Dora Sánchez, la viuda de Horacio Rodríguez Larreta (padre), presentó su libro homenaje
“Polifacético, culto, un fuera de serie”: así describe la empresaria al padre de sus mellizos -y también del exjefe de Gobierno porteño- en un libro dedicado a su vida; “Quería que mis hijos llegaran a conocer quién fue su padre, que falleció cuando ellos no tenía ni un año”
14 minutos de lectura'
“Yo tengo mucho humor negro. Cuando me preguntan: ‘¿dónde está tu marido?’, siempre respondo ‘está en el Jardín de Paz’. Se sorprenden. ‘Ah, no, yo decía Martín [Cabrales]’, precisan. Pero Martín es mi novio, no es mi marido. ¡Yo soy la señora de Rodríguez Larreta y lo voy a seguir siendo siempre! Mi marido es mi marido”, afirma Dora Sánchez en su casa de Palermo Chico, sobre la Avenida del Libertador. La empresaria acaba de presentar un libro sobre quien fuera su marido, Horacio Rodríguez Larreta, padre del ex jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y también de sus hijos, los mellizos Antonio y Rafael.
“El libro Horacio surge porque yo quería que mis hijos Antonio y Rafael, que lo perdieron cuando aún no habían cumplido un año, conozcan mejor a su padre, el amor de mi vida”, afirma Dora (67) sobre Rodríguez Larreta.
-¿Es una biografía?
-Es su historia. Me propuse reunir anécdotas e imágenes de la época empresarial, de la política y del fútbol, porque mi marido tuvo una vida muy intensa. Pero yo no quería que quienes participaran me enviaran testimonios por mail. Así fue como empecé a pensar en este libro, de carácter privado, para amigos y familiares. Mercedes Furst Zapiola, la autora, entrevistó a 100 personas. Ella interpretó lo que yo quería. Horacio tuvo una vida fascinante: estudió Ciencias Políticas, se fue a Francia, donde vivió unos años e hizo el doctorado en La Sorbone. Después, cuando Frondizi ganó las elecciones, volvió a la Argentina para trabajar en el gobierno, luego fue presidente de Racing Club...
Horacio Rodríguez Larreta nació el 21 de mayo de 1934. Su padre murió cuando tenía apenas 11 años. Creció con su madre, Adela Tita Leloir Unzué (de quien, dicen, Tita Merello tomó su nombre). Su hermano Augusto emigró joven para estudiar en los Estados Unidos. La política corría por sus venas: su abuelo, Carlos Rodríguez Larreta, fue ministro de Relaciones Exteriores de la Nación, y su tío abuelo fue Procurador general.
“Cuando vivió en Francia trabajó como crítico de cine. Escribía en la revista El Hogar para ganarse el mango, porque la familia no le daba plata para vivir en Europa -cuenta Dora-. Horacio tenía un perfil muy bohemio y don de gente. Fue presidente de Racing... En la casa de Avenida del Libertador recibíamos a políticos, artistas... ¡hasta a los barras! Mi marido era un tipo muy polifacético”.
La estudiante y el playboy
“Nos conocimos en marzo de 1976, cuando yo tenía 18 años. Estudiaba Ciencias Políticas y tenía que hacer un trabajo para la facultad. Analicé una empresa cuyo presidente era íntimo amigo de mis padres. Y esta persona fue quien me derivó con Horacio, que era el director”, recuerda Dora.
Horacio Rodríguez Larreta tenía 42 años, hacía dos que estaba separado de Cristina Díaz Alberdi, con quien había tenido a sus tres hijos mayores: Horacio, Augusto y Mariano. El flechazo fue instantáneo. “Me contrató para trabajar en la oficina de Asesores Latinoamericanos. Cuando mis padres se enteraron de que yo estaba saliendo con él, tuve que dejar el trabajo. Pero seguimos saliendo varios años a escondidas. Me peleé con mi madre, estuve dos años distanciada, hasta que le dije: “Esto es lo que yo elijo, es mi nueva familia”.
-¿Qué te sedujo de Horacio ?
-A mí siempre me gustaron los chicos grandes. Mi papá le llevaba 14 años a mi mamá... Evidentemente miraba tipos más grades: cuando tenía 16 me gustaban los de 25, es histórico en mí.
-¿Cómo te fue conquistando?
