
Clase media en la lucha
Son 13 millones de personas. Representan el 35% de la población argentina. Tienen un nivel de gasto promedio de 1300 pesos por mes. Su último baluarte es el estudio de los hijos
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En promedio, puede gastar unos 43 pesos por día todo el grupo familiar. Sólo una pequeña minoría puede ahorrar. El resto araña el fin de mes. Privilegian como salida la visita a la casa de amigos y de familiares. Eligen ir a espacios al aire libre sin tener que pagar entrada. Prefieren postergar cualquier otro tema antes que la educación de sus hijos, aunque a veces también se ven obligados a ajustarla a sus bolsillos. Lo más común es que tengan el secundario completo. Y que, por el mismo salario, deban trabajar muchas más horas que hace unos años. Las vacaciones son cortas y a veces sólo representan escapada de un fin de semana. En el hogar miran TV o hacen arreglos domésticos. El televisor es el bien más común. Salen poco a comer en restaurantes -los deliverys suelen ser una alternativa más económica- y también dejaron de ir al cine. Se endeudan para comprar una casa, refaccionar la que tienen, comprar un auto o un electrodoméstico. Caminan y miran mucho antes de consumir. Eligen productos de marcas más baratas. Están decepcionados de la política. Son escépticos. Analizan con frecuencia la posibilidad de irse del país. La pérdida del empleo y la recesión son sus fantasmas más reales. Y su modelo de familia tipo parece hoy un simple recuerdo. Esta es la nueva clase media argentina.
Un semblante que surge de las pautas de consumo y de pensamiento del más heterogéneo de los grupos sociales de nuestro país demuestra que las cosan han cambiado mucho. Ni las clases alta ni baja tienen tantos matices internos como la clase media actual. Además, la clase media-media y media-baja -lo que suele simplificarse como "la clase media"- transitan hoy por un complicado equilibrio: tienen sus históricos anhelos de ascender en la escala social, pero la dura cotidianidad les arrebata estandartes de su verdadera pertenencia social. Y, encima, tienen que dar una lucha compulsiva cuando ven que son succionados hacia abajo en la pirámide social por obra y gracia de ese indómito torbellino llamado crisis. Walter Mariani y Karina Pérez se casaron hace poco más de un año luego de siete de novios. Karina está embarazada. A pesar de ser un claro ejemplo de un joven matrimonio de clase media que de a poco asienta su posición, tuvieron inconvenientes económicos cuando proyectaron la unión: el casamiento se demoró dos años por razones monetarias. Querían tener todo preparado antes de iniciar la empresa familiar.
Durante los últimos tres años hicieron un sacrificio para comprarse el dúplex en Castelar. Para eso sacaron un crédito bancario, como el 41,3% de los sectores de clase media que tiene un préstamo a cuestas. El suyo tiene un plazo de 180 meses, y llevan saldada la cuarta parte. También pagan la cuota del auto que consiguieron gracias a la entrega -en el Plan Canje- de un memorable Fiat 128 que acompañó a Walter desde la adolescencia. Para pagar la cuota, a veces, necesitan de un salvamento familiar. Como Walter, lo más común es que la clase media se endeude para comprar un auto o una casa por refaccionar.
Pero las habilidades de Walter y Karina les permitieron ahorrar en arreglos de su nuevo hogar. Entre amigos recuerdan el trabajo que le llevó a Walter terminar la escalera de madera lustrada que conduce al primer piso. "No puedo hacer el asado porque tengo que terminar la escalera", decía. También pintó toda la casa y hasta hizo los interiores de los placares. Aprovechó las vacaciones para terminar de arreglar el cuarto de Lucas para que todo esté listo. Como ellos, arreglar la casa es una de las actividades comunes que realizan los integrantes de la clase media durante su tiempo libre.
Walter trabaja como empleado administrativo en la Universidad de Morón desde hace 10 años. En realidad es secretario del Decanato de la carrera de Medicina, dirigida por el legendario Domingo Liotta. En esa universidad Walter estudió bioquímica, pero abandonó y aún sigue en forma intermitente con sus estudios de Ciencias Económicas. En eso, responden también al perfil de la clase media que suele tener estudios secundarios completos y, un poco menos, incompletos. Karina es empleada administrativa en un centro médico de San Justo y estudió Ciencias Económicas.
