Eduardo Sguiglia: entre novelas, ensayos y cazuelas de mariscos
¿Quién dijo que en una olla bien caliente no pueden mezclarse las mejores especias con la literatura y la economía? Pues bien, el que lo haya dicho se equivocó, porque esta nota trata de eso. El autor de Fordlandia, un oscuro paraíso combina el oficio de escribir, pulpos y clases universitarias con toda soltura y buen paladar
1 minuto de lectura'
Harto de pagar sobreprecios por el caucho que le vendían los ingleses, Henry Ford decidió empezar a producirlo. Faraónico, como de costumbre, encargó a una comisión de notables que identificara un lugar en el planeta para montar la más fabulosa fábrica de la historia. El lugar elegido era el Amazonas y allí, sin vacilar, en un proyecto que involucró a los gobiernos de Estados Unidos y de Brasil, fundó una ciudad llamada, vanidad mediante, Fordlandia.
Esto sucedió en la vida real, y en eso se inspiró el rosarino Eduardo Sguiglia para escribir su novela Fordlandia, un oscuro paraíso -Editorial Norma, 1997-. Para hablar de los delirios del pionero del automovilismo, pero sobre todo para cocinar y comer, fue que el autor nos invitó un día a su casa, en el barrio porteño de Saavedra, el mismo que conoció las andanzas nocturnas del criptodonte de las pampas, según los relatos de Leopoldo Marechal en Adán Buenosayres.
El mar sobre la mesa
La cita con Sguiglia tuvo nombre y apellido gastronómico:
- cazuela de mariscos, para la cual el escritor usó 1/2 kg de los siguientes frutos del mar: almejas, vieiras, mejillones, camarones, langostinos, pulpos y trozos de abadejo. Preparó un sofrito de cebollas, pimientos y ajos triturados, y agregó vino blanco y tomates frescos y pelados. Sobre ese sofrito coció luego todos los mariscos, menos el pulpo y los langostinos. Estos últimos -el pulpo previamente hervido por separado- los agregó al final, y añadió sal y pimienta negra molida. Para acompañar la cazuela, el cocinero sirvió un timbal de arroz blanco y aromatizado con hierbas, bien al dente.
Comimos, hablamos sobre gastronomía y sobre la vida del autor.
-¿Desde cuándo le gusta la cocina?
-Empecé a cocinar cuando estudiaba en la Universidad de Rosario. Compartía un departamento pequeño con algunos compañeros, y un día, después de muchos esfuerzos frustrados, logré que mi novia, mejor dicho mi pretendida de entonces, aceptase una invitación a comer en casa. Sabía que ése sería el momento adecuado para darle el toque final a mis labores de seducción, pero ¡qué sorpresa me llevé! Descubrí entonces que no sabía cocinar. En aquella época no existían los delivery, lo que además hubiese estado fuera de contexto, y por eso recurrí a una amiga para que me explicase la preparación de un plato sencillo. Hice arroz con mejillones. Mejor no recordar cómo terminó mi primer intento gastronómico: comimos mal y por última vez. Pero el esfuerzo valió la pena; desde ese día, cada vez que puedo, y felizmente es muy seguido, me paso horas entre las hornallas.
-Parece que lo suyo siempre fue el mar y sus frutos.
-Sí, de alguna manera sí. Sin embargo, también soy fanático de las pastas...
-Cuéntenos una receta.
-Creo que me salen bien los spaghetti con broccoli.
- Primero cuezo el broccoli y lo dejo escurrir. Mientras la pasta hierve en agua y sal, preparo un salsa que se hace con panceta frita, crema, con los vegetales ya escurridos y con un poco de pimienta negra. Es importante que al broccoli no le quede agua, si no el preparado pierde sabor y consistencia.
La Argentina y algo más
Sguiglia nació en abril de 1952. Es economista y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Allí dicta la cátedra Análisis de la Sociedad Argentina en las carreras de Comunicación, Historia y Ciencias de la Educación. Ejerció el periodismo -en México, en el diario El Universal, y en la Argentina, en el desaparecido semanario El Periodista- y en 1990 publicó el libro El club de los poderosos, un ensayo sobre el comportamiento de las elites argentinas. Actualmente trabaja como consultor privado sobre temas de su especialidad profesional.
-Hablemos sobre su actividad universitaria y mencione dos defectos y dos virtudes que a su entender tenemos los argentinos.
-Dos defectos: tenemos cierta tendencia hacia la frivolidad y nos olvidamos fácilmente de nuestro pasado. Dos virtudes: somos disconformes y en nosotros anida una demanda, a veces confusa, de igualitarismo social.
-Y, dígame una cosa. ¿Con qué plato acompañaría esas características de la argentinidad ?
-¿Yo... ?. Con spaghetti preparados así:
- con una salsa hecha sobre un sofrito de tomates naturales y ajo, con aceite de oliva, aceitunas negras, alcaparras, anchoas y un poco de vino blanco.
1“¿Qué hago con esto que me tocó vivir?”: le diagnosticaron esclerosis múltiple y decidió cambiar su vida para ayudar a otros
2En fotos. Desfile de argentinas arriba y abajo de las pasarelas de Paris Fashion Week
3Laura Romano, nutricionista especialista en dietas: “Ni las medialunas engordan ni las tostadas light adelgazan”
4Pinky y Paul Newman: el romance inesperado entre la mujer más famosa de la televisión argentina y el hombre más lindo de Hollywood: “Pasó de todo”