-Era muy inteligente. Y yo aprecio mucho la inteligencia en las personas. Tenía hijos y eso para mí era algo natural, todas las noches, hasta que me fui a vivir con él, jugábamos al tutti frutti con los chicos (en el libro, Mariano Rodríguez Larreta recuerda cómo los juegos en el hogar se alejaban de lo convencional: “Se jugaba no solo por colores o países, sino por músicos. Elevaba la vara”, dice). Me mudé con él a los 20 años. Hasta entonces todo había sido a escondidas. En casa estaban todos espantados: para ellos Horacio era “un divorciado”, “muy playboy”... Mis hermanos mayores me vigilaban, me impedían salir con él.
-¿Te contaba de sus vidas pasadas?
-Un montón, por eso pude hacer el libro...
Las mil vidas
El 3 de enero de 1977, Horacio Rodríguez Larreta asumió como presidente de Racing Club de Avellaneda. Poco después fue secuestrado.
-¿Qué recordás de ese hecho?
-Fue en el gobierno militar, en abril de 1977. Por entonces nosotros ya salíamos, pero yo todavía no vivía con él. En el libro hay varios relatos que recuerdan ese episodio. Uno es el de Horacito (”Sí, en casa eran ‘Horacio’ y ‘Horacito’, sino era imposible diferenciarlos”, detalla) que aquella noche dormía en la casa del padre. Fue un viernes, vinieron hasta la casa y se lo llevaron. ‘Llévese abrigo porque va a un lugar donde hace frío’, le dijeron.
“A Horacio lo sacan de casa y se lo llevan al Pozo de Banfield. Era el presidente de Racing y ese domingo 3 de abril se jugaba el clásico con River en Avellaneda. Él no estuvo y en el club no sabían qué hacer, qué decir... Lo dejaron en libertad un martes”, cuenta Dora.
Horacio renunció a la presidencia de Racing en 1978 y se dedicó de lleno a lo que mejor sabía hacer: consultorías en el ámbito empresarial y político. “No era periodista, pero era el tipo con la mejor información de Buenos Aires. Si querías enterarte de algo, tenías que hablar con él”, lo describen en libro.
Dora Sánchez trabajaba a su lado, generaban eventos y viajaban seguido. “Mi marido tenía una consultora, hacía consultoría política y económica. Fuimos los representantes de una enorme editorial americana, la empresa Business International con sede en Nueva York, que en 1986 fue comprada por el grupo inglés The Economist. Trabajábamos muy bien juntos, nos llevábamos brutal”.
“Cuando Horacio hacía política, yo hacía política con él. Siempre juntos. Cuando tenía un cargo público, charlábamos todos los temas”, destaca Dora. Rodríguez Larreta (p) colaboró con Juan Bautista Yofre en la SIDE y fue subsecretario de privatizaciones del ministerio de Defensa del Gobierno de Carlos Menem. Un as de las relaciones públicas, con errores y aciertos. Quienes lo conocían remarcan su gran necesidad en la vida: “Quería que todo el mundo lo quisiera”.
Los Rodríguez Larreta, en familia
Hubo mujeres muy importantes en la vida de Horacio Rodríguez Larreta. Especialmente su madre, Tita Leloir Unzué, con quien tenía “un cordón umbilical así de gordo”, remarca Dora entre risas.
“Cuando mi marido se separa, mi suegra lo ayudó mucho. Le mandaba al chofer para llevara a los chicos al dentista, se ocupaba mucho”, destaca.
Dora recuerda con cariño a Tita: “Tuvo un problema de alcohol serio, la mandaron a lo que en aquella época se le decía ‘cura de sueño’ y nunca más volvió a tomar. Mi suegra era un personaje, me quería mucho y yo la quería mucho a ella, así que cuando estuvo enferma yo me ocupé”. Tita falleció en septiembre de 1988.
-¿Cómo ocupaste el papel de “madrastra”?
-Tuve suerte, porque los chicos vivían con nosotros. Cuando “te tocan” los chicos dos días por semana, tratás de ser un padre de fantasía, no podés hacer ningún programa, todo es para los hijos.... Pero yo crie a estos chicos, porque mis hijastros vivían con nosotros. Hacíamos una vida normal. ¿Tenés que salir a comer? Los dejás con la niñera... Por eso siempre digo qué suerte que vivían conmigo y no solo venían de visita.
-Eras muy joven y “madrastra” de tres.