El aspecto educativo y cultural es para muchos integrantes de la clase media su principal sostén y se aferran a eso casi con desesperación. Mientras ven cómo la debacle ocupacional, las condiciones laborales más adversas o, sin más, la desocupación -o su amenazante fantasma- actúan como los principales enemigos frente a aquella identidad y pertenencia. Es decir, siguen identificándose como clase media por sus conocimientos y costumbres culturales, pero pierden frente a los números de su economía doméstica.
Para Pablo Azcárate, sociólogo y director de Research de AC Nielsen, la clase media "trata de resistir en la cuestión cultural porque tiene que ver con su identidad. Es lo que aún les permite sentirse de clase media frente a la caída pronunciada en lo económico que ya lleva varios años. Cada vez es más difícil pensar en un crecimiento social como era antes, una de las grandes aspiraciones de la clase media. En lo económico hay un desprendimiento que los lleva a identificarse con padrones de compra de los sectores más bajos". De hecho son segmentos que -a diferencia de los bajos- estaban menos acostumbrados a estos recortes. Por eso, si bien la crisis golpea a todos los sectores sociales, para la clase media tiene características especiales: impacta en el bolsillo, y en lo simbólico.
Gabriela Kanje Izco vive en Villa Crespo con su marido, Diego Hachmann. Ella estudió Letras y él es músico. Hace un par de años compraron el departamento donde viven junto a su hijo, Joaquín, de 3 años y medio. La mitad la pagaron con ahorros, la otra mitad la financian con un crédito. Sus gastos mensuales fijos oscilan entre los 1300 pesos, cifra promedio de la clase media. A Gabriela y Diego los ayudan sus padres para llegar a fin de mes. El año último cambiaron a Joaquín de un jardín privado a uno público. En el privado pagaban una cuota mensual de 220 pesos, pero no estaban conformes. "Si nos hubiese gustado quizá seguíamos con el sacrificio. Porque la educación y la salud son cosas que no se pueden descuidar", dice Gabriela, pensamiento generalizado en los sectores medios. Y cambiar a los hijos de colegio es el último de los recursos que utilizan a la hora de ajustarse. Antes de llegar a ese límite resignan cualquier otra cuestión. Según una medición hecha por Graciela Römer a fines de 2000, del ranking de las pérdidas que tuvo que aceptar la clase media, el cambio en la educación de sus hijos ocupa el puesto 17, el último de los que aparece citado.
Sin embargo, otra de las prioridades, la salud, tuvo mutaciones importantes en los últimos años. Si bien otros sectores sociales también debieron ajustarse en esta materia, en la clase media se acentuó más: el 21% de los encuestados cambió su cobertura por un plan más económico, y casi un 20% abandonó la prepaga. En el caso de Gabriela la ayuda financiera de su familia le permite mantener una obra social. Hoy, con la dura situación económica, la pareja imagina la posibilidad de emigrar. En esto tampoco son los únicos: Walter y Karina también lo analizan. Y están buscando en sus árboles genealógicos un posible salvoconducto hacia el primer mundo.
"Es claro que la clase media tenía amplias esperanzas en la proyección del gobierno de la Alianza que en gran parte ha perdido", analiza Pablo Azcárate. Una encuesta realizada por Graciela Römer en los sectores medios, denota un profundo escepticismo: sólo el 31% cree que la situación del país mejorará. El 50% de los encuestados de clase media se iría del país. Y el 38% le recomendaría a sus hijos que lo hagan. Esta radiografía indica que esta clase es la más propensa a emigrar.
Los Mariani y los Hachmann no pudieron ahorrar durante el último año. No son la excepción. Según las investigaciones de Graciela Römer y Asociados, sobre la base de 468 entrevistas a personas de clase media, sólo el 12% pudo ahorrar en el útimo año, frente a un 88% que no pudo. "Más de la mitad de la clase media que pudo ahorrar en el último año no piensa invertir en el corto ni en el mediano plazo. Sólo el 22% tiene planes de invertir: el 5% lo hará en un plazo fijo, el 4% lo hará en viviendas, el 4% en un vehículo, el 3% en arreglar su casa y un porcentaje similar pagará sus deudas", explica Römer.
