se manejan en España, Inglaterra o Italia, países en los que está el gran fútbol.
-¿TyC también compra y vende jugadores?
-No. No estamos en ese rubro. Tuvimos una mala experiencia hace tres años cuando tomamos a Argentinos Juniors para promocionarlo y hacerlo jugar como local en Mendoza. Realmente fue una mala experiencia. Nos creó una gran incompatibilidad. Pero ese error dejó enseñanzas. No podemos ni debemos comprar jugadores ni mucho menos hacernos cargo de los clubes.
TyC: El Imperio continúa
- El 35% de TyC es del grupo Tele Communications Inc., el más grande operador de televisión por cable del mundo.
- Adquirió los derechos para la transmisión de las eliminatorias de las selecciones de Venezuela, Uruguay y Paraguay.
- Cobra U$S 450 el segundo de publicidad en el programa Fútbol de Primera. Rating promedio: 15 puntos.
- Pertenecen a TyC los programas El equipo de Primera (ATC); El Deportivo (Telefé) y Dos en la cancha (Canal 9)
- Le dedica 244 horas mensuales a las transmisiones de fútbol por televisión.
- Por los partidos de los domingos, paga 14 millones de dólares anuales.
- Paga U$S 7.000.000 anuales a los clubes por el derecho de transmisión de los partidos de los viernes por la noche, U$S 4.600.000 por los de los sábados y U$S 3.000.000 por los de los lunes.
- Le paga a la AFA U$S 800.000 por transmitir cada partido de la selección nacional.
- Cada uno de los cinco jugadores que participa en el programa El equipo de Primera cobra U$S 10.000 mensuales. El costo semanal del programa es de U$ 8.000.
- A comienzos de 1995, a la hora de firmar contratos, TyC anticipó U$S 13.000.000 a River, Boca, Independiente, Racing, San Lorenzo y Vélez Sarsfield.
- TyC tiene un manejo anual que oscila entre los 140 y 150 millones de dólares.
- Los periodistas mejor pagos del staff de TyC son Enrique Macaya Márquez, Marcelo Araujo y Fernando Niembro. Cada uno de ellos cobra U$S 500.000 anuales. "Cobran un poco más que eso", dice Avila.
El jugador más caro del mundo
Hasta julio pasado, el nombre de Alan Shearer era un misterio para quien no sigue de cerca los vaivenes del fútbol inglés. Pero el monto pagado por el club Newcastle United para su transferencia desde Blackburn Rovers lo ha transformado en una estrella: el hombre costó 22,5 millones de dólares. Shearer es así el jugador más caro de toda la historia. En una temporada, su presencia en la cancha equivale a 42 dólares por minuto.
Las razones de esta colosal adquisición van más allá del talento del rubio veinteañero. Los clubes británicos están fuertemente ligados con los destinos de las ciudades que les han dado vida y, en este caso, Newcastle-upon-Tyne ha salido de una dura recesión (gracias a la cervecería local y la instalación de varias fábricas japonesas) y quiere cuanto antes traducir su éxito en la cancha. El síndrome de nouveau riche comenzó con el anuncio de la construcción de un estadio capaz de albergar a 600.000 personas y se confirmó con la compra de Shearer.
Sin embargo, tras un mes dentro del equipo, el gran goleador de Blackburn aún no ha entregado ninguna medalla.
Cifras insólitas de una pasión argentina
- 6.000.000 de pesos gastó Mauricio Macri para remodelar el estadio.
- 5.000.000 de pesos recaudó el presidente de Boca después de rematar los 32 palcos nuevos.
- 305.000 pesos pagó Diego Maradona para quedarse con uno de ellos.
- 240.000 pesos es la cifra que figura en el cheque firmado por Clarín.
- 225.000 pesos ofertó El Gráfico para no quedar afuera.
- 107.000 pesos desembolsó La Nación para acceder al suyo.
- 6.000.000 de pesos invierte la empresa Quilmes para patrocinar equipos de fútbol.
- 2.500.000 pesos anuales le paga Quilmes a Boca por la publicidad en las camisetas.
- 30.000 pesos cobraba la AFA , en 1975, por la televisación de un partido de la selección nacional. Hoy, 800.000 dólares.
- 120.000 dólares cobra la FIFA para otorgar licencias a aquellos que quieran representar a futbolistas.
- 1.500.000 personas ven en la Argentina fútbol por televisión los domingos a la noche.
- 5.000.000 de personas vieron por la tele el partido Argentina-Bolivia por las eliminatorias del mundial de Francia ´98.
- 260.000.000 de personas vieron por televisión la final entre Brasil e Italia en el mundial de México de 1970.
- 32.000.000.000 de personas (sumando los 52 partidos) vieron por televisión el mundial de Estados Unidos 1994.
- 615.384.615 personas frente al televisor es el promedio de cada partido del último mundial.
- 2.000.000.000 de dólares es, según prevee la FIFA, el dinero que moverá el mundial de Francia ´98.
- 1.000.000.000 de dólares es la plata que mueve el fútbol en la Argentina.
Fotos: Rubén Digilio y Augusto Arturi
1
2“¿Qué hago con esto que me tocó vivir?”: le diagnosticaron esclerosis múltiple y decidió cambiar su vida para ayudar a otros
3Ya funciona en Buenos Aires: cómo es el novedoso modelo de viviendas para jóvenes adultos con discapacidad intelectual
4Encontró el “Barco de Oro” y se negó a revelar dónde está: ahora, fue liberado tras 10 años preso