-Y, además, lidiaba con el carácter de Horacio que era permisivo, igual que su mamá. Si yo ponía a Augusto en penitencia, Horacio lo sacaba. Pero soy muy familiera: nuestras casas, la quinta “La Dictadora” o la casa de Punta del Este, siempre estaban llenas, eran lugares de encuentro para los chicos y sus amigos, en todo momento. Y eso a mí me gustaba. No es que los chicos se iban los fines de semana con la madre, estaban de lunes a domingos con nosotros.
-Horacio decía que la chacra La Dictadora era su lugar en el mundo.
-Era nuestro lugar en el mundo. Era muy sencilla, una casa rústica, lo opuesto a esto [por el piso en Avenida del Libertador]. Nos íbamos de viernes a domingo. Y eso que él era cero de campo. Horacio era bicho de ciudad, siempre decía: “Voy a prender un cigarrillo porque hay demasiado aire puro”.
-En el libro también se destaca su buena relación como pareja.
-Teníamos una relación muy cariñosa. El me decía “Señora Piggy”, porque era como la cerdita, como una bataclana. Y yo le decía “René”, como la rana, porque era encantador, un gran showman. Creo que para que una pareja se sostenga en el tiempo necesitás proyectos. Nosotros nos divertíamos mucho, nunca discutíamos, nunca peleábamos. A él le gustaba comer rico, los quesos franceses, estar en la quinta, le gustaban sus perros, el arte, hablaba seis idiomas... Era recariñoso, al menos conmigo. Quizá con los chicos no tanto, pero porque por entonces no se estilaba serlo con los hijos.
Los hijos mayores de Horacio Rodríguez Larreta son una parte importante del libro homenaje que Dora Sánchez diseñó como un legado familiar. Allí, el exjefe de Gobierno porteño destaca el carácter de su padre: “Es una buena definición decir que yo heredé de él la vocación política, Augusto la vocación social y Mariano la vocación emocional y sensible. Como un Espíritu Santo de mi viejo entre los tres”, dijo.
-La casa está repleta de fotos de encuentros con amigos. ¿Era buen anfitrión?
-Era un tipo divertido, siempre tenía que ser el centro. En casa te podías encontrar a la barra brava de Racing, al ministro de economía de turno, al Gordo Porcel, Palito Ortega, Mirtha Legrand, Rogelio Frigerio, Arturo Frondizi... Mi marido era muy sociable, pero muy “de la casa”, poco salidor. ¡Era lo opuesto a Martín Cabrales! A él le gustaba el petit comité: mesas de ocho, no de 40 invitados. Él decía: “Para mí no existen las razas ni los credos, para mí la única diferencia que hay entre los seres humanos es la inteligencia”. Hoy encuentro que me moldeó desde los 18 años y a la hora de ver con quién reunirme pienso igual que él.
-¿Por qué decidieron casarse recién en 1997, dos décadas después de conocerse?
-El divorcio en Argentina recién fue legalizado en el 85. Y yo, la verdad, nunca necesité casarme. Ya era la señora de Rodríguez Larreta, era su mujer. El casamiento fue para acomodar un poco las cosas, él me propuso casamiento en un viaje que hicimos por Viena y Grecia, en 1996.
-¿No soñabas con el vestido blanco y la Iglesia?
-Mi marido era de familia religiosa, quería Iglesia y vestido blanco para mí... ¡pero era divorciado! A mí no me importaba, incluso me casé de negro y los testigos fueron los tres hijos de Horacio. Me acuerdo que el civil fue un mes antes de que naciera mi primera nieta, Jazmín, la hija de Augusto, que además es mi ahijada.
-En el libro queda claro que juntos, vos y Horacio, pasaron “de todo”.
-Sí, mi marido tuvo una época muy oscura y eso también está en libro. Quise que mis hijos conocieran a su padre con todas sus virtudes y sus debilidades. Fue la época del alcohol. Llegó un momento en el que yo ya no daba más. Horacio tuvo una enorme crisis y entonces decidí llevármelo a un centro de adicciones en Miami. Saqué pasaje y nos fuimos. Nunca más. Hizo todo el programa de Alcohólicos Anónimos. Dejó de tomar alcohol y pastillas. Después, volvíamos cada año para que diera su testimonio y le dieran su medalla.
-También incluiste testimonios que relatan que era mujeriego.