En un estudio de AC Nielsen, el porcentaje de los que ahorraron bajó casi un 9% en dos años. Con esos ahorros se da prioridad a la adquisición de una casa. Esta restricción los ubica más cerca de los sectores bajos; sin embargo, como una paradoja, los parámetros por los que se endeudan -comprar una casa, un vehículo, refaccionar su hogar, entre otros rubros- están cercanos a los de la clase media alta y alta, que a los de la clase baja.
Los Mariani invirtieron en electrodomésticos en cuotas, a través de financiaciones en locales conocidos. Es una constante: los créditos se destinan a comprar electrodomésticos (31%), inmuebles (16%) , vehículos (15%) y refacción de la vivienda (13%). En cuanto a sus comodidades financieras, sólo el 37% de la clase media tiene tarjeta de crédito, el 27,5% posee caja de ahorro y sólo el 16,1% mantiene una cuenta corriente.
Los especialistas sostienen que la clase media, en general, está formada por familias con ingresos cercanos a los 1280 pesos, cuyo principal aporte viene del salario masculino en el 75% de los casos (frente a un 91% de la clase alta). No es novedad: uno de cada cuatro hogares de clase media tiene como principal sostén el salario de la mujer.
Desde que María Del Valle Castres se divorció vive sola con su hijo Francisco de 11 años, y es el único sostén de la familia. Mantiene un litigio por alimentos con su ex marido que vive en San Francisco, Estados Unidos, y hace tiempo ni aporta. Tienen un departamento de tres ambientes en el barrio de Palermo. Ella es secretaria en una consultoría y a duras penas llega a pagar los 1000 pesos de gastos mensuales. Pero no se queja. La vida le enseñó que se puede salir adelante. En los "años duros", como ella los define, debió tener tres trabajos muy disímiles y en horarios diferentes. En forma simultánea fue preceptora de una institución de educación para navegantes de a bordo, trabajaba de recepcionista medio tiempo y por las noches atendía la barra de un boliche. "Todo eso para ganar más o menos lo mismo que ahora. Por eso no me quejo. Yo tuve que comer arroz y tomar agua durante más de un año y medio, y ahora, mal que bien, la heladera tiene variedad."
Hace un año sacó su primera tarjeta de crédito y con eso ordenó un poco más su economía. María calcula a ojo cuánto puede gastar y cómo financiará esa deuda en cuotas. "Pero si no puedo comprar, no compro y listo. Yo hago un gasto preferencial. Sé que si gasto tanto en determinada cosa tengo que gastar menos o no comprar otra." Aunque María proviene de una familia acomodada de Vicente López, que tenía campos y vivía de rentas, cuando se independizó conoció las restricciones. Y luego, con la partida de su ex marido y la falta de la mensualidad correspondiente, no le quedó otra que "salir a pelearla", como ella dice. María cuenta que antes, en las reuniones de madres en la escuela de Francisco -a las que casi no podía ir porque trabajaba de sol a sol- la miraban como un bicho raro. Ahora, en cambio, cada vez son más las madres que viven una situación similar a la suya. Y es que el modelo tradicional de familia tipo -tan común a la hora de describir a la clase media- hoy parece estar en desuso. Muchos de los cambios sociales y de costumbre que se han suscitado en los últimos años en esta materia como los divorcios, las separaciones, las uniones de hecho o los casos de familias ensambladas" (los tuyos, los míos y los nuestros, como les gusta definirlos a algunos especialistas) parecería que están más anclados en la clase media.
"En términos cualitativos -dice Azcárate- es probable que la clase media sea la que más haya hecho uso de estas modalidades de familia. Por una cuestión cultural, porque en la historia la clase media siempre tendió a ser más innovadora o más transgresora. El nivel socioeconómico más alto es más conservador. Y la clase baja por cuestiones más objetivas en la falta de recursos hacen que no siempre puedan cumplir, por ejemplo, con sus deseos de separación. Esto también ayuda a que la clase media sea la más permeable a los cambios."