-Solo dejé algunas cosas afuera... Pero es mi libro y mi regalo a mis hijos. Lo mandé a hacer, tardamos tres años, lo pagué yo, así que yo decido. Pero sí (sonríe). Dejé eso impreso, porque tenía esa fama. Por eso yo a todas mis nueras, cuando se van a casar, les remarco: “Les aviso que se están casando con un Rodríguez Larreta. Los Rodríguez Larreta son mujeriegos genéticamente hablando”. Y a las pruebas me remito: ¡todas tuvieron problemas con sus maridos!
-¿Fuiste la excepción a la regla?
-No, para nada, estuvimos 30 años juntos. Horacio fue mujeriego, famoso por eso. Pero las crisis en el matrimonio son así... Cuando estás casada tenés épocas altas y bajas, pero lo nuestro era un proyecto de familia, así que no te bajás del carro rápidamente.
-Estuvieron 30 años juntos. Sin embargo, los hijos llegaron hacia el final, el 19 de noviembre de 2002.
-Cuando me casé, él tenía a los chicos que eran chiquitos y yo estaba en otra etapa de mi vida, era muy joven. Pero una vez nos fuimos de viaje y yo tuve un atraso. “¿Estaré embarazada?”, le dije. Y él se puso contento. Después quedó el tema, hicimos tratamientos de fertilidad, fuimos probando y cuando quedé embarazada, él se sentía un crack. Cuando supo que eran mellizos estaba tan orgulloso que iba y le decía a sus amigos: “Mis espermas están cotizando en Sotheby’s, soy el superpapá”. No supimos que eran varones hasta que nacieron, de hecho tenía compradas cosas rosas y celestes. Antonio y Rafael fueron el gran regalo de amor de mi marido, que en ese entonces tenía unos 68 años.
-¿Le importaba el qué dirán?
-Cero. A mí tampoco. Horacio era un tipo muy original, lo opuesto a la media. Un tipo que nunca te va a decir nada inconveniente. En eso es parecido a Martín, que todo lo actúa para que la gente lo quiera, en eso se parecen sus personalidades. Por eso la palabra “no” no existía.
Al poco tiempo, en 2003, a Horacio le detectaron un cáncer de pulmón. “Fue todo en pocos meses. Por octubre, cerca del cumpleaños de Horacito, me llamaron. Él sabía que estaba enfermo, pero no quería hablar con los médicos. Tenía un ego... Les decía: ‘Ella se ocupa de todo’. No quería saber nada, yo me encargaba. Cuatro horas antes de morir, le dijo a una amiga mía: ‘En septiembre vamos con los bebés a pasear a París’”.
Horacio falleció el 19 de abril de 2004, los mellizos aún no habían cumplido un año. Recuerdan que, al morir Horacio, se imprimieron 314 avisos fúnebres en LA NACION despidiéndolo.
Continúa Dora: “Esa es la razón para hacer este libro, que sus hijos puedan conocerlo mejor. Yo siempre les hablé de mi marido. Cuando se murió, no les dije lo de “tu papá se fue al cielo”, les dije lo que tenía que decir. Hoy es impresionante ver cómo se parecen a mi marido, sus gestos... y eso que ellos no se criaron con él. Son muy Rodríguez Larreta los dos”.
-¿Cómo definiría su vida junto a Horacio Rodríguez Larreta?
-No es que teníamos una vida glamorosa, porque glamorosa podría ser la vida que tengo con Martín... Con mi marido era todo más intelectual y eso tenía que ver con la gente que nos reuníamos. Era un tipo que tenía mucha cultura... Yo tenía locura por mi marido, desde mis 18 años, cuando lo conocí, hasta el día de hoy. Lo admiro y lo sigo admirando.
-Tus hijos tienen muy poca exposición pública.
-A mis hijos y a mí no nos gusta la vida pública. Yo dejé de usar el apellido muchísimo tiempo. Cuando empecé a salir con Martín, le dije: “Yo lo único que te pido es que en las fotos no me pongan el apellido de casada”.
-¿Sentís que también tuviste varias vidas?
-Siempre voy a extrañar a Horacio, en mayo hubiera cumplido 90 años. Fue el amor de mi vida y siempre lo será. A Martín seguramente no le encante leer eso, pero no creo que haya espacio en la vida para tener dos grandes amores, yo creo que sucede una sola vez.
Más notas de Mesa para dos
Últimas Noticias
Ahora para comentar debés tener Acceso Digital.
Iniciar sesión o suscribite