Y aquí hay un dato que no hay que pasar por alto. En la Argentina se repiten cada vez más las uniones de hecho y el tener hijos sin haberse casado. La cantidad de hijos extramatrimoniales -entendidos como hijos de parejas que no pasaron por el registro civil- superó desde 1997 a los matrimoniales. Según el último registro de la Dirección de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud, de los 686.748 nacimientos que se produjeron en todo el país durante 1999, 375.908 fueron hijos de uniones de hecho y 298.656 de matrimonios que pasaron por el Civil. (N. de la R.: hay 12.184 casos sin especificar). Es decir, que hubo un 25% más de nacimientos extramatrimoniales que matrimoniales. Y, en apariencia, mucho tienen que ver en esto los nuevos usos y costumbres de la clase media argentina.
Cada vez es más común dentro de la clase media lo que se ha dado en llamar las familias ensambladas, es decir, la unión entre un hombre y una mujer que ya arrastran un matrimonio, y que conviven aun con hijos de por medio. Este es el caso de Alba Camargo, de 38 años, y su pareja, Eugenio Reati, 41 (foto de tapa). Ellos llegaron de Córdoba hace poco más de dos años y medio por una oportunidad laboral de Eugenio, que es abogado independiente, pero que a veces hace trabajos legales para el Estado. Desembarcaron con las hijas de Alba, Luciana (19) y Virginia (18), y de vez en cuando viene a visitarlos -desde Córdoba- Carolina (7), la hija de Eugenio. Así han agrupado una familia de la que se enorgullecen. Hoy Alba lleva tres meses de embarazo.
Luciana, la hija mayor, estudia teatro en el Centro Cultural Ricardo Rojas y Virginia, la menor, cursa Imagen y Sonido en la UBA. Luciana se gana unos pesos para sus salidas tiñendo papeles reciclados y despliega su talento en la percusión. Los fines de semana suelen participar de las tareas Grupo de Estudiantes Solidarios (GES) en los que visitan barrios marginales para ayudar a los chicos del lugar. Así lo hacen desde hace tiempo en la Villa Zavaleta de Dock Sud. Para Alba es muy importante que hayan elegido esas prácticas, porque les sirven también "para alimentar el alma".
Cuando llegaron a Buenos Aires fue un impacto fuerte. Atrás dejaron historia, amigos, bienes, novios y sueños. En su nueva casa se repartieron tareas y animales: tienen cuatro perros (todos cordobeses) y tres gatos (todos porteños). El ingreso mensual es de 2600 pesos, pero llegan con lo justo a fin de mes. "Considero que somos de clase media, aunque pasamos momentos muy difíciles en donde no teníamos ni un peso. Pero mantuvimos y mantenemos intereses en lo cultural que responden a lo que se supone es este sector social. Le damos prioridad a bajar los gastos en consumos materiales pero mantenerlos en libros y cualquier tipo de expresión cultural que nos interese", explica Alba.
Cada tres o cuatro meses Alba organiza recitales o reuniones de rock en Córdoba con solistas como Andrés Calamaro o grupos como Divididos o La Renga. Esos shows dan un respiro económico a la familia. En Córdoba dejaron su casa propia y su auto y se arriesgaron a esta aventura porteña. Hoy alquilan un departamento de tres ambientes en Colegiales por el que pagan 440 pesos mensuales, pero quieren comprar una casa muy amplia que vieron en La Boca. "En Córdoba el nivel de gastos es mucho más barato que acá y eso se siente en el bolsillo", cuenta Alba. Pero como sus hijas son hipergasoleras como ellos se pudieron ajustar.
Aunque, según Azcárate, "la tasa de reproducción en los sectores medios es la más baja. Y en los niveles altos como bajos tienden a tener más hijos que la clase media. En la clase media hay más una mirada de la mujer más profesional, donde hoy se posterga más la maternidad". Un ejemplo claro es lo que ocurre en la Capital Federal. Aquí "la tasa de reproductividad apenas alcanza a un hijo. Es decir, que no se vuelve a armar el núcleo familiar con los dos hijos, como era tradicional". Si bien eso pasa en todos los sectores sociales, no hay que olvidar que en la Capital Federal la clase media es mayoritaria: en la ciudad de Buenos Aires hay un 4% de clase media, frente a un 22% de clase media alta y alta y un 30% de clase baja. Es el lugar del país donde -en forma proporcional- hay más clase media.
Las ocupaciones más comunes dentro de la clase media oscilan por campos muy diversos: hay profesionales sin gente a su cargo, pequeños comerciantes, obreros calificados, maestros y profesores, trabajadores autónomos especializados, artesanos, viajantes de comercio, empleados públicos, administrativos, bancarios y de comercio, trabajadores manuales calificados, técnicos, capataces, entre otros. Según el consultor Ricardo Rouvier, "las características generales por las que se puede identificar a estos sectores son: educación, ocupación, posesión de bienes, niveles de ingreso y vivienda, aunque este último ítem perdió su protagonismo en las mediciones. En cuanto a la educación, lo más común dentro de la clase media es que las personas tengan sus estudios secundarios completos".
Además, según Rouvier, sobre un total de 10 bienes personales tomados como muestra -en su mayoría electrodomésticos (tv color con control remoto, teléfono, heladera con freezer, videograbadora, secarropas, lavarropas automático, computadora personal, acondicionador de aire, freezer independiente y tarjeta de crédito)- la clase media alcanza un promedio de 5. El nivel más alto de este sector llega al 7,8 y el más bajo al 2,5. Se podría decir que en el último año María Del Valle Castres -gracias a que consiguió su tarjeta de crédito- subió un poco su promedio porque accedió a la heladera con freezer, una computadora y la primera videocassettera de su vida. Todo en cuotas, por supuesto. Pero aun así no se anima a sacar un crédito para mudarse a una casita, tal como sueña.
Para saber cuáles son los bienes más comunes de la clase media, la consultora AC Nielsen realizó un trabajo en el año 2000 sobre 800 casos. Al igual que las otras clases, tiene más TV color con control remoto (94,4%) que teléfono (84,4%). Y da prioridad a la posesión de una videograbadora (73,7%) a la de una heladera con freezer (70,8%). El equipo de música y el lavarropas automático siguen en la lista.
Más de la mitad de los miembros de clase media aparece abonada al cable (56,8%) y el 47,3% tiene obra social, y supera en esta materia a la clase alta que se vuelca mucho más por la medicina privada, algo que los sectores medios sólo pueden acceder en el 26% de los casos. Poco más de cuatro de cada diez familias de clase media tienen secarropas, automóvil, teléfono celular y computadora, el bien que se convirtió en estrella y que cambió gran parte de los hábitos, merced a la inefable Internet. Sin embargo, según un trabajo de Graciela Römer, el 66% de los encuestados de este sector optó por dejar de comprar electrodomésticos en el último tiempo.
A lo largo de la confección de esta nota, se encontró un dato recurrente. Muchas personas consultadas se mostraron esquivas a la hora de contar sus inconvenientes de los últimos años. Los especialistas aseguran que hay algo vergonzante en los sectores medios cuando tienen que contar que no les ha ido tan bien. Y eso vulnera su orgullo de clase. Una de ellas es Adriana M., que puede seguir enviando a sus hijos a un colegio privado por la ayuda de sus padres y por el beneficio de una beca. Ese es uno de los salvavidas que los institutos privados destinados a esta clase media -con una cuota mensual que promedia los $ 100-- han usado para evitar que continúe la emigración forzosa de los establecimientos privados a los públicos: según el Ministerio de Educación, sólo en 1999 los privados perdieron 16.000 alumnos.
Lo primero que hace la clase media a la hora de achicar gastos es dejar de comprar ropa (en el 82% de los casos). El 80% hace sus compras en supermercados. Y se fijan qué empresa está detrás de cada segunda marca, algunas de ellas líderes. Gabriela Kanje Izco y Diego Hachmann también utilizan este recurso, o van a supermercados con precios más bajos. Antes iban al súper a hacer grandes compras cada siete o diez días. Hoy esas visitas son más exiguas y acotadas. Las amas de casa dicen que la inflación cero es un espejismo.
La clase media se vistió de detective en su propio consumo y ya no compra de manera compulsiva el producto de más renombre. También creció mucho el consumo de marcas propias de los locales, que suelen ser bastante más baratas que las líderes. Aunque los productos frescos -carnes, verduras y frutas- los compra en locales de barrio.
La tendencia es gastar menos y mejor. O buscar un cruce entre calidad y precio, en vez de sólo un buen nombre, como era antes.
Todas las personas consultadas coincidieron en que sus vacaciones fueron víctimas de la crisis: cambiaron de destino hacia lugares más económicos, elección de sitios no turísticos, veranear fuera de temporada alta, reducir el tiempo de sus descansos o, simplemente, trabajar esos días y canjearlos por dinero. Como Walter, Karina, Adriana, Alejandro, Gabriela y Diego, el 67% de la clase media dejó de irse de vacaciones o bajó su frecuencia o duración.
Y los cambios estructurales del país golpearon a muchos sectores. Como a Emilio Germano y su esposa, María Carolina, Lina Beccaría. Ya en los 70 años, el matrimonio Germano debió ajustar su economía cuando la fábrica de cerraduras para automotores Casa Linares, tuvo que presentar quiebra merced a la globalización y la catarata importadora de productos similares a precios irrisorios que llegó en la década pasada desde países orientales. Emilio trabajaba allí como empleado administrativo desde hacía 54 años. Hoy está jubilado y sus ingresos sumados a los de su esposa (también retirada) y a las ganancias por el alquiler de una propiedad familiar heredada, no les alcanza para cubrir el nivel de gastos de $ 2500 que los Germano tienen por mes. La ayuda de Marcelo, su hijo de 37 años, que es ingeniero electrónico y que trabaja en una importante empresa de telecomunicaciones, es fundamental para poder vivir y mantener su departamento en Palermo donde pagan $ 380 de expensas. "Pero las salidas a comer o al cine o a cualquier lugar las tuvimos que resignar", cuenta Lina. También los Germano tuvieron que acotar sus vacaciones, a pesar de que suelen ir al departamento que Marcelo tiene en Mar del Plata. Los Germano no pueden disimular el orgullo que sienten por su hijo y el agradecimiento a su necesaria ayuda.
El 34,6% de los encuestados por AC Nielsen dice que su salida más común es visitar amigos, incluso supera la visita a familiares (29,2%). Otras elecciones para salir de casa son caminar, practicar deportes, ir a algún lugar público al aire libre, al cine y comer afuera. Pero sólo el 10% de los casos elige como salida esta última opción, algo que hace años era bastante más común. Las salidas que implican no gastar -como por ejemplo el disfrute de los espacios públicos- ganan cada vez más adeptos dentro de los sectores medios, en desmedro de clubes y otras instituciones que en el pasado fueron los centros de reunión tradicionales de estos estratos.
De todos los sectores sociales la clase media es la que aparece como más adicta a la TV. Es la opción más elegida a la hora de quedarse en casa: el 30,8% de la clase media usa su tiempo libre en esta distracción, más allá de lo que esté en pantalla. "Miro lo que hay", parece la consigna. Y, es más, la segunda opción más votada por la clase media -y que viene a reforzar esta tendencia- es mirar alguna película de la TV. También elige escuchar música y arreglar su casa. Sin embargo, la crisis ha mellado también esta alternativa: el 60% de la clase media dejó de mantener su casa. Sólo una de cada cuatro personas de los sectores medios prefiere leer un libro en sus tiempos libres.
Si bien cuatro de cada diez familias de clase media tienen auto -que en muchos casos pagan en cuotas como es el de Walter y Karina-, sólo el 2% tiene un segundo coche. Y, es más, según la encuesta de Römer el 22% tuvo que vender o cambiar su auto por la crisis. Y el 44% dejó de tomar taxi. Cada vez se utiliza menos el servicio doméstico (un 30% menos). Incluso en el 31% de los casos dejó de invertir en insumos y capacitación profesional para crecer.
La crisis hizo repensar todos los parámetros con que la clase media se identificó durante años. Esa zanahoria representada por la posibilidad de ascenso social es un espejismo distante frente al día tras día. La clase media como paradigma de la media de la sociedad argentina hoy parece más cerca de América latina que de Europa. En el camino perdió sueños de grandeza y ganó pesadillas mundanas. Una síntesis del país.
Perfil de la clase media
Quienes son. Qué porcentaje representan los sectores medios del país y cómo se caracterizan
Educacion:
Predominantemente secundario completo o incompleto. Pero más de un tercio de este estrato tiene estudios universitarios completos o incompletos. En las clases media alta y alta sube a más del 90 por ciento.
Ocupacion:
- Dependiente empleado: Jefe intermedio, profesionales sin cargo de jefatura; puestos de mediana calificación (administrativo, técnico, de servicios, de comercio) tanto del Estado como privados.
- Autonómos: comerciante sin personal, técnico, artesano, trabajador autónomo especializado. Otros autónomos.
- Dependiente manual: Trabajador manual calificado, técnico, capataz.
- Posesión de bienes: sobre un total de 10 bienes personales -en su mayoría electrodomésticos (tv color con control remoto, teléfono, heladera con freezer, videograbadora, secarropas, lavarropas automático, computadora personal, acondicionador de aire, freezer independiente y tarjeta de crédito- este estrato alcanza un promedio de 5. El nivel más alto de este sector llega al 7,8 y el más bajo al 2,5.
Los gastos. Sus compras
Eligen los supermercados para adquirir la mayor parte de lo que consumen. En otros negocios sólo suelen abastecerse de productos frescos. Sus gastos tienen que ver con la canasta de necesidades básicas. El esparcimiento quedó relegado.
- El 80% hace sus compras en hipermercados y supermercados.
- Los rubros en los que más gasta es en alimentos -incluyendo bebidas-, gastos de la vivienda y generales transporte, farmacia, médico, higiene, enseñanza, entre otros y artículos de limpieza y combustibles.
- El 62 por ciento de la gente empezó a consumir marcas propias de los locales.
- Las carnes, las verduras y las frutas suelen comprarlas en locales de su barrio.
- Los sectores medios identificados como C2 y C3 tienen más fumadores que las otras. El 35% fuma contra un 65% que no.
- El 22% hace dieta. De ésos sólo el 39% reconoce que lo hace por razones estéticas. El 52%, en cambio, dice que lo hace por razones de salud. 3 de cada 10 consumen productos lights.
- ¿Para qué se endeuda la gente de clase media? El destino de los créditos tomados fue para la compra de electrodomésticos (31%). Luego le siguió la compra de un inmueble (16%) y de un vehículo (15%). Después la refacción de la vivienda (13%).
- El esparcimiento más común en su casa es mirar TV. También en su tiempo libre elige -en este orden- ver alguna película en particular en la tv, arreglar su casa, leer un libro o el diario, escuchar música, recibir visitas de amigos, leer revistas, alquilar una película o ser visitado por familiares.
- A la hora de las salidas suele -en este orden- visitar amigos, ir a la casa de familiares, salir a caminar, practicar deportes, ir a algún lugar público al aire libre, salir al cine, a bailar o a comer afuera. Los lugares de salida más frecuentes los fines de semana suelen ser el campo, un centro recreativo y una quinta.
Fuente: AC/NIELSEN -Sobre 800 casos- Capital Federal y GBA - Año 2000
Proyectar o perder la fe
Del trabajo de Römer se desprende que para los sectores medios, la desocupación y la recesión son los dos problemas que más afectan al país y a su situación personal. "Además, la cantidad de horas trabajadas, la presión psicológica por no conseguir un trabajo o por la posibilidad de perder el que se tiene actúar de manera directa sobre la calidad de vida -asegura Pablo Azcárate de AC Nielsen-. Es claro que hay un deterioro en la calidad de vida. Y si uno piensa cómo se pierde el disfrute del tiempo libre, los consumos culturales, la dedicación al cuerpo y a la salud, creo que la clase media no está exenta de todos los cambios que en realidad afectan al conjunto de la sociedad. Pero es claro que las clases media alta y la alta son las que menos sienten esta crisis". Sin embargo, también hay otros temas que preocupan a los sectores medios: el 15% se siente afectado por la inseguridad, el 6% por la corrupción, el 3% los problemas educativos, el 2% las tarifas y los impuestos, y el 1% la salud. El panorama general lleva a que la clase media encuestada por Graciela Römer proyecte para la Argentina de los próximos años como "un país estancado en decadencia" (46%). Los optimistas que imaginan "un país en crecimiento, moderno e integrado" sólo alcanza al 37%. De todos los sectores sociales, la clase media es la que tiene una imagen más escéptica de la realidad argentina y del futuro. Y una visión más crítica del actual gobierno. Por eso reclama mayor patriotismo y la necesidad de más educación en proporciones superiores a otros sectores sociales.
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